Suscriptor digital

Premio internacional a una científica argentina por sus estudios sobre el dengue

Andrea Gamarnik es una de las cinco investigadoras elegidas en todo el mundo que recibirán el Premio L'Oréal-Unesco para mujeres en la ciencia; dirige un laboratorio de referencia en el estudio del virus
Nora Bär
(0)
23 de marzo de 2016  • 11:01

PARIS.- Más allá del horror que esta vez golpeó a una capital vecina, al viajero que esta semana llega a la ciudad luz lo reciben en el aeropuerto y las calles posters con los rostros sonrientes de cinco científicas brillantes que investigan en las fronteras de la ciencia mundial. Mañana a la tarde, ellas reciben el Premio Internacional L'Oréal-Unesco para Mujeres en la Ciencia, una distinción que desde hace 18 años otorga 100.000 euros a una investigadora por continente elegida entre cientos de postulaciones de la región geográfica en la que vive y trabaja.

Dentro de este exclusivo "seleccionado de las estrellas" está la argentina Andrea Gamarnik, elegida este año por América latina y el Caribe, y jefa del Laboratorio de Virología Molecular del Instituto Leloir, donde estudia el virus del dengue, cómo hace para infectar una célula de mosquito o humana, para multiplicarse dentro de ella, y para pasar de una especie a otra.

"Por medio de la investigación básica, intentamos encontrar estrategias antivirales, identificar partes del virus que uno puede atenuar o modificar para el desarrollo de nuevas vacunas, y blancos fundamentales para evitar su multiplicación", cuenta Gamarnik, un nombre de referencia internacional en el tema que actualmente ocupa el primer plano de las preocupaciones regionales por una epidemia que ya supera la de 2009, año en que Gamarnik recibió la versión nacional del mismo premio.

Criada en Lanús y primera integrante de su familia que estudió una carrera universitaria (gracias a una beca del Colegio de Farmacéuticos de esa localidad), Gamarnik se doctoró en bioquímica en la UBA y se posdoctoró en la Universidad de California en San Francisco. Volvió al país cuando se iba De la Rúa (y muchos de sus colegas le preguntaban si estaba segura de lo que estaba haciendo), para hacerse cargo del laboratorio que hoy dirige, puesto que obtuvo por concurso internacional.

En los últimos quince años, desentrañó varias de las claves de la naturaleza de este virus que afecta a 390 millones de personas por año. Junto con su equipo, logró visualizar su conformación circular y definir que es esencial para que se multiplique dentro de la célula, describió cómo se amplifica su material genético por mecanismos diferentes del que usan otros virus, y determinó que hay otros, como el que causa la fiebre amarilla, que emplean un modus operandi similar. También identificó una estructura en el ácido ribonucleico (ARN) viral que es la que le permite singulares mecanismos de adaptaciónn.

"El dengue pertenece a una gran familia conocida como "flavivirus", que son en su mayoría transmitidos por insectos -explica-. El zika es muy parecido y por eso uno de nuestros objetivos es compararlos y ver si podemos extrapolar parte del trabajo que hicimos durante estos 15 años para diseñar herramientas específicas. Una de las cosas que necesitamos es desarrollar métodos de diagnóstico que nos permitan diferenciarlos con precisión."

Para la investigadora, es urgente que la comunidad científica invierta energía en definir cuáles son las formas de transmisión del zika (surgieron evidencias de que podría ser por via sexual, o entre la madre y el bebé en gestación), que se aclare su patogénesis y que se acelere el desarrollo de inmunizaciones. "La que se está probando para dengue va a tener utilidad, pero hay que mejorarla", afirma. Entre otros interrogantes todavía sin respuesta está dilucidar qué sucede si una persona se infecta primero con dengue y después con zika, algo teóricamente probable porque ambos microorganismos circulan en las mismas regiones. "En el caso del dengue, cuando uno se infecta con un serotipo distinto corre más riesgo tener síntomas graves -dice Gamarnik-. ¿Ocurre lo mismo entre el dengue y el zika? Todavía no lo sabemos y tenemos que proponer respuestas basadas en datos objetivos."

Acerca de los problemas de género en la ciencia, la investigadora considera que no están perimidos y siguen mereciendo un debate. "Las mujeres tienen más dificultades para ser exitosas o llegar a cargos de liderazgo -explica-. Si uno mira los números del Conicet, podría considerar que hay paridad porque las mujeres somos aproximadamente el 50%, pero esto se da en las primeras categorías de la carrera. Cuando uno se fija en los niveles superiores, la proporción desciende a un 20 o 30%. En mi laboratorio tuvimos 14 bebés en 15 años, pero no es fácil, porque a veces la licencia por maternidad impacta en la producciónn. Hay que encontrar cómo allanar esas dificultades, para las mujeres y también para los hombres. Este premio es un estímulo muy grande, nos invita a pensar cuáles son las trabas que enfrentamos y a trabajar para eliminarlas."

Y enseguida concluye: "Hacer ciencia en la Argentina tiene sus desafíos, pero es posible. En estos diez años se avanzó muchísimo, se desarrolló investigación de calidad y se crearon muchos grupos. Personalmente, veo el futuro con preocupación. Los subsidios que tenemos perdieron un 50 o 60% de su valor, porque nuestros insumos son todos importados. Sería importante tener señales de la continuidad de los proyectos que se han iniciado y que valen la pena".

Un "seleccionado" de lujo

"Damos la bienvenida a la familia L'Oréal-Unesco a cinco mujeres extraordinarias que demuestran cómo las científicas estamos cambiando paradigmas y haciendo avances importantísimos", dijo la investigadora argentina Belén Elgoyhen en nombre del jurado, al abrir la sesión extraordinaria que como todos los años antecede a la entrega de las distinciones en los señoriales salones de la Academia de Ciencias de Francia, por donde desfilaron personalidades como Descartes, Pascal, Pierre de Fermat y Pasteur (pero entre cuyos bustos de mármol no hay ninguna mujer).

Elgoyhen, investigadora del Conicet en el Instituto de Ingeniería Genética y Biología Molecular (Ingebi) también fue laureada internacional (2008), igual que sus colegas Cecilia Bouzat (Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca, 2014) y Mariana Weissmann (Conea, 2003).

Este año se recibieron 2500 nominaciones de 135 países. Por África y los Estados Árabes fue elegida la profesora Quarraisha Abdool Karim, de Sudáfrica, mundialmente reconocida por sus descubrimientos en la forma en que la epidemia de VIH se disemina e impacta en adolescentes mujeres.

Por la región de Asia-Pacífico, Hualan Chen, que lidera el Laboratorio Chino de Referencia en Virus Aviares, y en 2013 estuvo en la primera línea de defensa frente a un nuevo y mortal virus de influenza (H7N9) encontrado en mercados de pollos de Shangai.

Por Europa y América del Norte, las profesoras Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna que, trabajando en colaboración, descubrieron una tecnología (llamada Crispr-Cas 9) más sencilla, económica y precisa para editar genomas que está revolucionando la modificación genética de organismos y permitiría eliminar secuencias defectuosas de ADN, corregir desórdenes genéticos o insertar genes para crear modelos animales de enfermedades humanas.

..............

Por: Nora Bär

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?