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Primeras comidas junto al Nahuel Huapi

El pionero texano Jarred A. Jones debió esperar casi tres años para comer su plato preferido. Los vecinos lo hicieron posible
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29 de agosto de 1998  

En 1892, José Tauschek, alemán de Bohemia, emigró desde Chile hasta el Nahuel Huapi acompañado por su esposa y una bellísima hija de 18 años, las primeras mujeres blancas que habitaron en el lugar. Se instalaron sobre una terraza natural junto a la orilla del lago, a mitad de camino entre el aserradero que surgiría tres años después, donde creció San Carlos de Bariloche, y el nacimiento del río Limay.

Al norte del lago vivía, soltero, el inmenso texano Jarred A. Jones, que tres años antes, a los 27 -había nacido el 25 de mayo de 1863 en Bosque County-, fundó junto a la orilla norte del lago la primera estancia de la zona: Tequel-Malal. Cazador de búfalos en los Estados Unidos con John Crocket, ambos viajaron a Buenos Aires, adonde llegaron con 40 dólares. Después de varias aventuras, finalmente se asociaron con Ralph Newbery (un dentista y buscador de oro, padre del héroe de la aviación nativa) para arreos de ganado a Chile. Concluido uno de ellos, Jarred decidió establecer su estancia, feliz, pero sin poder comer su plato preferido: tocino con huevos fritos.

La llegada del alemán Tauschek alborotó a los pocos pobladores de entonces más por sus corrales de gallinas y cerdos y por su huerta que por arribar acompañado de mujeres blancas.

La vecindad hizo que Jones tuviera desde entonces su plato preferido con huevos frescos, ya que podía suplir el tocino de cerdo por el de jabalí, abundancia salvaje y desbordante en Tequel-Malal.

La hija del alemán regresó a Chile para casarse con un adinerado valdiviano de apellido Kramer, pero los corrales y las provisiones ya estaban asegurados, por lo menos hasta que el jefe de familia naufragó en el río Limay y su viuda también armó planes de volverse.

Cuando reaparecía John Crocket -el mejor hurgador aurífero de entonces-, la comida de Jones se ceñía a carnes salvajes, ya que sus armas no habían tenido tiempo de oxidarse ni ellos habían perdido la infalible puntería. Además, algún ganado Hereford pastaba en lo de Jones, y una carneada de semejante calidad significaba fiesta en puerta, como el casamiento de una sobrina de Jones, celebrado a toda pompa el 26 de mayo de 1900. Para entonces, también se conseguían habas, cebollas y papas del Potrero Huber -por Jorge Hube, inmigrante y poblador venido de Chile, cosechadas en esa región al norte del lacustre brazo Rincón, una pradera de bosque arrasado donde pastaban también unas 500 vacas y hasta se sembraba trigo y cebada.

También había provisiones en la orilla sur del lago, donde en 1897 Otto Goedecke -de Sajonia y que tras trágica muerte puso su nombre al cerro Otto- tenía huerta de arvejas y de papas, además de una majada para quienes preferían el cordero al asador. En la loma donde puso su huerta, además se cosechaban manzanas y en las cercanías -durante el verano- la abundancia de frutillas silvestres ennegrecía los morros del ganado en pastoreo. Había abundancia de hongos y se pescaban percas autóctonas, por lo menos hasta que en 1904 se sembraron los lagos con truchas.

Manjares para la boda

Con esa abundancia para pocos consumidores, el casamiento de Nélida Cooker -de Comanche, Texas- con Guillermo Smith Veck (ella tenía 19 años, él 30) fue una fiesta de campo con toda la variante que permitían los productos regionales. La novia era hija de Sara Carolina Jones, hermana de Jarred, separada, que acababa de llegar a la región con nuevo pretendiente -Santiago M. Sowell- y terminaría estableciéndose en Cholila, Chubut. Las texanas eran hábiles reposteras; ellos, expertos en asados y guisos.

Las comidas aborígenes de la región pertenecían a la culinaria de la estepa patagónica. Pocas tribus se atrevían a vivir en zonas boscosas, salvo la familia de Pedro Nolasco Güenul, que se asentó desde mediados del siglo último en una isla del gran lago hasta que murió de senetud (sic) el 20 de diciembre de 1904, a los 105 años.

La familia Güenul se alimentó con productos de huerta, charqui y pesca. Piedras calentadas en la costa isleña sirvieron, a la manera que se usa para el curanto, a fin de cocinar los mejores manjares y usar el rescoldo para cocer las harinas amasadas y los milcados.

Cuando en 1894 se instaló en Traful George Newbery -hermano de Ralph, que era el padre de Jorge, el héroe de la aviación autóctona-, que ya estaba casado con Fanny Taylor, hija de un pastor protestante. En 1901, los lagos fueron sembrados de truchas norteamericanas y pasaron a ser una delicia que los pioneros de la región consumían con satisfacción. También las probaron en Bariloche los presidentes norteamericanos Theodore Roosevelt (en 1913) y Dwight Eisenhower. Para 1959, durante la gira de este último, ya no vivía Jones, el primer poblador blanco del Nahuel Huapi, pero sí su viuda, en ese momento con 92 años y de paseo por Chile. Seis meses después, invitada por ese presidente, viajó a Estados Unidos. Allí se encontró con todo diferente, pero con los mismos y deliciosos platos de trucha.

Trucha Colorado West

  • Truchas de 250 g por comensal, limpias y salpimentadas en fuente para horno con tapa. Espolvorear con cebolla picada muy fina y bañar con manteca derretida. Agregar hierbas aromáticas. Bañar con vino blanco y llevar al horno durante 25 minutos. Servir con salsa aparte; por ejemplo, holandesa.
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