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Naomi Preizler: "En París te tratan mal, son estrictos y vos te convertís en una cosa"

Brilló en las pasarelas del mundo y critica ese universo con dureza; contra todo prejuicio, se transformó en una artista en ascenso
Luis Corbacho
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2 de abril de 2016  

Crédito: Santiago Cichero / AFV

La chica de belleza exótica que triunfó en las pasarelas más exigentes del mundo y protagonizó campañas y editoriales de moda de grandes marcas internacionales es ahora, contra todo prejuicio, una artista en ascenso. Para esta nota, Naomi nos recibe en su taller BSM Art Building, un edificio que presta espacio a jóvenes artistas a cambio de que produzcan buena obra. En eso está ella, que si bien no reniega de su pasado como top model, le escapa cada vez más al Walk, smile, pose que le metieron en la cabeza desde que empezó a recorrer el mundo sola, a los 18 años.

-¿Cuándo surgió tu aproximación al arte?

-Estudié arte de chica, siempre me interesó. Pero con la tinta y la acuarela, los medios que utilicé en mis viajes por ser instantáneos, fui probando. Cuando viví en Nueva York, mientras trabajaba como modelo, estudié pintura y siempre hice cursos, pero de cualquier manera creo que la mejor forma de hacer arte es ir experimentando. Estudié y practiqué dibujo con modelo vivo a los 15.

-¿A esa edad ya tenías un acercamiento al mundo de la moda?

-Desde muy chica empecé a mirar revistas y a dibujar modelos. Es algo que siempre me atrajo.

-Después te convertiste en una de esas modelos que dibujabas. ¿Cómo fue el proceso?

-Siempre me gustaron el arte, la actuación y la moda, pero cuando me pararon por la calle para ser modelo, a los 15 años, la verdad es que no me lo esperaba.

-¿Cómo llegaste a que te contratara un Marc Jacobs o te eligieran para una tapa de Vogue?

-A los 18 me fui a vivir a Londres con mi agencia, y de ahí a París. Ésas son dos buenas ciudades para empezar porque ahí se crean las tendencias que luego siguen en Nueva York. En París hice Givenchy y el look book de Balenciaga y con eso pegué el salto a Nueva York.

-¿Qué experiencias te quedan de esos años?

-Cuando empecé y me tocó vivir un año en París, por un lado absorbí mucho arte porque me lo pasaba yendo a museos, y por otra parte me encontré con un montón de cosas horribles de la profesión, cosas que me parecían inhumanas, como la delgadez extrema, el ser tratada como una cosa y no como una persona.

-¿Qué sentías siendo vos el objeto en cuestión?

-Estaba el día entero parada haciendo los fittings para Balenciaga y me trataban como un maniquí, cuando yo en realidad quería intervenir, opinar, hacer algo. En París te tratan mal, son estrictos y vos te convertís en una cosa. En ese contexto, en donde lo pasaba mal, hacía mucho frío y me sentía sola, empecé a producir mi obra, a dibujar en los fittings y a observar todo desde otro lado en los desfiles. Nunca logré hacerme amiga de las otras modelos, nunca encajé; entonces, me quedaba afuera dibujando.

-¿Cómo impactaban en vos las exigencias de delgadez?

-Me mataba con la dieta. A muchas nos resultaba imposible encontrar el equilibrio perfecto entre la extrema delgadez y lo sano. Siempre había que estar por debajo de lo sano; desde el vamos, había que matarse por ser flaca. Si no, no trabajabas.

-¿Qué genera eso en tu cabeza, con 18 años?

-Te vuelve loca. Imaginate que una temporada te mataste por estar reflaca y laburaste un montón, y a la siguiente engordaste un poco y ya no te quieren.

-¿Cómo alteró eso tu psiquis?

-Me fui de mambo y pasé a la enfermedad. Tuve momentos en los que estaba muy flaca, no comía, no dormía, no me venía el período, estaba de muy mal humor. Por suerte vino mi mamá a visitarme a París, se dio cuenta de la situación y me llevó a una nutricionista y a una psicóloga. Así pude modificar mi estilo de vida y estar sana.

-Esos estándares que llevan a la anorexia, ¿están cambiando actualmente en las agencias?

-No, dicen que sí pero la realidad es que no. Todo sigue igual y no creo que cambie nunca.

-¿Eso se canalizó en tu arte?

-Sí, dibujo a las modelos solitarias, tristes, con ojeras. Ese lado B que no se ve en los medios. Y estos dibujos tuvieron buena recepción en parte de la industria, fueron publicados en la Vogue británica, en Harper's Bazaar. Siempre la moda presentó mis dibujos tal cual eran, porque yo no soy resentida, no quiero hacer una bandera en contra de la industria porque en un punto me encanta, pero no puedo dejar de contar a través de mi arte algunas cosas.

-¿Nunca te enganchaste en el mundo glamoroso de las modelos?

-No, mis compañeras salían de fiesta y yo prefería quedarme en casa. Salí un par de veces y la escena me pareció tremenda: muchas modelos con un millonario que pagaba la mesa, con un PR que gestionaba el tema y todas borrachas. Música pésima, hombres de traje y chicas en mini y tacos. Horror.

-¿Cómo es tu vida de artista ahora? Tampoco es un mercado fácil.

-No. Como por suerte en mi caso toda mi economía se resolvió desde el lado de la moda, puedo sostener el arte por ese lado. Además tengo una marca de carteras y accesorios de cuero, Naomi, que va muy bien. El mundo del arte es mucho más pequeño que el de la moda y es igual de duro. Cuando empecé a hacer clínica de obra (análisis semanales y exposiciones con grupos de artistas) con Ana Gallardo, estaba muy negada con el mundo de la moda y me encontré con que el arte es igual o peor; entonces, me reconcilié un poco con la moda y me di cuenta de que es una industria que llega a todo el mundo. Lo mismo me pasa con la música, que tiene la capacidad de ser universal y llegar a mucha gente.

-Acabás de lanzar un single con un video que se llama I'm a model. ¿El título es irónico?

-Lo pensé mucho con mi productor, Julián Aznar, y la verdad es que, fuera de las bromas que se pueden hacer, la letra habla de algo serio. Muchos artistas dirían que tengo que hablar de temas más importantes que las modelos, pero la realidad es que es lo que me tocó vivir fueron situaciones muy duras, de tristeza, presión, enfermedad. La canción habla de todo lo que sucede detrás de ese maquillaje, de esa perfección. Nadie ve lo que pasa detrás. Una parte de la canción dice Walk, smile, pose (caminá, sonreí, posá): es la frase que te persigue cuando trabajás de modelo afuera; te dan todo el tiempo esas órdenes y te tratan como a una cosa.

Un gin tonic con mucha frescura

  • Naomi asegura que no tiene mucha cultura alcohólica y que por eso, cada vez que sale y debe elegir un trago, apuesta a lo seguro, a algo que ya probó y le gustó: el gin tonic con pepino. "Me gusta particularmente el pepino en los tragos porque aporta una frescura única", aclara con respecto a esta elección.

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