Empujando al elefante corporativo

Embajador de Singularity University en el país, trabaja para orientar la cultura en las grandes empresas hacia la innovación
Luján Scarpinelli
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11 de abril de 2016  

Gabriel Weinstein
Gabriel Weinstein

Tres meses, apenas el tiempo que dura una estación, puede parecer poco tiempo. A Gabriel Weinstein le bastó para cambiar su forma de ver el mundo. Después de su paso por Singularity University (SU), la casa de estudios en el patio trasero de la NASA, se dedicó a promover la innovación como algo más factible que acertar tiros a la luna ( moon shots, según la expresión en inglés).

Hace diez años, a sus 22, Weinstein cofundó Virtualmind Software House, una firma que desarrolla soluciones informáticas. Hasta allí, el curso de su carrera era correlativo con sus estudios. Pero en la conducción de ese emprendimiento (del que aún forma parte) empezó a salirse de lo técnico. Y siguió en esa dirección como mentor y socio en emprendimientos de algunos de sus alumnos en la ORT, e incluso como participante de "El mundo de las ideas", una capacitación destinada a líderes de distintas áreas, dictada por referentes en innovación.

Actualmente, Weinstein es embajador local de SU, por cuyas aulas no pasó inadvertido. Se destacó con un proyecto en un terreno que le era ajeno: el de la salud. En un equipo cosmopolita creó una toallita femenina "inteligente", capaz de detectar enfermedades ginecológicas. La idea resultó una de las ganadoras al final del curso, aunque, hasta ahora, no llegó a concretarse. Sin embargo, dice Weinstein, la experiencia le abrió las puertas hacia un nuevo espacio. Siendo mentor de emprendedores a nivel regional, reparó en que a las que más les costaba emprender era a las corporaciones. Y decidió apuntar a esos elefantes.

"Se dice que la probabilidad de que la Tierra sufra el impacto letal de un asteroide en los próximos 100 años es de uno en 5000. En la mayoría de las organizaciones, la posibilidad de llevar una nueva idea a su madurez tiene significativamente menos probabilidades", escribió el joven en su blog.

Hace unas semanas, Weinstein se convirtió en socio de Olivia, una firma de consultoría estratégica que atiende a empresas de la región, con oficinas en la Argentina y Chile. Allí llegó como responsable de Práctica de la Innovación, lo que, cuenta, le permite seguir emprendiendo, pero dentro de otras compañías. "No sólo abrir un negocio propio puede generar adrenalina", dice Weinstein, que trabaja con firmas como Ledesma y el banco Santander Río.

En este tiempo de cambios ni siquiera a los que llevan la delantera les está permitido descansar. "La innovación va más allá de adaptarse a nuevos mercados, también busca imponer ideas y generar tendencias, porque si se las ve pasar ya es tarde", explica.

Aunque existe un amplio consenso sobre la necesidad de innovar en las grandes empresas, los problemas coyunturales suelen alejarlas de esta visión estratégica. "Pese a que la innovación está de moda, lamentablemente, en la Argentina es muy probable que cuando hay que ajustar gastos empiecen por ahí. Se habla mucho, pero cuesta que se entienda el significado como una estrategia", dice Weinstein, que contrasta esa actitud con el modelo de Amazon. "En esa compañía, que innova con su modelo de negocios, es el último gasto que se recortaría." Cita también el caso de Lego, que podría haber sucumbido a los cambios de la digitalización como Kodak, pero fue creativo, y amplió sus horizontes con parques de diversiones, una película y más.

Para sacar provecho de la innovación, el especialista cree imprescindible mantenerla a largo plazo. "Hay predisposición por parte de las empresas, lo que pasa es que para que realmente sea una forma de sacar ventaja tiene que sostenerse en el tiempo", comenta. Contradice ese principio lo que a menudo se topa en las corporaciones: "mesas" de innovación o concursos, que acaban siendo esfuerzos aislados de escaso impacto hacia adelante.

La transformación que propone Weinstein consiste en modificar la cultura corporativa de manera tal que los riesgos sean deseables y que los errores (con sentido), no representen fracasos. Olivia "interviene" las compañías e identifica personas que se vuelven los agentes del cambio, que abren atajos en la ruta de la innovación.

Como todo alumno de SU, también quiere innovar en el sector público. Actualmente participa del inicio de la transformación del sistema educativo porteño que tomará muchos años. "La escuela prepara a los chicos para una sociedad que ya no existe", dice. Ante este diagnóstico, los primeros cambios son complementos de habilidades blandas, como la comunicación", explica.

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