El juez anuló dos goles en el último minuto y Huracán-Peñarol terminó en un escándalo

Fuente: FotoBAIRES
El árbitro ecuatoriano Omar Ponce acertó en las dos jugadas, pero los futbolistas igual se enojaron
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12 de abril de 2016  • 21:35

Un desenlace escandaloso, de esos que rememoran los oscuros capítulos del pasado de la Copa Libertadores . Un final extraño, con los dos planteles concentrando la bronca y el descontento contra el árbitro ecuatoriano Omar Ponce, que llevaba las riendas del partido con mano segura, aunque dos fallos, cuando el cotejo entraba en tiempo de descuento, provocaron el estallido de los de adentro y encendió a los de afuera. Un offside de Wanchope Ábila, interpuesto en la trayectoria de la pelota que remató Rolfi Montenegro, y una falta del capitán Valdez sobre Marcos Díaz, cuando el arquero Guruceaga convertía, las acciones que terminaron en goles pero fueron anuladas, lo que determinó la explosión y las protestas de los jugadores. La onda expansiva se trasladó a las tribunas, donde la barra brava saltó de la popular al sector de platea con la intención de tener más cerca a los rivales; las agresiones incluyeron pedradas y los clásicos cánticos amenazantes. La policía intervino con balas de goma y gas pimienta para dispersar a los violentos y devolver la calma; el saldo de los incidentes fue de cuatro heridos, dos efectivos de seguridad, un miembro de una agencia privada de custodia y un simpatizante de Peñarol.

"¿Off side de quién? Es un ladrón, se va como una rata. Dejamos todo para que un árbitro venga a dirigir así", comentaba con las pulsaciones aceleradas Marcos Díaz, acerca de la sanción de Ponce. Del otro lado, Guruceaga, la figura, tampoco entendía qué había cobrado en la jugada que terminó en gol suyo. "Puedo jurar que no lo embestí al arquero, puede haber sido algún compañero, pero yo no tengo contacto", se lamentaba el principal artífice de sostener el arco de Peñarol vallado.

El empate 0 a 0 eliminó a los uruguayos; el Grupo 4 lo lidera con comodidad Atlético Nacional, de Medellín, que anoche venció a Sporting Cristal 1-0. Eso favoreció al Globo, que pelea por el segundo puesto con los peruanos. Y como Huracán tiene tres puntos más y mejor diferencia de gol (0 vs. -5), hasta perdiendo el último partido puede pasar de etapa.

En Colombia, un plantel que supo reponerse de situaciones complejas, como el vuelco del micro en Venezuela –Toranzo, que recibió una conmovedora carta de Kevin Molina, un niño de cinco años que le ofrece sus dedos, y Diego Mendoza fueron los más afectados y todavía tienen un tiempo más de recuperaciones de sus lesiones en los pies–, deberá sacar a relucir una vez más su orgullo para clasificarse a los octavos de final, ese pasaje que el Globo tuvo anoche al alcance de la mano –generó 15 situaciones de gol–, aunque el premio que se llevó fue escaso.

La participación en los certámenes internacionales se le hizo costumbre en el último año a Huracán, que no jugaba ninguna competencia de la Conmebol desde hacía 20 años y ahora lleva tres presencias consecutivas, entre Copa Libertadores y Copa Sudamericana, a la que en 2015 accedió a la final. La etiqueta que lo acompaña ahora es otra y perseguir el sueño de gloria lo mantiene vivo, le posibilita tener ingresos económicos que hasta hace un tiempo asomaban lejanos, codearse con los que suelen sentarse en la mesa de los grandes, y dejar de mirar como un extraño lo que disfrutó en temporadas recientes San Lorenzo, el rival de siempre y al que le viene dando pequeños golpes en los últimos clásicos, ya sean de preparación o por los puntos.

Huracán vive entre festejos y crisis; anoche lo envolvió el descontento, pero el resultado en Perú le ofrece una nueva oportunidad.

El gol anulado a Montenegro

El gol anulado a Peñarol

El escándalo del final

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