Por qué ver Kóblic, la nueva película de Ricardo Darín, en cinco imágenes

Llega hoy uno de los estrenos del año, el nuevo film de Sebastián Borensztein con el protagonista de El secreto de sus ojos y Oscar Martínez
Silvina Ajmat
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14 de abril de 2016  • 12:32

1. Tomás Kóblic, el fugitivo

Tomás Kóblic, "el polaco". Su nombre encierra en sí una historia. Mestizaje argentino, crisol de razas, inmigración. Es militar. Piloto en los tiempos de la dictadura, en los tiempos de los vuelos de la muerte. Las contradicciones que atraviesan la mente de este personaje se ven en cada uno de los gestos de Ricardo Darín , que vuelve a ofrecer una actuación soberbia. Kóblic renuncia a la "obediencia debida" y corre a esconderse en el campo, un pueblo de fantasía llamado Colonia Elena, poniendo en riesgo la vida del amigo que le da asilo y trabajo en un contexto donde ser amigo de la persona equivocada podía ser fatal. No es un héroe. Es un hombre en fuga. No salvó a nadie escapando. Y aunque el relato apela a una épica, en la que Kóblic tomará la venganza por las astas y logrará poner al espectador de su lado, no hay redención posible. Siempre será un fugitivo.

2. Todo lo que puede contar un avión

Uno de los puntos destacados de este trabajo es la fotografía. El rodaje se realizó en gran parte en San Antonio de Areco y los paisajes de los campos bonaerenses están deliciosamente aprovechados por el ojo de la cámara y potenciados por la ausencia de palabras. El balance entre lo que cuentan los parlamentos y lo que cuentan las imágenes es de excelencia en esta película. Veamos esta foto: Kóblic se instala en el hangar de su amigo Alberto para pilotear un avión que desinfecta los cultivos de la zona y que en el primer vuelo sufre un desperfecto técnico. En medio de la pampa húmeda, la imagen transmite algo cotidiano, una quietud apenas interrumpida por el tránsito de ese remolque. Pero esconde mucho más. Entre los instrumentos que la dictadura militar usó para asesinar, estuvieron los aviones, y los llamados "vuelos de la muerte". Kóblic no puede olvidar lo que vio siendo piloto de esos vuelos. Ahora se esconde (de los militares, de la muerte, de su conciencia) en otros aviones que cobrarán nuevos sentidos. Pero, cada vez que enciende el motor, la memoria lo engaña y lo lleva al oscuro pasado reciente en el que fue parte de un operativo macabro. Los autores eligen el flashback para recrear por primera vez en la historia del cine estos crímenes con imágenes lacerantes para la sensibilidad del espectador que sabe que eso pasó en uno de los capítulos más oscuros de la historia argentina. No hay palabras porque el horror de ver es suficiente.

Esta foto anticipa algo: un vuelo nuevo, transformador, pero también letal.

3. El amor, en los ojos de Inma Cuesta

"Un pueblo de mierda, como todos los destinos que elegís". La mujer de Kóblic, encarnada por Miriam Odorico, recibe las instrucciones de su marido con resignación. No hay nada que los una, a excepción del objetivo de fugarse con el que ella colaborará a la distancia. No hay despedida, no hay amor. Y en el primer puñado de escenas de la película parece que nunca lo habrá. Que es un thriller, que sí habrá sangre y mucha tensión. ¿ Cómo iba a ser posible un romance para un fugitivo atormentado como Kóblic, escondido en medio del campo, destinado casi a ser un ermitaño? El primer punto de giro de esta historia tendrá que ver con el amor. (Porque, como sostiene la guionista Carolina Aguirre, "si una historia no es de amor, está mal contada, le falta un pedazo"). Y los ojos de la gran Inma Cuesta , actriz española que arrasa en el cine ibérico y con esta película quiere conquistar nuestras costas, todo lo pueden. Nancy, su personaje, enamora a Kóblic con dos parpadeos. Ambos manejan el lenguaje gestual de la seducción con una sutileza exquisita. Y se rinden a los riesgos del amor prohibido.

4. El comisario

Oscar Martínez reconoció en varias oportunidades que cuando Sebastián Borensztein le propuso interpretar a Velarde, respondió que no era un papel para él. También dijo que para crear a su comisario, el único en varios kilómetros a la redonda, y que representa la ley en el pueblo, se metió de lleno en su forma de pensar. Pensar como él lo llevaría a actuar como él. De esta manera, aunque lo primero que salta a la vista e impacta es su cambio físico (un peluquín grasiento, dientes separados, panza prominente, ropa sucia, voz de fumador empedernido), este va acompañado inmediatamente de su composición idiosincrática. Oscar Martínez se deja invadir por ese personaje al extremo y nos ofrece uno de los mejores trabajos interpretativos de su carrera y quizás, del cine nacional.

En esta imagen, un punto de giro clave en la historia. Colonia Elena no es el lugar seguro que Kóblic pensaba para esconderse de su destino. Velarde muestra de súbito su otra cara. No es la ley. Es su ley. Y será despiadado.

5. El duelo

Kóblic es un thriller. Un policial. Pero en su estructura de guión es esencialmente un western. Hay un pueblo lejano, Colonia Elena, donde manda un "sheriff", Velarde, y adonde llega un "forastero" a romper el equilibrio. En palabra de los autores, Sebastián Borensztein y Alejandro Ocón, "no había otra forma de hablar de la dictadura y de los vuelos de la muerte si no era desde un género definido". El western les da el marco perfecto para el desarrollo de la acción. Como en todo western, no hay buenos o malos. Hay dos hombres, enfrentados por la venganza.

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