Trémulas: una puesta en escena en caída libre a la poesía

Dos poetas prestan su cuerpo a las voces de Anne Sexton y Sylvia Plath; ya preparan el nuevo cruce: Pizarnik-Orozco
Natalia Gelós
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24 de abril de 2016  

Ilustración: Alma Larroca
Ilustración: Alma Larroca

Hay dos mujeres sentadas en una mesa. Entre ellas, unos vasos con agua, un budín de mandarinas y la luz que se desprende de una tarde lluviosa. Ambas llevan vestidos. Ambas transitan los treinta. Son dos pero dejan que otras mujeres las habiten. Otras poetas, como ellas. Se preparan para volver a escena en unos días, en una cita que es mitad reencuentro, mitad despedida. Son Flor Codagnone y María Magdalena y están en transición: preparan para el próximo sábado la vuelta de Trémulas, un diálogo entre la poesía de las norteamericanas Anne Sexton y Sylvia Plath, y empiezan a acercarse, a su vez, a los versos con los que armarán el próximo cruce, alimentado de la obra de las argentinas Alejandra Pizarnik y Olga Orozco. En ese vaivén, piensan en lo que pasa antes, durante y después de pararse en el escenario para ponerles el cuerpo y la voz a esos universos tan potentes y avisan que nada vuelve a ser igual luego de una caída libre hacia la obra de autoras como las elegidas.

No se ven, claro que no, pero por sus cabezas sobrevuelan versos; voces rastreadas para tejer líneas y sentidos. Como si Sexton les susurrara: "y yo preguntándome cuándo el suelo se quebraría / Y yo preguntándome cómo todo lo frágil sobrevive". Como si Plath les murmurara: "Soy un jardín de negras y rojas agonías. Las bebo, /odiándome, odiando y temiendo. Y ahora el mundo concibe/su fin y corre hacia él con las armas del amor en alto".

Cuentan que, en siete meses de intercambios de mails, lecturas y encuentros, entablaron un diálogo intenso con esos versos, y se pusieron a disposición del discurrir de esa poesía para subir al escenario luego de una búsqueda que interpeló sus propias escrituras. María Magdalena dice que a partir del poema "Daddy", de Plath, pudo escribir ella misma sobre su propio padre. Codagnone, a su vez, inició una serie de poemas sobre la violencia contra las mujeres. Ésta, la del 30 de abril, en el Museo del Libro y de la Lengua (a las 18, en Av. Gral Las Heras 2555) será la tercera función de Trémulas (la primera fue en octubre) y luego vendrá un silencio para dejar entrar a otras dos voces, las de las Pizarnik y Orozco que, como Sexton y Plath, como ahora ellas mismas, habilitaron un espacio de hermandad alimentado por las palabras, lo femenino, la poesía.

El diálogo, en el origen

Primero se leyeron. Codagnone reseñó Spleen (Letra Viva, 2013), de María Magdalena, y ésta leyó Mudas (Pánico el Pánico, 2012), de Codagnone. Luego vino la idea, la búsqueda y el intercambio epistolar. El 17 de marzo de 2015, María Magdalena escribía: "Estuve todo el día de ayer preguntándome en qué puede ayudar la poesía cuando ocurren estas cosas, de qué sirve, si es que sirve, y salió un poema. No sé si hay en ese gesto una respuesta. Me pregunté a qué le estamos dando voz con Sylvia y con Anne y cómo podría ayudar, qué puede configurar en este contexto".

¿Cuál era ese contexto? Un día antes habían encontrado muerta a Daiana García, una chica de 19 años que había desaparecido en el camino a una entrevista laboral. No sólo era el horror de su muerte, era el hartazgo de que los medios y cierto sector de la sociedad buscaran en la vida privada de la chica las razones para aparecer muerta en una bolsa al costado de la ruta. Su femicidio, que coincidía con los diez años de la desaparición de Florencia Pennacchi, era la chispa que empezaba a movilizar el #NiUnaMenos. Días después del mail de María Magdalena, Codagnone le respondía: "A diferencia de Anne y Sylvia, a estas pibas no las dejaron elegir su muerte". En esos meses de trabajo fueron y vinieron los versos, las reflexiones, lo confesional y el registro de las sensaciones que irrumpían en sus propios cuerpos a medida que avanzaban en las lecturas con un pulso casi febril.

Flor Codagnone y María Magdalena
Flor Codagnone y María Magdalena Fuente: LA NACION

-¿Qué rastros de esas violencias de género que aparecían en los textos del intercambio encuentran en estos diálogos que suben a escena?

FC: -Para mí, es parte de la misma materia que trabajamos y que queremos poner sobre la mesa: poner a dialogar femeninos, mujeres, todo eso está ahí.

MM: -Si bien la violencia de género no está explícita, ellas (Sexton y Plath) sí abordaban cuestiones que atraviesan a las mujeres como el aborto, la maternidad desde lugares no ligados a la felicidad, y daban cuenta de otro tipo de violencias.

Trémulas se refiere al temblor al que sucumben cuando leen sus propias poesías ante el público. Un poema puede durar unos siete minutos. Aquí pasa algo más. La apuesta es por ir más allá de una lectura tradicional. María Magdalena se ocupa de los poemas de Plath; Codagnone, de Sexton, y permanecen en escena unos cuarenta minutos con apenas un micrófono, en enagua, y sólo acompañadas por la música de Gastón Massenzio en el piano.

Lo que se inició como una idea simple mutó. "Una vez que la relación de ellas y la nuestra ameritó ponerse en diálogo, empezamos a leerlas pensando en qué temas en común podíamos encontrar para que esos diálogos fluyeran", cuenta Codagnone. Y así abordaron las obras completas de las autoras, en su versión original, en inglés, y realizaron sus propias traducciones. "Nos dábamos cuenta de que las dos estábamos muy enojadas con las traducciones que había y con el poco material disponible", explica María Magdalena. Luego eligieron los temas: padre, muerte, locura, aborto, maternidad, y los rastrearon en los versos hasta construir un diálogo, y revivir, de alguna manera, esa hermandad poética que las norteamericanas mantuvieron.

Sexton (1928-1974) y Plath (1932-1963) se conocieron en el taller de poesía de Robert Lowell en 1958. Se querían, se admiraban. A la salida de las clases solían ir al Ritz de Boston a tomar martinis. Se suicidaron con once años de diferencia, luego de dejar una obra que hoy mantiene su actualidad. La idea de Trémulas es esquivar la reducción al suicidio y presentarlas en su complejidad, como esas mujeres que se resistieron a aceptar lo que el mundo les entregaba, lo que la sociedad imponía: el matrimonio gris, la maternidad seca. Ésos eran los universos de los que ellas intentaban huir. Iluminar esos otros rincones y encontrar en la traducción propia esas pistas fueron parte de la búsqueda.

-¿Qué tenía que pasar para que cada diálogo cerrara y acordaran en cada traducción?

MM: -Respetar lo que quisieron decir; una combinatoria de sentido y sonoridad. Hubo fragmentos que descartamos porque no nos gustaban ni las traducciones que habían circulado ni las nuestras.

FC: -Y tomamos la decisión de hablar de "vos" y no de "tú". El you en inglés es medio imposible de dilucidar y entendemos que Sexton no iba a estar hablando de tú. Es una decisión polémica porque a mucha gente no le gusta, pero estamos en la Argentina.

Un círculo de mujeres

¿Cómo se produce el acercamiento de dos mujeres del siglo XXI a dos mujeres del siglo XX? "Hablan de la madre, el padre, la locura, la muerte, el aborto, la maternidad. Son cosas por las que estamos atravesadas y nos hacen dialogar a nosotras y nos interrogan", dice Codagnone. Su compañera agrega: "Nos van atravesando, no nos son ajenas". Ésa es la lava candente en la propuesta de Trémulas: lo femenino como un territorio de múltiples geografías. "Tardé años en convertirme en mujer, en aceptar lo femenino, en empezar a construirme un cuerpo femenino. Y sigue, no es una tarea acabada. Soy una conversa, pensé, aunque Duras use la palabra 'devenir' y esa frase tanto me guste. Quizás algo de lo religioso o de lo sagrado y de las herejías se juega en la feminidad", se lee en el intercambio entre Codagnone y María Magdalena.

Son fragmentos que miran hacia adentro y hacia afuera y que piensan publicar junto a los diálogos que articularon con Sexton y Plath. Mientras, en ese tránsito, ellas que eran dos y luego fueron cuatro, ahora son seis y abren la puerta a las voces de, nada más y nada menos, Pizarnik (1936-1972) y Orozco (1920-1999), que también fueron amigas, fueron habitadas por la muerte (Orozco escribió "Pavana para una infanta difunta" cuando se enteró del suicidio de Pizarnik), por los símbolos... Es curioso: de alguna manera, Codagnone y María Magdalena iban a este encuentro en sus intercambios, hace un año. Aparecía la palabra "bruja" como resistencia, como lugar de castigo, como fuerza femenina. Ahora aparecen estas dos poetas argentinas, conocidas por su manto de misterio, cruzadas por lo fantástico y lo onírico. Las brujas. El aquelarre. Un círculo de mujeres que se expande.

Mientras, un proceso que evoluciona hasta último momento: el de albergar a las primeras poetas, a las que les marcaron el paso; decirles "hola" y "chau" a Sexton y a Plath; anudar el primer ciclo. Gastón Massenzio tocará el piano. Se proyectará un video. Codagnone y María Magdalena subirán al escenario e invocarán a aquellas otras para desgranar lo femenino, para bucear en lo poético, en el lado salvaje. Y se producirá esa cosa híbrida. Eso que, ellas lo dicen, es "poesía puesta en escena".

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