El día que en Inglaterra se jugó al polo en honor a un pueblo cordobés

Carlos Fader, nieto del pintor Fernando Fader, reconstruyó Ischilín a imagen de lo que era a comienzos del siglo 19
Carlos Fader, nieto del pintor Fernando Fader, reconstruyó Ischilín a imagen de lo que era a comienzos del siglo 19 Fuente: LA NACION - Crédito: Gabriela Origlia
La historia ya tiene estatuto de leyenda en Ischilín, un pueblo del norte cordobés: ingleses y un iraní se hicieron habitués del lugar
Gabriela Origlia
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27 de abril de 2016  • 00:41

ISCHILIN.- Los escasos habitantes de este pueblo, a 120 kilómetros al norte de la capital cordobesa, cuentan la historia con cierto tono épico y hasta de incredulidad. Al comienzo, quien escucha duda de su veracidad. Un iraní vestido de gaucho escuchando a Soledad y al Chaqueño Palavecino entre algunas casas aisladas y una iglesia de inicios del 1700, cerca de donde el pintor Fernando Fader pasó sus últimos años.

Ischilín parece suspendido en el tiempo. Carlos Fader, nieto del pintor, es el responsable de su reconstrucción. Dedicó tiempo y dinero propio -que no le sobra- a recuperar edificios de fines del 1800, como el juzgado de paz, el correo, el almacén de ramos generales, la posta policial y otros más antiguos, como la casa de ejercicios espirituales de los jesuitas.

Entre esas construcciones y debajo de un algarrobo de unos 800 años el iraní Asad Eslah aprendió a tomar mate, comer asados, escuchar folklore y jugar al polo. Francisco Pizarro, jugador profesional de polo radicado en Inglaterra durante 15 años, fue quien abonó el terreno para el desembarco del hijo de un armador de buques petroleros en el árido norte cordobés.

El folleto de la copa Ischilín
El folleto de la copa Ischilín

Sin conocer la zona compró un campo y, cuando lo vio, decidió que iba a construir canchas de polo. "El lugar es mágico y pensé que enamoraría a los extranjeros", cuenta a LA NACION. La tierra seca implicó meses de trabajo, pero a fines del 2001 Ischilín tenía dos canchas y un torneo de ocho equipos.

Pizarro trajo algunos de sus compañeros en Inglaterra y, en poco tiempo, el pueblo se convirtió en una suerte de imán para extranjeros que mezclaban polo y turismo. Ayudado por la Embajada Argentina en Gran Bretaña, el cordobés organizó la Copa Ischilín que se disputó el 21 de julio de 2002 en el Woolmers Park Polo Club, en Hertfordshire.

"Los ingleses escuchaban la palabra extrañados -recuerda Pizarro-. Entonces les mostraba un folleto con imágenes del pueblo, de las tradiciones criollas". Durante siete años el pueblo fue sede de torneos y los ingleses se convirtieron en visitantes frecuentes, pero ninguno logró superar el impacto que generaba Eslah.

Los extranjeros se alojaban en La Rosada, un viejo almacén de ramos generales convertido en hostería con todas las comodidades. Un homenaje de Fader al lugar de "don Pablo" donde, de chico, había hecho las compras. Se había prometido que no permitiría que "el pueblo muriera, que el algarrobo se secara".

Hasta el rancho donde vivía doña Eleuteria recuperó y completó con muebles que les compró a los hijos de la vieja vecina. En la posta policial hay libros de comienzos del 1900 con actas que cuentan peleas de vecinos por loros molestos. Los visitantes pasean por una suerte de set cinematográfico de inicios del siglo pasado.

Lo mismo hacía el iraní. "Llegó advirtiéndonos que era musulmán, que no comía cerdo, que no tomaba vino -señala Pizarro-. Terminó viviendo seis meses por año, sin perderse ni un asado y vestido con bombacha, boina y alpargatas". Tanto viaje terminó con una historia de amor, un casamiento con una argentina y dos hijos. La familia hoy vive en Dubai.

Atrás de la casa de Fader hay un helipuerto; se hizo para facilitar el movimiento de los polistas que llegaban de afuera. "Era todo un poco surrealista", admite el nieto del pintor. En ese entonces en Ischilín vivían 16 vecinos, una docena trabajaba en las canchas de polo.

Por cuestiones totalmente ajenas al deporte, el polo desapareció del pueblo. Pero quedan los frentes pintados con los colores que usaba Fader en sus óleos, el viejo algarrobo y la leyenda del iraní.

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