Carlos Gamerro: "El mundo es una creación shakesperiana"

El autor de Ricardo III puso en escenauna reflexión política muy actual
Natalia Blanc
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23 de abril de 2016  

Autor de novelas, cuentos y ensayos, docente y traductor, Carlos Gamerro acaba de publicar Cardenio (Edhasa), una ficción sobre dos dramaturgos (John Fletcher y William Shakespeare), en la Londres de principios del siglo XVII, que intentan escribir una obra: aquella que quedaría en la historia como la mítica pieza perdida de Shakespeare. En esas páginas, además de recrear el ambiente teatral londinense de la época, el escritor se permite jugar con un encuentro cumbre: el de Shakespeare con Cervantes.

-¿La mirada de Shakespeare sobre el poder varía según la obra? Hay un poder vinculado a lo fantástico en La Tempestad y un poder déspota en Ricardo III, por citar dos de sus obras.

-Sí, el poder es el tema más complejo y más recurrente en Shakespeare. Buena parte de su obra implica una reflexión sobre el poder, que se va desplegando pieza tras pieza. La figura filosófica que más impacto tenía en su época era Maquiavelo, que plantea algo inédito y monstruoso: el poder puede separarse de la religión y de su legitimación divina, y también de la moral. Es la idea base de El Príncipe: que el poder se legitima a sí mismo. El primer Maquiavelo logrado en la obra de Shakespeare es Ricardo III; es claramente un rey villano; una figura muy interesante, aunque es castigado al final. Esta reflexión política sobre el poder se encauza hacia un género: el de los dramas históricos. En las tragedias, va a seguir reflexionando sobre el poder, no divorciado de la moral. En Macbeth, por ejemplo, las fuerzas de la naturaleza se levantan para destruir al usurpador, ayudar a que el heredero legítimo llegue al trono.

-¿El ejercicio del poder, entonces, no está siempre vinculado al despotismo?

-No, incluso, un usurpador puede ser un buen rey, como en el caso de Enrique IV. En La Tempestad hay una aparición de lo fantástico y del saber ligada al poder. Próspero ejerce el poder para el bien: ahí hay una mirada benévola. Siempre es riesgoso pensar que en Shakespeare hay una evolución del pensamiento político o moral; en realidad, tiene distintas posturas de acuerdo con la obra y el género que escribe. Eso lo hace muy rico porque su pensamiento no se puede reducir a un conjunto de ideas. Despliega, como dice Harold Bloom en su libro La invención de lo humano, todas las posibilidades.

-¿Qué resonancias tiene su mirada 400 años después?

-No es sólo que Shakespeare sea relevante para el mundo actual. Mi postura es que el mundo actual es en buena medida una creación de Shakespeare. Es tan poderosa la reflexión política, la despliega a tal punto, que los pensadores, escritores y políticos posteriores en el mundo anglosajón están moderados por él. No es tanto que Shakespeare sea universal, sino que el universo es shakesperiano.

-¿Cómo aparece el mundo de los sueños en sus piezas?

-Hay puntos en común entre la literatura inglesa y la española de la época; de eso trata, entre otras cosas, mi novela Cardenio. En ambos casos, la figura barroca del mundo como teatro y también como sueño, que asociamos con Calderón, es muy fuerte. Se arma una relación triangular: el teatro es como un sueño, la vida es un sueño y el mundo es como un teatro. Esto aparece en las comedias de Shakespeare muy claramente.

-¿El amor siempre es trágico?

-Mientras que Cervantes hereda y recoge la tradición del amor cortés, Shakespeare, en Romeo y Julieta, inventa el amor romántico; por algo es la referencia obligada de las películas y novelas. Inaugura un modelo, que sigue vigente hasta nuestros días. Bloom lo reduce a una fórmula: en Shakespeare, o muere el amor o mueren los amantes. Para que el amor viva, deben morir lo amantes.

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