Creciente preocupación por Irán

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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5 de mayo de 2016  • 00:21

El pasado mes de marzo Irán realizó diversos ensayos balísticos con misiles de corto y mediano alcance, incluyendo los que en Occidente se denominan como Shahab-3 MRBM y Qiam-1 SRBM.

Esos episodios son políticamente desestabilizadores y, más aún, de alguna manera hasta suponen una provocación. Y no ayudan, en modo alguno, a generar confianza. Es más, la destruyen. Particularmente cuando Irán acaba de cerrar un acuerdo temporario con la comunidad internacional sobre su peligroso programa nuclear, que ese país está cumpliendo, pero que ciertamente ha recibido tanto aplausos como críticas y ha motivado advertencias duras, de envergadura, particularmente por parte de Israel.

Por ello, no es sorpresivo que Francia, Alemania y el Reino Unido -en compañía de los Estados Unidos- llamaran la atención del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre esos ensayos con misiles balísticos que, entienden, son inconsistentes con lo dispuesto en el Párrafo 3 del Anexo B de la Resolución 2231 (2015) del organismo internacional.

Pero quizás lo más grave de lo sucedido es la supuesta "justificación" iraní con la que se pretende "legitimar" esos ensayos. Porque ella es, en sí misma, una amenaza para la paz y seguridad internacional, atento a que los mandos militares superiores de Irán han señalado públicamente que los ensayos misilísticos realizados han sido previstos -y llevados a cabo- como amenaza directa contra Israel, país cuyo derecho mismo a la existencia Irán siempre cuestiona. Para hacerlo ostensible, los misiles disparados llevaban escrita en sus fuselajes, en idioma hebreo, la inscripción: "Israel debe desaparecer".

Los misiles disparados llevaban escrita en sus fuselajes, en hebreo, la inscripción: 'Israel debe desaparecer'

Para que se comprenda la interpretación occidental del párrafo referido de la resolución 2331 del Consejo de Seguridad, lo mejor es transcribirlo textualmente: "Irán es llamada a no realizar actividad alguna relacionada a misiles balísticos diseñados para ser capaces de utilizar armas nucleares, incluyendo lanzamientos que utilicen esa tecnología balística, hasta que se hayan cumplido ocho años luego de la fecha de adopción del acuerdo o hasta que la Agencia Internacional de Energía Atómica someta el informe confirmando sus Conclusiones Generales, lo que ocurra primero".

La frase "misiles balísticos diseñados para ser capaces de utilizar armas nucleares" incluye, cabe destacar, la denominada "Categoría I" del Régimen de Control de la Tecnología de Misiles. Esto es, los que pueden transportar hasta 500 kilos de explosivos a una distancia de, por lo menos, 300 kilómetros, y tienen capacidad de llevar armas nucleares u otras de destrucción masiva. Los dos misiles iraníes antes mencionados son capaces de transportar y utilizar armas atómicas. Y lucen de carácter esencialmente ofensivo.

Precisamente por ello los países occidentales aludidos denunciaron, con algún grado de alarma, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas los ensayos de misiles balísticos realizados recientemente por los iraníes, en lo que constituyó un temprano llamado de atención que no debe soslayarse porque desnuda una conducta iraní que, cuanto menos, es cuestionable.

Es tiempo de recordar asimismo que todos los Estados miembros de las Naciones Unidas deben abstenerse de colaborar -de cualquier manera que fuere- con los programas de los misiles balísticos iraníes que han sido objeto de prohibición por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

El llamado de atención incluye el pedido expreso de que el Secretario General de las Naciones Unidas mantenga informado sobre el tema al Consejo de Seguridad ante todo evento incompatible o inconsistente con su Resolución 2331 (2015). El tema de los misiles balísticos iraníes entró así en la agenda del Consejo de Seguridad, que -dividido- lo ha tratado, aunque sin adoptar posición al respecto.

No hay duda de que las distintas estructuras de monitoreo y seguimiento de la conducta y actividad iraní (hablamos de un país que tiene un pasado plagado de intentos de esconder la realidad) deben incluir un capítulo específico referido a sus programas con los misiles balísticos que han sido objeto de prohibición y que, pese a ello, están proliferando a la vista de todos.

Queda claro que Irán no está intentando, como cabía esperar, fortalecer la confianza externa en sus conductas, sino algo realmente diferente: continuar con aquellos programas militares que se relacionan con su conocida intolerancia respecto de la existencia del Estado de Israel. Aunque sostenga -mañosamente- que sólo trata de reforzar sus "legítimas capacidades de defensa" y que sus misiles no están diseñados para transportar armas atómicas.

Hay además una nueva y grave preocupación vinculada también con Irán. Es la que tiene que ver con sus crecientes actividades en lo que podrían llamarse "batallas cibernéticas", en las que participan cada vez más los "hackers" iraníes que, con apoyo oficial, atacan y tratan de infiltrarse en los sistemas de los grupos industriales y entidades financieras occidentales. Así como en las redes militares extranjeras: en las de generación y transmisión de electricidad; en el manejo del transporte (incluyendo los sistemas de control de los aeropuertos) y otras. Lo que naturalmente supone tener lista una gran capacidad de daño, en caso de conflictos.

En el mundo, recordemos, hay cinco reconocidos "super-poderes" cibernéticos: los Estados Unidos, Rusia, China, el Reino Unido e Israel.

Irán está acercándose rápidamente a esa categoría o "club". Tiene varios grupos de agresores cibernéticos que han sido ya identificados. Entre ellos, el llamado "Rocket Kitten", dedicado a infiltrar y atacar blancos en Arabia Saudita, en los Estados Unidos, en Israel y en el propio Irán (esto es a sus disidentes, opositores y a los periodistas independientes). Y el que responde a la denominación de: "Thar Andishan" ("los pensadores", en idioma farsi) que, además de los blancos antes nombrados, tiene varios otros hasta en países como Canadá y Corea del Sur. En todos los casos detrás de los operadores cibernéticos está el Estado iraní, para quien este capítulo de las guerras futuras ha adquirido ya una enorme prioridad.

La hostilidad hacia Occidente no ha desaparecido. Y su belicosa agresividad respecto de Israel no ayuda

No es fácil confiar en los clérigos que -a la manera de cerrada oligarquía- controlan férreamente la teocracia iraní. Por años, como se ha dicho, ocultaron la verdad respecto de sus programas militares, violando las normas internacionales. Los militares dependen directamente de los líderes religiosos. Y expresan su parecer. La hostilidad hacia Occidente no ha desaparecido. Y su belicosa agresividad respecto de Israel no ayuda. Es más, mantiene viva una preocupación respecto de una conducta por parte de Irán que viene de lejos.

La teocracia iraní está gobernada por una inmensamente rica oligarquía clerical ("shiíta") que se ha adueñado del país, política y económicamente. Una cosa es la estructura formal (aparente) del poder y otra, muy distinta, la realidad. El poder absoluto está en manos de los clérigos. En rigor de los más conservadores, esto es de los "duros".

Un delicado episodio reciente lo demuestra. Me refiero al popular líder de la oposición "reformista", Mehdi Karroubi, que ha estado confinado (detenido) en su domicilio desde el 2011, con prohibición de abandonarlo. En arresto domiciliario, entonces. Por haber impulsado las protestas callejeras que siguieron a las manipuladas elecciones presidenciales del 2009 en las que triunfó el ex presidente Mahmoud Ahmadinejad.

Karruobi apoyó entonces las manifestaciones de protesta del llamado "Movimiento Verde". Con el endoso de Mir Hussein Moussavi y de su esposa, Zahra Raghnavard, quienes también cumplen un prolongado arresto domiciliario. Todos por disentir, según queda visto.

Karroubi, que tiene ya 78 años y fue en su momento el líder del Parlamento de Irán, acaba de enviar una carta al presidente Hassan Rouhani, pidiendo su libertad. Y asegurando, de paso, que está dispuesto a ser juzgado por un tribunal judicial por sus "delitos". Carta que ha quedado sin respuesta alguna.

Ocurre que el presidente no puede tomar esa decisión, que está -en realidad- en manos del líder supremo religioso: el Ayatollah Khamenei. Solamente. Si lo pusiera en libertad, sería presumiblemente acusado de debilitar al Estado Iraní, situación que muestra la debilidad política del presidente Rouhani, y pone en evidencia que entre los reformistas hay divisiones. Hay quienes quieren confrontar (como Karroubi) y quienes (como Rouhani) creen, en cambio, que el camino de la moderación es el más prudente y, en rigor, el único factible. Suponen que sólo cuando la economía haya comenzado a crecer y la gente esté más contenta, las cosas podrían cambiar. Antes, no.

Esto muestra la imposibilidad del presidente Rouhani de poder cumplir con sus promesas electorales de ampliar el margen de las libertades de las que gozan los iraníes, incluyendo el uso de Internet, todavía fuertemente restringido, y la lamentable situación social de las mujeres. Y su impotencia en estos temas.

En su carta, Mehdi Karroubi menciona otro tema también crucial para Irán: el de la extendida corrupción que afecta a toda su administración, incluyendo a los propios clérigos que, reitero, son los dueños del país en todos los sentidos de esa palabra.

Nada es demasiado fácil en un país que aún está férreamente controlado por una auténtica casta religiosa enquistada en el poder que se resiste a todo lo que suponga limitar sus inmensos privilegios.

El autor es ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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