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El velocímetro del cerebro

A los 38 años, el científico argentino Emilio Kropff descubrió las speed cells, responsables de codificar la velocidad en el funcionamiento del GPS del cerebro. Y así le dio la puntada final a una investigación ganadora del Nobel de Medicina en 2014.
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9 de mayo de 2016  • 19:24

Por Cecilia Acuña

Un principio errático no tiene por qué implicar un final caótico. Esto es lo que viene a demostrar la historia de Emilio Kropff, un científico argentino de 38 años que, lejos de perderse en el sinfín de preguntas existenciales de la juventud, a fuerza de voluntad y de decisiones firmes, terminó de darle la puntada maestra a una investigación ganadora del Nobel de Medicina en 2014.

Cuando a los 18 años Emilio tocaba el saxo y el oboe en el Conservatorio de Música, y cursaba materias en Economía y en Filosofía con la inquietud de encontrar alguna respuesta a los cientos de interrogantes que lo atormentaban, no imaginaba que parte de la serenidad que conseguiría con el paso del tiempo vendría paradójicamente a partir de un descubrimiento que le terminaría de dar forma a la explicación científica del GPS del cerebro: la descripción del mapa mental que nos permite desplazarnos con cierta coherencia en el espacio.

El primer Norte de su derrotero científico fue descubrir en la Física una manera de entender realidades concretas a través de cálculos matemáticos que, si bien nunca terminan de explicarlo todo, contribuyen a la paz de un espíritu inquieto. "La Física te da herramientas para contemplar lo que nos rodea. Hoy no existe una teoría del todo, pero sí podemos armar un ida y vuelta entre las conjeturas científicas y la realidad", cuenta Kropff desde el escritorio que ocupa en el Laboratorio de Plasticidad Neuronal del Instituto Leloir, encabezado por el doctor Alejandro Schinder.

El mapa de coordenadas de su camino científico terminó de conformarse cuando, después de la tesis de licenciatura realizada en Francia y de la de doctorado cumplida en Italia, Emilio decidió apostarlo todo al conocimiento acerca de cómo funcionan los mecanismos de la memoria en el cerebro real, y se puso en contacto con el grupo de investigación noruego ganador del Nobel de Medicina en 2014.

Allí se dedicó al trabajo experimental con ratas, de donde obtuvo los datos crudos que se trajo a la Argentina para procesar e intentar lo que él considera hacer ciencia. Es decir, encontrar una variable novedosa que, lejos de corroborar una teoría basada en supuestos ya conocidos, venga a derrumbarla para así repensarla a partir del velo descubierto. Lo que Kropff encontró después de años de análisis fue la pata que le faltaba a la explicación acerca del funcionamiento del GPS humano: una red de neuronas, ubicadas en un área del cerebro llamada hipocampo –dedicada a construir memorias– y en la corteza entorrinal –un sector de materia gris pegado al primero–, que permite ubicarnos en el espacio, extraer datos de contexto y definir la dirección hacia la que nos movemos.

Las speed cells de Emilio agregan la clave de la velocidad al mapa creado por el cerebro, dedicado a coordinar nuestros movimientos. "Estas neuronas son las encargadas de determinar la velocidad de desplazamiento en cada paso que damos en un ambiente cualquiera", explica el científico del Conicet. Agrega que el hallazgo puede ser la inspiración que dé lugar a nuevos métodos de diagnóstico y tratamiento del Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Pero también la insipación para crear sistemas de navegación artificiales e inteligentes.

El trabajo publicado por primera vez en Nature en junio de 2015 fue seleccionado por la revista Science News y ubicado en el puesto 17 del ranking de las 25 historias científicas más interesantes del año. Este estudio pone de manifiesto la existencia de una representación mental del espacio y la capacidad que tenemos de movernos, por ejemplo, en la oscuridad sin contar con datos de contexto. Se trata de un mecanismo que codifica la velocidad a la que nos desplazamos en el marco de un mapa genérico que, junto con el resto de las células del GPS mental, se combinan y logran lo que se define como integración de caminos.

FICHA PERSONAL

Emilio Kropff, doctor en Física, neurocientífico del Instituto Leloir, 38 años.

El descubrimiento de las speed cells es hasta el momento el trabajo de investigación más reconocido en la trayectoria de su carrera científica.

Hoy sigue trabajando en el hipocampo con la premisa de saber qué pasa cuando se crea una memoria nueva: lo que sucede en el cerebro durante los primeros diez segundos de un contacto novedoso con el mundo.

Su trabajo cotidiano se alterna entre tareas experimentales con ratones en el bioterio de la institución, el análisis de datos crudos frente a la computadora y las gestiones burocráticas para conseguir subsidios que le permitan seguir avanzando en el conocimiento.

Cuando trabaja escucha la BBC 3, una radio de música clásica que le gusta porque presentan los conciertos como si fueran parte de la entrega de los Oscar: "Con esa pasión deberíamos vivir siempre la música", dice.

Si le queda tiempo libre, sigue series como Game of Thrones, pasea al aire libre con su mujer y su hija de casi dos años, a veces va al trabajo en bicicleta y no se cansa de contemplar el cuadro La dama de armiño de Leonardo Da Vinci, que pudo ver en vivo y en directo en Varsovia.

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