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El Festival de Cannes comienza hoy con Café Society de Woody Allen

¡La hora de las fotos! Blake Lively, Woody Allen y Kristen Stewart, frente a los flashes
¡La hora de las fotos! Blake Lively, Woody Allen y Kristen Stewart, frente a los flashes Crédito: EFE
Los primeros aplausos para el director norteamericano llegaron bien temprano: en la función de prensa matutina
Diego Batlle
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11 de mayo de 2016  • 11:36

CANNES.- Los números de Woody Allen impresionan: 47 películas, 12 de ellas presentadas en Cannes . Con Café Society, además, se dio el lujo de inaugurar el principal festival del mundo por tercera vez y consiguió generosos aplausos incluso en la función de prensa matinal, ámbito en el que no se suelen regalar manifestaciones demasiado efusivas.

Café Society es una luminosa, ligera y encantadora comedia romántica ambientada en la segunda mitad de la década del 30 que sigue –al estilo de una novela con el propio Woody Allen en la voz del narrador– las desventuras de los distintos personajes de una familia judía del Bronx. La historia transcurre tanto en la Los Ángeles de los grandes estudios (el tío Phil Stern que interpreta Steve Carell es un poderoso agente de la industria) como en Nueva York (donde Corey Stoll encarna a Ben, un mafioso digno de las películas de Martin Scorsese que regentea el popular club nocturno del título). Entre esos dos mundos aparecen los protagonistas, Bobby (Jesse Eisenberg, otra vez perfecto alter-ego del director), hermano de Ben y sobrino de Phil, y Vonnie (Kristen Stewart), secretaria de la agencia del personaje de Carrell

La película trabaja sobre temas recurrentes en el cine de Allen (el cine, el jazz, los triángulos afectivos, las infidelidades, los desengaños amorosos), pero en este caso la película fluye con una naturalidad, una gracia y una elegancia pocas veces vistas en su filmografía reciente. En este sentido, su primer trabajo con el mítico fotógrafo italiano Vittorio Storaro parece haberle dado a Woody una mayor sofisticación visual. Las escenas de fiestas y bailes tienen una belleza y elegancia notables y la transición al digital (es la primera vez que no rueda en fílmico) parece haber sido sin traumas, algo que el director de Manhattan y Annie Hall ratificó en la conferencia de prensa.

"He trabajado con los mejores directores de fotografía, pero Vittorio es un genio y con él tuve las mismas posibilidades, o más, que cuando filmaba en celuloide", indicó. A su vez, Storaro -ganador de tres premios Oscar por Apocalipsis Now, Reds y El último emperador- indicó: "La tecnología cambió y todos debemos aceptarlo y adaptarnos. Lo bueno es que las nuevas cámaras son tan sensibles que no nos imponen límites, se adaptan a todo tipo de locaciones, al lenguaje de las imágenes, al color y la luz que el director y la historia necesitan. Yo siempre digo que las películas nos ayudan a aprender a cómo vivir, a entender quiénes somos y por eso digo: Gracias Woody por haberme regalado la experiencia de Café Society".

Eisenberg y Stewart -quienes ya habían trabajado juntos hace siete año en Adventureland: Un verano memorable, de Gregg Mottola –acompañaron a Allen en su nuevo paso por Cannes junto a otros intérpretes del film como Corey Stoll (el Peter Russo de la serie House of Cards) y Blake Lively (Serena en Gossip Girl).

No puedo creer que ya tenga 80, mis padres vivieron hasta los 100, así que me saqué la ruleta
Woody Allen

La conferencia de prensa fue muy relajada, al punto que Woody se rió de sus dificultades auditivas ("pedí auriculares a todo volumen y ni así oigo bien") y de los 80 años que cumplió en diciembre pasado: "No puedo creer que ya tenga 80, mis padres vivieron hasta los 100, así que me saqué la ruleta. Me siento joven, estoy siempre alerta, como sano, hago ejercicio y pienso seguir filmando mientras haya gente dispuesta a pagar la entrada. Pero una mañana tendré un ataque al corazón, quedaré en una silla rueda y en el geriátrico dirán "Ese es Woody Allen" y yo apenas podré mover la mano".

Un periodista le preguntó a Eisenberg sobre un guión que el actor de Red social escribió de adolescente inspirado en un joven Woody Allen. Visiblemente incómodo, respondió: "Crecí viendo sus películas y escribí esa historia. A mis amigos les pareció divertida; a los abogados de Woody, no. Pero nunca salió el tema durante el rodaje". El director neoyorquino, por su parte, fue mucho más elogioso con su alter-ego: "Yo hubiese interpretado hace muchos años a Bobby de manera unidimensional, porque soy un comediante limitado; él, en cambio, lo hizo con múltiples facetas y mayor profundidad, porque es un verdadero actor".

Sobre la estructura de novela y el espíritu de comedia romántica, el realizador de Zelig y Hannah y sus hermanas indicó: "Quería seguir a una familia judía, que es lo que conozco y en lo que puedo ser auténtico, pero con historias que nada tienen que ver conmigo. Jamás fui a Hollywood a pedir trabajo, por ejemplo. Me pareció lógico darle la voz al autor de esa suerte de libro, y además fue más barato (risas). Con respecto al personaje que hace Jesse quise darle un fuerte sesgo romántico porque yo me considero un romántico, aunque muchas de las mujeres de mi vida hoy no piensen lo mismo (risas). Bobby no es como Clark Gable o Cary Grant en el cine, probablemente se perciba a esta película como una visión romántica, algo idealizada y hasta un poco tonta, y puede que sea así. Tiene que ver con cómo el Hollywood clásico influyó en mi, con mis recuerdos de niñez. Match Point no era una comedia romántica. Esta sí".

"La vida es una comedia escrita por un sádico", se escucha en el film, y Woody profundizó esa frase. "Lo que nosotros vemos en pantalla como divertido –la infidelidad, el engaño, la traición– es triste en la vida real. El cine te da una perspectiva cómica de situaciones muy duras y crueles", concluyó.

Por su parte, Kristen Stewart (de quien Allen confirmó que no vio la saga Crepúsculo) admitió que se sometió a una prueba de casting para conseguir el papel y aseguró que se sintió muy feliz de sumarse a la familia de Woody: "Es como cuando escuchás una banda o una canción, y aunque no te acuerdes del nombre o el título, la reconocés de inmediato. Fue un trabajo divertido, espontáneo, impulsivo, instintivo y pude encajar muy fácilmente, abandonarme, abrirme. El vio algo en mi que yo no sabía, me mostró algo que no conocía. Me aprendí todos los diálogos de memoria, pero luego tuve libertad de cambiar lo que necesitaba, fue un trabajo muy cómodo, natural que me permitió formar parte de la dinámica casi familar de un artista como Woody".

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