Antes y después: un escritorio cobra vida con pocos recursos

El objetivo fue poner en acción un rincón ocioso para convertirlo en escritorio; con cinco movimientos sencillos
Sol van Dorssen
Enrique Menossi
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16 de mayo de 2016  • 15:59

CON ARTE. Colgar cuadros de distinto tamaño sin centrarlos con la mesa rompe la simetría y da movimiento, además del interés propio de las imágenes. En este caso, una obra del fotógrafo Juan Hitters y una lámina de Antic & Chic, de una diseñadora catalana.

COLOR Y FUNCIÓN. Una silla y una lámpara de mesa en el mismo tono convirtieron la mesa blanca en (atractivo) escritorio.

El ELEMENTO "IT" DE LA TEMPORADA. Volvieron las plantas de interior. Dos macetas de madera o cerámica clara con plantitas que tengan hojas de buena caída mejoran el aspecto general y la carga energética. Y cada tanto, date el gusto de poner flores frescas en un contenedor transparente.

ALGO EN EL SUELO. Los canastos blandos, de ratán o mimbre claro, siempre vienen bien para terminar de armar estos pequeños espacios y para tener a mano libros, diarios o revistas.

LA BASE. Si el piso es de baldosas con dibujo o de madera con la veta muy marcada, poné una alfombra lavable de pelo corto dentro de la gama elegida para la lámpara y la silla. Son fáciles de limpiar, sectorizan, mejoran la acústica y dan calidez.

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