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Malvinas: el plan de acercamiento que se fijó Macri

Martín Dinatale
Martín Dinatale LA NACION
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18 de mayo de 2016  • 00:23

No serán entregarán los libros del osito Winnie Pooh que mandaba Guido Di Tella ni se levantará otro cerco económico como fijó Cristina Kirchner. El esquema diplomático argentino apuntará ahora a un punto intermedio. El gobierno de Mauricio Macri está evaluando un plan concreto de acercamiento a los habitantes de las islas Malvinas en paralelo a las negociaciones que pueda entablar en el futuro con Gran Bretaña por la cuestión de fondo que es el reclamo de la soberanía argentina por las islas.

Se trata de un "plan de base humanitaria" como lo bautizó recientemente la canciller Susana Malcorra. Esto implica un amplio abanico de propuestas en marcha: desde el restablecimiento de nuevos vuelos de Malvinas a la Argentina hasta la asistencia sanitaria en casos de salud esencial, el intercambio de productos alimenticios, la cooperación en materia educativa y, quizás más hacia adelante, la posibilidad de establecer negocios compartidos en el área petrolera o marítima.

El camino es delgado y sinuoso. Con esta jugada Macri corre el peligro de volver al esquema de relaciones amistosas que impuso Menem y que no llevaron a ningún puerto. Más bien al ridículo. Quizás por ello es que la Casa Rosada no quiere mostrar aun todas sus cartas en esta jugada de alto riesgo.

Con esta jugada Macri corre el peligro de volver al esquema de relaciones amistosas que impuso Menem y que no llevaron a ningún puerto

Para poner en marcha ese plan de base humanitaria la canciller Malcorra piensa, como ingeniera que es, en el principio de Paretto: hay un 80% de cosas en la que Macri está de acuerdo con Gran Bretaña y un 20% en el cual no hay acuerdo. "La ventaja con Gran Bretaña es que sabemos cual es ese 20%: son las Malvinas. Entonces, en lugar de dedicar todo nuestro tiempo a ese 20%, vamos a trabajar y producir resultados en el 80%", dijo Malcorra en una reciente entrevista a Clarín.

¿Acaso esta idea de trabajo conjunto implicará dejar de lado el reclamo por la soberanía de las islas? Nada de ello. El Gobierno está convencido de que hay que trabajar con Londres sobre otros temas de lo que la diplomacia británica encuadra en la "nueva agenda positiva". Así lo dejó entrever recientemente John Freeman, el embajador británico en Buenos Aires, cuando dijo que Londres "desea volver a una relación histórica de amistad con la Argentina". Estos es: sellar acuerdos comerciales, de ciencia, tecnología e infraestructura.

Pero en paralelo a este diálogo Londres-Buenos Aires, la canciller Malcorra se dispone a recomponer relaciones con los kelpers. Los tiempos de belicosidad kirchnerista contra los malvinenses cambiaron. Ahora hay "un mayor reconocimiento a la participación de la sociedad civil en distintas formas", como dijo la propia Malcorra. Se evalúan "opciones de aperturas" y diplomacia más flexible.

Por ejemplo, el Gobierno planteó abiertamente a los kelpers que serán recibidos y atendidos en hospitales de la Argentina ante una emergencia sanitaria. Un destacado funcionario de la Cancillería especificó a LA NACION este punto: "se está trabajando en un plan para asistir en salud a la población de Malvinas para operaciones de alta complejidad para que no tengan que ir a Londres o terminar en un hospital de Punta Arenas que no les da respuesta", dijo.

También se evalúa establecer una "política comercial de puertas abiertas". Esto implicaría volver a vender alimentos frescos a los isleños que hoy tienen que comprar tomates o manzanas de Europa a costos siderales. En este sentido, algunos funcionarios del Gobierno sugieren incluso que se podría volver a habilitar a los países del Mercosur a reabrir el comercio con los kelpers.

La posibilidad de compartir negocios petroleros o marítimos con los isleños no es remota para el Gobierno. Dos temas concretos podrían ampliar esta estrategia de acercamiento a los kelpers en esos temas sensibles: el reciente fallo de la ONU que habilitó la ampliación de la plataforma continental marítima de la Argentina y que se extiende más allá de Malvinas y el inminente referéndum de Gran Bretaña que podría alejar a Londres definitivamente de la Unión Europea (UE).

El fallo de la ONU se pondrá en marcha en lo inmediato e implicará la posibilidad real de que la Argentina pueda realizar tareas de exploración en aguas cercanas a las Malvinas. Los isleños lo saben y admiten por lo bajo que esa es una "realidad inevitable". También advierten con temor que una salida de Londres de la UE los dejaría solos en la pelea con la Argentina. Así lo plantearon en un informe reciente que elevaron al parlamento británico. Ya son varios los países europeos que no aceptarían seguir acompañando la tesitura inglesa en Malvinas, empezando por España que sufre con Gibraltar el mismo culebrón inglés desde hace muchos años.

La diplomacia de "base humanitaria" que se dispone a encarar el Gobierno podría empezar a calar profundo en el largo plazo. Quizás sea una estrategia tan extensa en el tiempo cuyos resultados no sean para este gobierno. En un largo plazo como la plantea el politólogo Manuel Paz en su estudio comparativo sobre el caso de Hong Kong en relación al conflicto entre la Argentina y Gran Bretaña.

La clave del éxito de toda esta estrategia será, como dice el politólogo alemán Wolf Grandendorff, evitar imponer una política de "exageración de las expectativas" ya que los vuelcos abruptos y cambios pendulares -sostiene- suelen conducir al fracaso.

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