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Justina Bustos: "Creo en la simpleza"

Crédito: Fotos de Hernán Corera. Producción de María Salinas.
En los últimos meses, se convirtió en la cara visible de una nueva camada de actrices. Comparte con nosotras el recorrido a conciencia que la trajo hasta acá.
Carola Birgin
Soledad Simond
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23 de mayo de 2016  • 00:00

Nos asegura que es malísima contando chistes y que no le gusta el Fernet. Pero reconoce que las colaciones la pueden y conserva todavía la tonadita. ¿Quién es esta cordobesa que a los 27 años explotó en las pantallas grande y chica? Justina Bustos, reconocida por su trabajo en Historia de un clan y Voley, y a punto de irse al festival de Tribeca en Nueva York a presentar Madly, donde la dirigió el potro de Gael García Bernal, se encontró a desayunar con nosotras.

En el "sistema de celebrities", siempre están las mismas, ya consagradas, ¿qué creés que hizo que vos rompieras ese sistema y pudieras entrar?

Siento que había una necesidad de algo nuevo. No es que fui solamente yo, también Rita Pauls, Ailín Salas... Es como la generación que viene, que se estaba esperando. Y fui parte de eso, de esa nueva ola de caras diferentes, y que no venimos del grupo de Cris Morena, por ejemplo.

Parece como si te hubieras subido a una calesita andando, que no fue algo progresivo sino todo junto este año, ¿lo sentís así?

En realidad, viajo en esta calesita desde hace años. Para mí es así como se dan las cosas, pero sucedió que con Historia de un clan o Voley trabajé con gente más conocida y eso me dio otra luz, me puso en otro marco, pero yo vengo actuando desde hace años.

¿Sentís que tu carrera se construyó a base del esfuerzo o el universo te presentó la oportunidad y la tomaste?

Fue esfuerzo puro. También hubo esa parte que es la suerte, el universo o como quieran llamarlo. Y también fue pedirlo y buscarlo. El camino que estoy haciendo estaba pensado por mí, no sabía si se me iba a dar o no, y todavía estoy trabajando para que se den las cosas. Hace poco, volví a pasar por el colegio al que iba en Córdoba, que es de mi tía; caminaba los pasillos y me acordaba de mis pensamientos cuando tenía 16 años: "No veo la hora de terminar el colegio e irme".

Crédito: Hernán Corera. Producción de María Salinas.

¿Adónde te querías ir?

Acá, a Buenos Aires. Sentía que algo más estaba pasando y yo no estaba ahí, me sentía un poco encerrada, quería irme a donde supuestamente estaban pasando más cosas a nivel artístico. Igualmente, ahora Córdoba se está moviendo un montón, está buenísimo. Pero quería irme a hacer algo, a descubrir lo que realmente me gustaba, porque el teatro me encantaba de chiquita, pero después, de adolescente, no me gustaba.

¿Te acordás de ese momento y pensás que hoy encajan las piezas?

Sí, totalmente, yo quería hacer lo que estoy haciendo ahora.

Descubriste tu vocación actuando durante unas vacaciones en un Club Med, te criaste en una casa con canchas de polo, estudiaste en Nueva York... Claramente no tenés la típica historia de la chica de barrio que triunfa en un mundo muy lejano al suyo. ¿Esto te diferencia de colegas tuyas?

La historia en sí, sí. Pero después, no encuentro tanta diferencia. Hay un punto que pasa a otro plano. Yo vine de ahí, pero también me fui de ahí y empecé a hacer mi historia acá en Buenos Aires, donde no conocía a nadie de la actuación, nadie me dio una mano, no tenía una tía o alguien a quien pedirle. Igual, tengo amigos que son "hijos de" y están haciendo su propio camino y está buenísimo. Hay un punto en que cada historia no es tan diferente de las otras. Eso lo ven los demás. La otra vez, alguien que me estaba entrevistando se enojó, me dijo: "¿En serio? Pero ¿no trabajaste, no sé, en un McDonald’s por ejemplo?", y no, yo no trabajé en un McDonald’s.

Crédito: Hernán Corera. Producción de María Salinas.

Estábamos viendo fotos tuyas en Instagram, tu mamá es lindísima, ¡son muy parecidas! ¿Fue modelo?

No, es muy tímida; tiene mi misma locura, pero es muy tímida.

¿Se llevan bien?

Sí, re bien.

¿Cambió el vínculo desde que te fuiste de Córdoba?

Siempre fui muy compañera de mi mamá, la acompañé a todos lados, a la peluquería, compartimos cosas cotidianas, y seguimos siendo súper compañeras. Es como si, desde allá, ella hiciera los castings conmigo: "Mamá, a las 4 tengo uno", y ella se concentra.

¿Ella te manda energía?

Sí, siempre. De repente, me llama y me dice: "Justina, ¿terminaste en el casting?", "Sí", "Bueno, avisame, por favor, que estaba concentrada". Es muy gracioso, me súper acompaña. Y el vínculo, sí, cambió, pero siempre tuvimos una buena relación.

¿Cómo descargás cuando estás nerviosa?

La actuación me ayuda a descargar, me libera, cada vez que salgo de clases es como haber hecho meditación. Me calma, me transforma totalmente, me vuelve al eje. También me encanta bailar. Estar en contacto con la música, con la expresión, con el cuerpo. Es lo que me baja y me hace recordar: "Ah, claro, por esto me gusta tanto actuar o bailar". Voy a clases, hago biomecánica...

¿Qué es la biomecánica?

Es con barra, como el clásico, incluso lo turnamos con clásico; sobre todo elongación y postura.

Crédito: Hernán Corera. Producción de María Salinas.

Sos muy fibrosa, ¿es por este tipo de trabajo? Así nos anotamos...

No, eso es por genética, mi mamá también es así.

¿Y cómo se conocieron con Mariano, tu novio?

En la calle...

¡¿Cómo en la calle?!

Sí, hace mucho tiempo, estaba caminando con mi mamá para ir a comer; en un barcito en la esquina había un grupo de chicos con ropa de fútbol tomando cerveza y lo vi a él, nos miramos, saludé a una persona que estaba en la otra cuadra y nos fuimos con mamá. Él, que conocía a esa persona, fue a preguntarle quién era yo y me agregó a Facebook, pero nada más. Dos años después, fui a un cumpleaños y me lo encontré...

¿Enseguida supiste que era el que habías mirado en ese bar?

No. Me di cuenta al día siguiente, cuando fui a buscarlo a Facebook y lo tenía como amigo. Bueno, esa noche después fuimos a bailar, nos dimos unos besos, y ahí nos pusimos de novios. Ya van dos años y medio.

Se ve que tenía que ser.

Sí, y lo más loco es que nos podríamos haber cruzado mil veces, muchas veces habíamos estado en el mismo lugar. Si hasta fuimos a cumpleaños en los que ni nos vimos y justo yo estaba soltera.

¿Se fueron a vivir juntos enseguida?

No, hace un año y tres meses que convivimos. Yo venía viviendo sola desde los 17 años. En un momento, cortamos, yo me fui a Ibiza, él sacó un pasaje y me fue a buscar.

¿Ahí volvieron y ya siguieron?

Sí, la relación se hizo más fuerte, más seria, en un punto.

Crédito: Hernán Corera. Producción de María Salinas.

¿Qué te gusta de la convivencia?

La disfruto mucho porque cuando vivía sola no tenía a quién contarle mis cosas. Cuando llegás, que alguien te esté esperando o esperar a alguien... La rutina, me gusta, de la convivencia. Él es trader en una empresa… Nada que ver, le encanta el arte, pero desde otro lado.

¿Es fácil para convivir, él?

Yo soy fácil para convivir (risas).

¿En qué sos fácil?

Soy muy relajada, y él es bastante... obse, en un punto. Pero lleva bien su obsesión. Es muy estético, le encanta el diseño de muebles. Esa parte, como la más femenina, la tiene él, en un punto.

¿Quién descomprime las peleas?

Depende de qué pelea y por qué... No sé, por suerte ahora no nos estamos peleando. ¿Vieron esa época que te toca? Es por rachas.

Hace un año y tres meses, cuando te fuiste a vivir con él, tenías una realidad diferente a la de ahora, hubo muchos cambios en tu carrera, ¿eso impactó de alguna manera en la convivencia?

No, él también tiene un trabajo que es súper intenso y también viaja, entonces tiene el ritmo más o menos parecido al de mi carrera. Y me conoció así, haciendo Voley o antes. Pero siempre me apoyó. Es más, me apoya hasta viendo qué me voy a poner ahora para el festival, y me aconseja: "No, ponete algo más sexy". Le gusta que yo disfrute lo que hago.

¿Y sentís que sos liviana o vas en busca de la liviandad?

Las dos cosas: siento que soy liviana y voy en busca de más liviandad. No me siento una persona intensa.

¿Cómo buscás la liviandad?

Las clases de teatro me encantan, bailar también, un asado en familia, ver Girls con mi novio, estamos fascinados con esta última temporada, que está impecable y la vemos todos los domingos... Esas cosas son las que me dan liviandad. El vínculo, compartir.

¡Qué bueno que le guste Girls!

Le encanta. Me dice: "No la mires, esperame". Yo, chocha de que le cope, porque antes no le gustaba, pero esta quinta temporada no sé qué tiene que lo atrapó.

¿Qué sentís que rompe el hielo en un vínculo?, porque sos medio difícil de entrar, ¿no es cierto?

Parezco muy "seriota", la gente después se va y dice: "Ay, sos nada que ver a lo que viniste", pero qué sé yo. Primero voy tanteando, inconscientemente, como en las producciones, que no te conocés con la gente y de repente tenés que sonreír y trabajar en equipo con alguien a quien nunca viste, eso es lo que a mí me re cuesta. No es que de entrada hago un esfuerzo por caer bien, pero porque sé que después nos vamos a llevar bien. Seguramente, o no, pero no hace falta darnos los teléfonos el primer día.

Leímos que tus amigas te decían que cómo no te enganchaste con el Chino Darín…

Es que mis amigas estaban enamoradas del Chino. Obviamente, me parece re lindo, pero a mí no me pasa nada, es gracioso.

Y hablemos del otro galán con el que trabajaste en Una noche de amor, Sebastián Wainraich...

Bueno, con Sebas tuve muy buena onda desde el primer día, es genial. Estuvimos cuatro noches filmando y la pasamos bárbaro. El primer día, venía de España, adonde había ido a filmar Migas de pan. Llegué a Argentina y a las cuatro horas estaba en el set con Sebas, fue una locura. Estuvo bueno, pero fue una locura.

Aparte de estar con actores como ellos, ¿hay otras cosas de acceso que te da la celebridad que vos decís: "Está buenísimo", o no, que digas: "La verdad es que se me presenta esto y a mí no me conmueve"?

No soy muy pilchera, por ejemplo. Me encanta la ropa, pero no la cantidad, así que el canje no me conmueve, prefiero ser fiel a mi estilo y no agarrar por agarrar. No muero por esas cosas, por tener. Es más, mi placard sigue siendo el mismo de siempre, no cambió mucho.

Se te ve cómoda con la sensualidad, ¿es algo que a vos te resulta placentero explotar de vos misma?

Yo creo que es una parte mía que sale, no me ocuparía de explotarla, creo que está un poco en mi esencia. Es algo que sale o no sale, también me gusta mucho mi lado masculino.

¿Dónde reconocés ese lado masculino?

Y, en mi forma de ser, cómo me relaciono. Creo en la simpleza, me siento mucho más cómoda ahí.

¿Hacés terapia?

Sí.

¿Sos de pedir ayuda fácilmente?

Sí, antes me enrollaba sola, y me di cuenta de que hablando las cosas son mucho más fáciles. Lo aprendí a medida que fui creciendo.. •

¿Qué te gustó de esta actriz? ¿Con qué respuestas te sorprendiste? También leé: Julieta Cardinali: "Hacer de mala en una novela es lo más divertido que te puede pasar" y Juana Viale: "La templanza me volvió más femenina".

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