¿Por qué el consumo de libros electrónicos es tan bajo en la Argentina?

Lejos de las expectativas iniciales, los ebooks aún no atraen a los argentinos. Especialistas y miembros de la industria ensayan hipótesis sobre esta apatía digital.
Tomás Balmaceda
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26 de mayo de 2016  • 00:55

En 2017 se cumplirán diez años del lanzamiento del Kindle , el lector de libros electrónicos que revolucionó la industria editorial y que masificó su consumo en todo el mundo. El niño mimado de Jeff Bezos , que sigue evolucionando y ya va por su séptima generación, fue una apuesta arriesgada que le permitió a Amazon consolidarse como una compañía innovadora y de vanguardia. Su aparición entusiasmó tanto que algunos, incluso, se animaron a predecir que con este dispositivo llegaba la muerte del libro de papel. Casi una década después, la profecía demostró ser exagerada, aunque resulta claro que el formato digital llegó para quedarse.

Este fenómeno mundial, sin embargo, aún no tuvo el mismo eco en la Argentina. Lejos de las expectativas que tenían varios jugadores de la industria, en nuestro país el mercado digital languidece con sólo el 2% del volumen de las ventas de libros, muy por debajo del 30% que ostenta Estados Unidos o incluso el 5% de España. Si bien más de la mitad de los argentinos lee al menos un libro al año, el valor más alto de América Latina, son muy pocos los que deciden hacerlo en un ebook. Los números surgen del Informe Estadístico Anual de Producción del libro Argentino y de "La batalla del libro electrónico en la Argentina", un completo informe del portal de catálogos y ofertas online Tiendeo. La página web también analizó las búsquedas de sus usuarios, que hasta 2012 se mostraban interesados tanto en libros electrónicos como de papel, con tres mil búsquedas mensuales en cada categoría. Pero desde ese momento, se produjo una tendencia que hoy parece irreversible: se consultan casi cinco más veces ofertas de libros en papel que en libros electrónicos.

Los precios, una clave

"Creo que son varias las razones que explican estas cifras bajas. La primera es que es imposible comprar un ereader en la Argentina, y si lo comprás un Kindle en el exterior quedás ‘atrapado’ en la oferta disponible de Amazon. Esto significa que si querés leer el El Final , el último libro de Luis Majul, no lo vas a encontrar. La segunda razón es que la barrera entre bajar un libro ‘trucho’ de internet y comprarlo sigue siendo muy significativa. Netflix volvió atractivo pagar 9 dólares al mes frente al esfuerzo de bajar una película, bajar los subtítulos y conectar todo al televisor. En el mundo de los libros electrónicos, la barrera entre el pirateo y lo legal sigue siendo muy alta.", le graficó a LA NACION Juan Ramiro Fernández, fundador de Lectorati, la red social que une a lectores y autores. Bajo su análisis, el enorme desarrollo en dispositivos que hubo en los últimos años no tuvo repercusión en el país por las políticas de importación: "Esa tecnología, que en muchos países es masiva, en nuestro país quedó relegada a un ‘si viajás, ¿te puedo pedir que me traigas un Kindle?’. Esto limita la posibilidad de leer un ebook a otra clase de pantallas: iPads, iPhones, tabletas y teléfonos con Android, aparatos que requieren un acostumbramiento enorme por parte del lector".

Catalina Lucas, Digital Manager del grupo editorial Penguin Random House, coincide con este diagnóstico: "Los mayores obstáculos son los precios y la disponibilidad de dispositivos de lectura. No hay presencia dedicada de las tiendas internacionales más importantes, como iTunes, lo que impide una alta relevancia de la propuesta del contenido. La presencia de los grandes jugadores, además, asegura la masividad de conocimiento del formato digital, ya que motorizan el desarrollo de este mercado". La ejecutiva no ve grandes preferencias entre los argentinos a la hora de elegir qué leer en papel o en digital. "Las categorías que más se consumen online son literatura, ficción, política y actualidad. No difiere en gran medida con el mundo físico. La principal diferencia en este sentido tiene que ver con los libros infantiles, de muy baja demanda en el formato digital", puntualizó.

Para algunos jugadores de la industria, en cambio, no se trata de un número que sea particularmente alarmante ni un fenómeno estrictamente local. Ezequiel Arbusti -gerente de Grupo Vi-da, que incluye a la tienda de ebooks BajaLibros, una de las más grandes del continente-, explicó : "La tasa de lectores está en línea con otros países de la región como Brasil o México. Es menor respecto a mercados muy desarrollados como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia o España. Nosotros creemos que el tiempo de maduración del mercado es fundamental para que la tasa de adopción crezca. Las nuevas generaciones se están incorporando a la lectura en formato digital y eso progresivamente formará un mercado" .

Arbusti se mostró optimista y ensayó una analogía con otros mercados: "De nuestra experiencia previa en otras categorías de contenidos digitales como música o video, podemos asumir que los primeros años la tasa de adopción del contenido digital, en este caso libros electrónicos, crece de manera exponencial en términos porcentuales, pero se mantienen bajos en relación al mercado potencial hasta que en un determinado momento se masifica, se convierte en un nuevo standard. Estamos preparados para dar el gran salto cuantitativo".

Además de Bajalibros, otras librerías locales que venden ebooks son Tematika, la Boutique del Libro y Librerías Santa Fe, entre otras. También tenés sitios que ofrecen libros gratis y en forma legal.

El lector nacional

Boris 611L es el lector de ebooks con pantalla de tinta electrónica de Eudeba
Boris 611L es el lector de ebooks con pantalla de tinta electrónica de Eudeba

Que las ventas representen el 2% no significa, sin embargo, que no haya un aumento en la publicación digital. Según la Cámara Argentina del Libro (CAL), el 15% de las publicaciones son en formato electrónico. Sergio Vázquez, coordinador de desarrollo digital de la prestigiosa Eudeba, concede que los números son bajos, pero apunta a que estas cifras son sobre ventas de contenidos digitales, dejando de lado el fenómeno de las descargas gratuitas, que podrían ofrecer otro panorama. "La mayor dificultad para que los ebooks crezcan es la falta de difusión masiva del concepto y la escasa oferta de lectores adecuados para este tipo de contenido. Por otro lado está el precio, ya que al público le cuesta aceptar que la diferencia entre un libro papel y un libros digital sea solo de un 30%", Con ese diagnóstico, Eudeba tomó algunas medidas interesantes: lanzó su propio ereader-llamado Boris, en homenaje a uno de sus grandes editores, Boris Spivacow, y con tinta electrónica- y edita libros electrónicos al 50% del valor de su versión en papel. En la última Feria del Libro esta oferta se completó con la apertura de su tienda de venta de libros digitales para usuarios de Boris. "En LibreríaBoris.com.ar ofrecemos los contenidos de las principales editoriales comerciales agrupadas en Libranda. Hoy contamos con 7000 títulos y la base se va incrementando día a día, para fines de junio contaremos con una oferta completa de más de 50.000 títulos en formato digital", explicó.

La tan anunciada muerte del libro de papel, entonces, quizá nunca llegue. Desde hace tiempo existen los lectores mixtos, que alternan entre distintos formatos. En Argentina, por ahora, somos más tradicionales. Fernández lo ilustra así: "En Lectorati notamos que los lectores tienden a dividir preferencias: los más fanáticos prefieren el papel porque les gusta la idea de la colección, el objeto, mientras que los más pragmáticos prefieren leer en el formato más práctico en un determinado momento. Algunos libros merecen tenerse en físico, otros pueden ser leídos en un e-reader. La diferencia y criterio entre una decisión u otra, dependerá de un termómetro que va entre ratón de biblioteca y lector veraniego de best-sellers "

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