México 86: las alocadas cábalas de la "secta del gurú Bilardo", cuáles hacía Maradona y qué jugador las sufría

Maradona, primero; Pumpido en segundo lugar y detrás Cuciuffo; el último era Burruchaga; los lugares para entrar en la cancha se respetaron rigurosamente durante todo el torneo
Maradona, primero; Pumpido en segundo lugar y detrás Cuciuffo; el último era Burruchaga; los lugares para entrar en la cancha se respetaron rigurosamente durante todo el torneo Fuente: LA NACION - Crédito: Antonio Montano
El más obsesivo era el DT; los jugadores debían cumplir cada una de las ceremonias que se imponían; enterate cuáles eran
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7 de junio de 2016  • 11:39

No era una, eran decenas. O cientos. Las cábalas obsesionaron siempre a Carlos Bilardo y a su cuerpo técnico. Y no permitía que ninguna deje de repetirse. Había tanta preparación en eso como en el armado de los partidos.

Ricardo Giusti, en una entrevista con LA NACION reconoció alguna vez: "Todavía me causa gracia, pero no lo repetiría. Fue enorme la cantidad de cábalas que teníamos. Nosotros éramos casi una secta en la que Carlos Bilardo era el gurú. Por ejemplo, yo ponía un caramelo en el medio de la cancha antes de empezar a jugar cada partido. Pero eso no era nada: tomábamos mate siempre a la misma hora, en el ómnibus íbamos en los mismos asientos, escuchábamos la misma música y cuando faltaban pocas cuadras poníamos un tema determinado. Hoy me resulta increíble que hiciéramos todo eso pensando que así íbamos a ganar un partido o un campeonato. El cuerpo técnico estaba tan compenetrado con las cábalas que no había ninguna posibilidad de romperlas u olvidarnos de alguna de las miles que teníamos".

Todavía me causa gracia, pero no lo repetiría. Fue enorme la cantidad de cábalas que teníamos. Nosotros éramos casi una secta en la que Carlos Bilardo era el gurú
Giusti

Una de las más absurdas fue la que contó el Tata Brown en el libro El Partido, de Andrés Burgo, sobre una situación que se repetía antes de los partdos: "Cuando terminaban los masajes tenía que sonar un teléfono público que había en el vestuario. La primera vez que sonó fue antes del debut, contra Corea, atendí yo, y quedó. A partir del segundo partido fue obvio que el tipo que llamaba era alguien de la selección, pero nunca supe quién. A veces ya estábamos listos para entrar a la cancha y el teléfono no sonaba. Lo mirábamos y nada. Entonces Bilardo decía "Bueno, dale, vamos a hacer esto", hasta que al fin sonaba y yo corría a atender. Decía "hola" y del otro lado nunca nadie me respondía, así que yo decía "ah bueno, andá a la puta que te parió" y cortaba.

¿Maradona también las tenía? Claro que sí. Lo cuenta Pedro Pablo Pasculli, quien fue su compañero de habitación en la concentración del América: "Diego siempre fue un tipo muy sencillo. La nuestra era una habitación simple, y la cábala que teníamos, era llevar todos los días algo nuevo a la habitación. Una foto, un souvenir, las cosas del mate, un equipo para escuchar música. La íbamos decorando y durante el día pensábamos qué elemento nuevo íbamos a incorporar. Una de esas cosas fue un calendario grande, que pegamos en la pared entre las dos camas. Primero íbamos marcando los días que faltaban para el Mundial. Después veíamos los partidos por tele, anotábamos los resultados, sacábamos cálculos de cómo iba cada grupo y, algo importantísimo, despedíamos a las selecciones que se quedaban afuera. Era nuestro ritual".

Pero Maradona tenía otra. Poco antes de los partidos dibujaba una figura humana en el piso con su ropa. Ponía los botines, las medias, el pantalón y la camiseta. Y mientras su "reflejo" estaba representado con la ropa en el suelo del vestuario, no permitía que nadie cruce por encima.

Muchas otras eran pequeños detalles. El jefe de prensa de la AFA, Washington Rivera, entraba al vestuario, saludaba y se despedía gritando un insulto. Bilardo siempre era el encargado de darle a Moschella, un dirigente administrativo de AFA, la planilla oficial y los documentos de los jugadores antes de llevárselos a las autoridades de partido,

Burruchaga cuenta alguna más: "Teníamos un orden para salir a la cancha. El primero era Diego y el último yo. Bilardo venía siempre atrás y me repetía lo que había que hacer en el partido. Los mediocampistas teníamos que saber todo y, como yo era el último de la fila, me volvía loco".

El único que se sentía en otro mundo con esa ceremonia era Jorge Valdano : "Sí, la cábalas me incomodaban. Soy muy respetuosos con las personales, pero me molestan las colectivas. Al final del campeonato había tantas que aquello parecía una obra de teatro ensayada mil veces. La mía consistía en pensar en el partido. En los momentos previos me molestaba todo: cábalas y libros".

jt/av

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