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La larga risa del hombre más triste del mundo

Maximiliano Tomas
Maximiliano Tomas PARA LA NACION
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29 de mayo de 2016  

Fue Salinger el que puso en boca de uno de sus personajes más famosos, Holden Caufield, aquella frase que dice que "hay escritores a los que uno quisiera llamar por teléfono después de leerlos". Pero Caufield tenía 17 años y no podía imaginar que buena parte de los escritores devendrían en tipos solipsistas y vanidosos, más preocupados por ganar becas o premios que por arrojar al mundo una obra que haga esta vida un poco menos miserable.

En la actualidad, muchas de las reflexiones más profundas acerca de la situación del ser humano y su contexto provienen de terrenos ajenos al campo literario, como pueden ser la física, la neurociencia, el arte contemporáneo y la comedia. Si hay alguien a quien me gustaría no sólo llamar por teléfono sino invitar a tomar unas copas, ése tipo se llama Louis C.K.

Que alguien como Louis C.K., un comediante estadounidense de origen irlandés con sangre húngara y mexicana que tenía todo para perder, un artista del hambre en el sentido kafkiano, llene estadios con sus actuaciones, filme y distribuya sus números por fuera del circuito comercial y al mismo tiempo se haya hecho millonario es algo que estaba fuera de todos los planes. Algunos lo llamarán el sueño americano realizado: yo creo que es una más de las insondables paradojas de este sistema en el que vivimos, denominado con engañosa sencillez capitalismo.

La nueva creación de Louis C.K. se llama Horace and Pete, y es una serie de 10 capítulos de rasgos teatrales, de una morosidad sin atenuantes, que sólo en apariencia es una comedia: como ya lo había demostrado en varias entregas de Louie, el trasfondo de la narración es de una profunda melancolía. Louis C.K. lo escribió, actuó y dirigió (junto a algunos grandes actores, como Steve Buscemi), y lo lanzó sin preaviso, a través de su página web, el 30 de enero pasado.

Detrás de la historia de una familia en bancarrota que tiene que decidir si vender o no el bar que regentea en Brooklyn desde hace 100 años, lo que se pone en juego es, por un lado, una puesta en escena de la variada gama de conflictos humanos. Y por el otro, una radical redistribución de cartas a la hora de realizar un producto televisivo. La revista The New Yorker tituló una nota sobre la serie con esta pregunta: "¿Podemos asegurar que Horace and Pete es realmente televisión?". "La independencia de la producción y la novedad en su modo de distribución lleva la categoría a sus límites". La serie completa cuesta 31 dólares. Uno puede pagar cinco por el primer capítulo y optar por seguir viendo o no.

Louis C.K. es parte de una generación integrada por grandes comediantes, como Jerry Seinfeld, Chris Rock y Ricky Gervais. Pero, a diferencia de ellos, hay en cada una de sus intervenciones (si dejamos de lado al C.K. más conocido, el de la incorrección política de sus presentaciones masivas) una tristeza indisimulable. Con un siglo de diferencia, con la palabra y una gestualidad apocada en lugar del silencio y los tropiezos físicos, Louis C.K. tal vez sea quien más cerca esté hoy de aquel otro enorme hombre triste conocido como Charles Chaplin.

El autor es crítico literario y periodista

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