Los Fabulosos Cadillacs estrenaron formación en el Luna Park

Con los hijos de Vicentico y Flavio como integrantes estables, la banda repasó un repertorio de clásicos
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29 de mayo de 2016  • 15:41

En el inicio de una nueva gira continental, el sábado por la noche Los Fabulosos Cadillacs volvieron a subirse al escenario del estadio Luna Park tras dos años sin tocar en Buenos Aires. El recital -con entradas agotadas- tuvo lugar apenas un día después del lanzamiento de La salvación de Solo y Juan, el primer disco completamente conformado por canciones inéditas de la banda en casi dos décadas. Sin embargo, el show no fue la típica presentación de un álbum nuevo, sino un recorrido por los grandes éxitos de los Cadillacs, que recientemente incorporaron a Astor Cianciarulo y Florián Fernández Capello (hijos de Flavio y Vicentico respectivamente) a sus filas. El desafío, entonces, era abordar un repertorio de clásicos con una formación nueva, ante un público fiel cuyo promedio de edad está entre los treinta y los cuarenta años.

Quizás la gran novedad de la versión 2016 de los Cadillacs haya sido la incorporación de Astor como segundo baterista en más de la mitad del show, una decisión que aumentó el poder de patada del grupo. Si clásicos como "El genio del dub" y "Manuel Santillán, el león" ya de por sí tienen un fuerte componente rítmico que hace que el público automáticamente se levante del asiento, el efecto se potenció al reemplazar la percusión con una batería completa. Astor y Fernando Ricciardi por momentos siguieron el mismo patrón rítmico (en la seguidilla hardcore-ska de "V centenario" y "Piazzola" la cosa se puso violenta) y por momentos se cruzaron para enriquecer el beat.

El show estuvo organizado de manera tal que dos segmentos de temas clásicos quedaron separados por un pequeño bloque de estrenos de La salvación de Solo y Juan en el medio: "Navidad", "No era para vos" y "La tormenta". En ese momento Astor pasó de la batería al bajo y Flavio se convirtió en el segundo guitarrista de la banda, dándole más libertad a Florián, que hasta entonces cargaba con la responsabilidad de ser el único violero de los Cadillacs. Esta disposición de los instrumentos permitió no solo que las guitarras se soltaran un poco, sino también que los teclados de Mario Siperman ganaran protagonismo, y así el grupo logró acercarse al sonido texturado, orquestal y dramático del disco nuevo, una ópera rock basada en la historia de dos hermanos. Si con Astor en la batería la banda ganó en potencia, con Astor en el bajo ganó en profundidad.

Como para evidenciar aún más el espíritu familiar que parece definir la dinámica de los Cadillacs, el grupo quedó armado con Florián, Vicentico, Flavio y Astor en primera fila: dos padres y dos hijos al frente de una de las bandas más grandes de Latinoamérica. (La manera en que Florián y Astor se buscaban en el escenario para quedar espalda con espalda le daba a la imagen una aire de ternura). Antes de reacomodarse como en el comienzo para encarar la recta final, hicieron una versión hermosa y lentísima de "Siguiendo la luna", y Vicentico aclaró: "Es del profesor Sergio Rotman". De esta manera recordó al saxofonista que decidió no participar de esta serie de shows. Rotman volverá a sumarse para la presentación de La salvación de Solo y Juan, que tendrá lugar a fin de año, una vez que el grupo haya visitado Chile, Estados Unidos, Costa Rica y México.

El último tema de la lista previo a los bises (una seguidilla de puros hits: "Calaveras y diablitos", "Vos sabés", "Vasos vacíos", "Matador" y "Yo no me sentaría en tu mesa") fue "El satánico Dr. Cadillac", quizás como una forma de recordar que, a treinta años de su primer disco, acá siguen los Cadillacs tocando para vos.

Por Lucas Garófalo

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