Suscriptor digital

De un Beethoven propio a un Gershwin ajeno

Pablo Kohan
(0)
30 de mayo de 2016  

La Sinfónica alemana, dirigida por Jonathan Nott
La Sinfónica alemana, dirigida por Jonathan Nott Crédito: Teatro Colón

Sinfónica de Bamberg / Solista: Maciej Pikulski, piano / Director: Jonathan Nott / Programa: Beethoven: Obertura Egmont; Gershwin: Concierto para piano y orquesta en Fa mayor; Beethoven: Sinfonía N° 6, Op. 68, Pastoral. Nuova Harmonia / Teatro Colón / Nuestra opinión: muy bueno

Para que quede claro desde el comienzo, la Sinfónica de Bamberg, dirigida por Jonathan Nott, es una orquesta estupenda. Sin embargo, el concierto del sábado, en el Colón, fue, cuanto menos, extraño. Tomado en su conjunto, un concierto público debe tener, en cuanto a sus contenidos, algún hilo conductor, una ilación artística que le dé sentido o una continuidad determinada que desemboque en una resolución final. También puede ser que un concierto no sea más que una suma virtuosa de creaciones individuales de alto interés. Pero no queda claro cuál fue la intención de plantear una sucesión Beethoven-Gershwin-Beethoven. Además, con desenlaces disímiles, porque tuvo realizaciones sobresalientes en sus extremos y otra un tanto anodina en el centro.

Jonathan Nott distribuyó la orquesta de un modo curioso, que, a la luz de los resultados, fue altamente efectivo. En el proscenio, enfrentados, los primeros y los segundos violines; en el centro, chelos y violas, y por detrás de los primeros violines, los contrabajos. Claro, la sonoridad sólida y atrapante percibida en el teatro no fue sólo por una disposición determinada, sino porque la orquesta tiene un plantel de altísimo nivel, parejo en todas su filas, y porque fue sabiamente coordinada por Nott, un artista que supo distinguir y concretar de modos diferentes dos obras beethovenianas tan disímiles como la volcánica Obertura Egmont y la descriptiva y efectivamente pastoral Sinfonía N° 6.

Desde el rotundo primer acorde, la orquesta mostró su personalidad. Después de ese sonido inicial, categórico, macizo y doloroso, los músicos trajeron todos los colores y los matices imaginables, exactamente los necesarios para pasearse por una partitura de infinitas variantes dentro del heroísmo general inherente al personaje retratado. Con la Pastoral, Nott, atento a las descripciones que Beethoven señaló en esta sinfonía casi programática y a los contenidos estrictamente musicales, fue construyendo movimientos y escenas de muy buena definición. Nott sabe exactamente qué quiere y los músicos, con un ajuste y una afinación irreprochables, le responden con absoluta lealtad. Las dos obras de Beethoven fueron una auténtica fiesta. Después de todo, en el escenario del Colón estaba una orquesta formada en la mejor tradición alemana haciendo dos obras que le van de maravillas. Algo que no pasó con el concierto de Gershwin.

No es sencillo acercarse a una obra cuyo discurso está elaborado sobre recursos armónicos, melódicos, rítmicos y tímbricos de la música urbana estadounidense, más exactamente la neoyorquina. La Sinfónica de Bamberg, no podía ser de otro modo, estuvo correctísima, pero su ejecución sonó amable, casi cordial, a distancias fenomenales de esos contenidos tan punzantes y con un lirismo a años luz de Beethoven. La ajenidad hacia ese swing tan peculiar quedó de manifiesto desde la introducción que anticipa la aparición del piano. Y acá estuvo el otro elemento que no contribuyó para una mejor resolución. Maciej Pikulski es un gran pianista, pero en este concierto no estuvo a la altura de las circunstancias, al lucir un tanto pasivo y sin esa rugosidad jazzística tan necesaria. Sujetado por las marcaciones y las exactitudes de Nott, y hasta ocultado, ocasionalmente, por la potencia de una orquesta a la cual no pudo superar, su interpretación, con una técnica consumada, fue muy expresiva, pero carente de esos aromas tan propios de Gershwin. Fuera de programa, Pikulski interpretó la "Paráfrasis de concierto" sobre Rigoletto, de Liszt, y acá, en terreno conocido, sí pudo exhibir todo su talento.

Después de los aplausos, fuera de programa, Nott y los músicos ofrecieron interpretaciones magistrales de la obertura de Las bodas de Figaro, de Mozart, y, para demostrar un virtuosismo orquestal superior, del final del Concert romanesc, una obra temprana de Ligeti.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?