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Crónicas de un chico de pueblo

Con su escultura Homenaje al Sánguche de Milanesa hizo furor en ArteBA. Antes, había agitado la tranquilidad de su Tucumán natal. Ahora expone en Duplus
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29 de junio de 2001  

Desde que empieza la charla no titubea un momento. Todos decían que era tímido, pero ahora exhibe una notable habilidad para hilvanar tema tras tema; tanta, que casi no es necesario preguntarle nada. A veces hasta da la sensación de que habla sólo para sí mismo, de que piensa en voz alta. Y entonces viene la duda:¿no será esta forma de sobreexposición una señal de timidez crónica?

Como lo pregona en el título de la muestra que está presentando en el espacio Duplus, Sandro Pereira es, en definitiva, un Muchachito de pueblo , y viene a Buenos Aires con cierto ímpetu anticolonialista y un suave acento irónico en sus reflexiones.

Nacido en 1974, se formó en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, pero tuvo los primeros contactos directos con el arte moderno y contemporáneo en las bienales de San Pablo (1994, 96 y 98). Y sólo en 1999 pisó por primera vez Buenos Aires.

Si es cierto que no importa conocer al personaje para leer la obra, en ésta, sin embargo, hay sobrados indicios del personaje: por un lado, la sobreexposición que le permite el autorretrato; por otro, la ironía, presente en cada una de sus esculturas, desde los diminutos muñecos de cerámica hasta los monumentos de resina.

El Homenaje al Sánguche de Milanesa es de estos últimos. El gigante blanco abrazado al plato más popular de la cultura urbana del Norte agitó, en diciembre, la tranquilidad tucumana y, hace un mes, causó sensación en ArteBA. Fueron los escalones para saltar a una fama rápida, casi podría decirse obvia. Porque si algo suscita la obra de Sandro, es la atracción general.

Esa obra, que empezó siendo una forma de referir a los complejos que el artista tiene con su propio cuerpo, se entendió también, desde el principio, como una reflexión -ingenua, por cierto, pero no menos efectiva- sobre problemas que afectan a mucha gente.

Primero se comentó entre los vecinos del barrio, zona de clase media baja de una ciudad arrasada por la furia de Bussi. Sandro instaló el taller en el garaje de su casa, y como suele trabajar con materiales tóxicos, mantiene las puertas abiertas. Así es como muchos que pasaban por la calle descubrieron al joven artista.

Después vino la intervención que ideó para el parque 9 de Julio, de su ciudad natal. Como monumento que es, el Homenaje debía encontrar emplazamiento a su medida, y así fue como, por un día, compartió cartel con las esculturas de próceres puestas allí en los años de la dictadura.

A pesar de su porte glorioso, resultaban imágenes vaciadas de contenido, más patéticas cuanto más se las confrontaba con la potencia del personaje bonachón de Pereira, auténtico reflejo de la nueva, decadente, realidad tucumana. Kevin Power, crítico inglés radicado en España, escribió un texto agudísimo para el catálogo que se repartió en ese "acto". A pesar de la lejanía, entendió perfectamente el juego de la escultura en el contexto:"...su obra debilita la tradición del monumento y se burla de lo heroico, que se viene abajo engullendo lo que haya, ¡tanto cerveza como milanesa! Actúa como un lamento irónico y burlón sobre la falta de seguridad de un referente cultural, en un clima en que los argentinos se han convertido, con su inteligencia morbosa, en kilos objetivos de su propia risa amarga". Implacable.

En ArteBA, la feria de galerías porteña, el monumento parecía desprotegido, él mismo un poco vaciado ante el cambio de escena:de la barbarie puesta en evidencia a la hipercivilización chic. Eso no impidió que fuera la obra más comentada entre miles, y que, el día de la inauguración, el presidente de la feria, Juan Cambiasso, pagara por ella $ 10.000. "Cuando llegué a ArteBA me quedaban $ 30. No tenía plata ni para volver", relata Sandro como si recordara un milagro.

Los chicos de Duplus pagaron el flete para traer la escultura, y ahora velan por las pequeñas piezas que se exhiben en la sala del Abasto. Sandro está en cada una de ellas, a la vez como una referencia personal y como una cita a las cerámicas antropomorfas de las culturas indígenas tucumanas (Alamito, Tafí, Santa María, Candelaria). El Homenaje se asocia al mismo origen.

El artista se enoja cuando piensa en cómo los españoles destruyeron toda esa riqueza, y rápidamente trae el problema a la actualidad."Acá en Buenos Aires pasa algo parecido: los porteños se dejan aplastar por la cultura yanqui", dice. (A través de la ventana se puede ver el McDonald´s de la esquina de enfrente).

No por nada cada uno de los muñequitos que muestra en Duplus está parado sobre macetones con tierra tucumana. Trasladar lo propio adónde vaya, metafórica o materialmente, es una constante para Sandro. Pero también tiene otras formas de hablar de la pérdida de la identidad y la memoria.

Desde haces unos años, un autorretrato en plastilina caracterizado como Superman se degrada lentamente en su garaje. La escultura se llama, fiel a las ironías del autor, Supermansito . "Es un héroe yanqui que se está cayendo a pedazos acá. Un día entró un bombero y me dijo que lo registrara, que guardara la memoria de cada grieta", relata, y se maravilla de la sensibilidad de la gente que, en principio, no es experta en arte.

El bombero hacía referencia a la memoria, un tema central para Sandro. "Cuando me pasa algo muy importante, me tatúo en la espalda una imagen que me lo haga recordar. Así hacían los indígenas. Cuando la gente es grande se olvida de la importancia que para uno tuvieron algunos amigos o hechos. Marcarse el cuerpo significa conservar la memoria", razona. Yparafrasea un comentario que le hizo el pintor Tulio de Sagastizábal en un encuentro de análisis de obra organizado por Trama. "Cuando, el día de mañana, te des vuelta, vas a ver toda tu vida registrada en los autorretratos." Otra confirmación del sentido de su trabajo.

Power lo invitó ahora a participar de una exposición colectiva en Granada, en la que se reunirán obras de artistas imbuidos de las claves culturales de la zona andina de toda América. Hasta allá viajarán los álter ego del artista, que son también los de muchos de nosotros.

Perfil del personaje

  • Hasta hace poco un ignoto Muchachito de pueblo -ése es el nombre de la exposición que presenta en Buenos Aires-, Sandro Pereira, se hizo famoso con sus autorretratos escultóricos.
  • Aunque en principio habla de su propia historia, sus obras refieren a problemas de identidad y memoria que afectan a mucha otra gente.
  • Con ingenuidad y suave ironía, su trabajo habla por igual a espectadores de contextos muy diversos.
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