NiUnaMenos: 275 femicidios entre una marcha y otra

En un año, se mantuvo el índice de crímenes, que convoca hoy a otra protesta
Fernando Rodríguez
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3 de junio de 2016  

Junio 2015: en Córdoba, Maru Acosta (centro) pide justicia por el asesinato de su hermana Paola y el intento de asesinato de Martina, la hija de Paola
Junio 2015: en Córdoba, Maru Acosta (centro) pide justicia por el asesinato de su hermana Paola y el intento de asesinato de Martina, la hija de Paola Fuente: Archivo - Crédito: Diego Lima

Hace un año, la marcha que respondió a la consigna #NiUnaMenos marcó un hito: hizo visible la tragedia de miles de víctimas de la violencia sexista e incentivó un llamado a la conciencia de toda la sociedad para poner freno al drama de tantas mujeres que aún sufren este flagelo que las pone permanentemente en peligro sólo por su condición de género.

En la víspera de una nueva manifestación, hoy a las 17, en la Capital y en otras 120 ciudades del país, la ONG La Casa del Encuentro, pionera con sus estadísticas, reveló que, entre el 1° de junio del año pasado y el 31 de mayo último hubo 275 femicidios: un promedio de tres mujeres asesinadas cada cuatro días.

La cifra de este recorte temporal marca un levísimo retroceso en el número de víctimas: en 2015, se produjeron 286 casos de violencia de género con desenlace mortal.

La marca de los últimos 12 meses se sitúa prácticamente en el mismo nivel que en 2014: entre el 1° de enero y el 31 de diciembre de ese año hubo 277 femicidios.

La fría estadística, que reduce a números tragedias reales con nombres y apellidos, revela que la mayoría de las víctimas tenían entre 19 y 50 años, y que en el 80% de los casos conocían a sus asesinos: esposos, parejas, novios, ex relaciones de todo tipo, padres y padrastros, vecinos e incluso hijos.

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La estadística refleja, además, un drama al que el Estado aún no ha conseguido ponerle freno, incluso cuando en los últimos años se han dictado leyes específicas, como la tipificación del delito de femicidio, y se han creado dependencias oficiales para abordar la problemática, como el Consejo Nacional de las Mujeres, que encabeza Fabiana Túñez, una histórica militante en esta lucha que por estos días trabaja en la elaboración de un plan para prevenir, sancionar y erradicar la violencia machista. Pero, mientras tanto, las mujeres siguen siendo blanco de la locura.

Los especialistas en la materia sostienen que el acceso a la Justicia para las víctimas es uno de los eslabones débiles de la cadena de sucesos que pueden llevar los hostigamientos, las amenazas y la violencia física y psicológica contra las mujeres a un resultado de muerte. Entre esas fallas en la prevención señalan la desconexión entre los fueros civil y penal.

El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos impulsa un modelo de atención integral para la violencia doméstica y sexual, con apoyo jurídico, terapéutico y social para las denunciantes desde el inicio de los procesos. Ese modelo se complementa con el armado de un equipo de jueces y fiscales con competencia penal y civil para casos de violencia de género, pensado, precisamente, para comenzar a cerrar aquella brecha.

También prevé la entrega de pulseras electrónicas de monitoreo y detección de proximidad para garantizar una alerta temprana en aquellos casos en los que existe una orden de restricción de acercamiento y el potencial agresor se adentra en el perímetro protegido.

La idea es que la carga de la alerta no recaiga exclusivamente en la víctima, obligada por las circunstancias, por ejemplo, a gritar para alertar a vecinos, hacer un llamado telefónico o pulsar un botón antipánico. Eso es lo que le pasa hoy, por ejemplo, a Adriana Toporovskaja, cuya historia dramática publicó LA NACION en su edición de ayer. Desde que el 24 de marzo pasado su ex pareja comenzó a amenazarla y hostigarla -mostrándole carteles intimidatorios desde el colectivo que maneja o parándose enfrente de su local de Morón, a pesar de la restricción dictada- para hacerle sentir el terror de su presencia cercana, ella ya no sale a la calle sin su botón antipánico y un frasco de gas pimienta.

El análisis de las cifras

El 37% de los casos ocurrió en Buenos Aires; el distrito que concentra el 39% de la población del país fue escenario de 102 homicidios de mujeres. Sin embargo, el ranking de femicidios no es directamente proporcional a la cantidad de habitantes. Salta, donde viven 1,5 millones de personas, tuvo 21 femicidios, casi lo mismo que provincias que la duplican en población, como Santa Fe (23) y Córdoba (20), y cinco veces más que Tucumán, que sufrió cuatro casos con prácticamente la misma cantidad de habitantes. En la Capital, el último año, hubo 13 femicidios.

De las 275 víctimas entre el 1° de junio de 2015 y el 31 de mayo pasado, 216 (el 78,5%) conocían al homicida. Esposos, parejas y novios fueron los victimarios en 108 casos; los ex, en 54; padres y padrastros, en 13; vecinos o allegados, en 23; familiares, en 12; hijos, en 5, y proxenetas, en uno. En 59 casos no se verificó un vínculo aparente, según reza el informe.

La mayoría de las víctimas, 100, tenía entre 31 y 50 años; 95 mujeres de entre 19 y 30 años fueron asesinadas en el último año. Entre 13 y 18 años tenían 29 víctimas; 11, entre 2 y 12. Mataron a una niña de menos de 2 años y a 35 mujeres de entre 51 y 65 años. En cuanto a los femicidas, 167 están en el rango que va de los 19 a los 50 años.

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En cuanto al lugar del hecho, 171 casos ocurrieron en la vivienda relacionada con la víctima, con el victimario o con ambos. Como ocurrió el 21 de agosto pasado en el country Martindale, de Pilar, donde el ejecutivo Fernando Farré mató de 70 cuchilladas a su mujer, Claudia Schaefer.

Murieron baleadas 66 mujeres; eso le pasó el 27 de abril pasado a Natalia Liva, a manos de su pareja, el policía Axel Riquelme, en La Matanza. Al igual que María Belén Morán, que el 29 de julio fue degollada por su ex pareja en Manzanares, murieron por la acción de un puñal 57 mujeres. Y fueron estranguladas 21, como Micaela Ortega, la chica de 12 años, en Bahía Blanca, el 23 de abril pasado.

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