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Chiara Páez, el crimen de la adolescente que disparó las marchas de Ni una menos

La adolescente, de 14 años, fue asesinada por su novio de 16 años en Rufino, Santa Fe; su papá recordó que tras la muerte de su hija tuvo que irse del pueblo; “Da mucha impotencia ver que mi siguen matando a chicas como si no pasara nada”, admitió
Germán de los Santos
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3 de junio de 2016  • 12:25

ROSARIO.- A Chiara Páez, de 14 años, la encontraron hace poco más de un año enterrada en el patio de la casa de los abuelos de su novio Manuel Vallejos, de 16 años, en Rufino, en el sur de Santa Fe. El joven asumió la culpabilidad del crimen, aunque en tres oportunidades se comprobó que mintió cuando relató cómo mató a la chica. Por eso sus dos abuelos, su padrastro y su madre también fueron imputados -aunque están en libertad- como partícipes del crimen que conmocionó a una localidad de 20 mil habitantes del sur de Santa Fe y disparó las marchas en todo el país bajo la consigna Ni Una Menos.

Chiara fue asesinada a golpes. Había sido vista por última vez el domingo 10 de mayo de 2015, alrededor de la 1.30, en las inmediaciones de la escuela de Educación Técnica Nº 286, cuando iba a la casa de unas amigas, con quienes nunca llegó a encontrarse. Los familiares y amigos, junto con la policía y los bomberos, buscaron a la adolescente por toda la zona ese domingo. Su cuerpo apareció enterrado en la casa de los abuelos de su novio.

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Según la autopsia, la joven además estaba embarazada y tenía restos de Oxaprost-antiinflamatorio usado para abortar- en su cuerpo. Ese domingo, mientras los familiares de la joven, pobladores, y fuerzas de seguridad, realizaban rastrillajes para dar con su paradero, en la casa de Manuel se realizaba un asado, a metros donde estaba enterrada la adolescente. Esos detalles encendieron la ira de los familiares y amigos de la víctima.

Minutos antes del hallazgo del cadáver, Manuel se presentó junto con su padre Rubén Mansilla en una comisaría local, donde confesó haber perpetrado el asesinato y quedó detenido. También se investigó a Mansilla, porque se creía que él también sabía de la muerte de Chiara y encubrió a su hijo.

El crimen, el disparador

El homicidio de Chiara fue el disparador de la convocatoria el 3 de junio pasado de las marchas que se hicieron en todo el país bajo la consigna Ni una menos, que dejaron al descubierto el profundo problema de los femicidios: 286 víctimas de femicidio en 2015. "Da mucha impotencia ver que después del crimen de Chiara siguen matando a chicas como si no pasara nada", sostuvo el papá de la víctima.

Fabio Páez, de 48 años, el padre de Chiara, recordó que hace un año su vida "se hizo pedazos". No sólo cambió por el crimen de su hija. Se sumaron otros problemas. Su mujer falleció de una enfermedad terminal, y tuvo que poner el pecho para sostener a sus cinco hijos. Decidió "autoexiliarse", según cuenta, e irse lejos de Rufino, el lugar donde nació hace 48 años y formó su familia que solventa con el trabajo de la tierra. Prefirió instalarse en Mendoza con sus dos hijos menores, de 7 y 9 años.

Páez no tramó su despedida del pueblo sólo por un cambio de aire después del duelo de su hija. "Si me quedaba sabía que iba a cometer una locura. Estaba dispuesto a matar a los familiares de este criminal, porque todos ellos fueron los que mataron y enterraron a mi hija", confiesa el productor agropecuario en diálogo con LA NACION.

El padre de Chiara está convencido de que Manuel no actuó en solitario para matar a la chica. Él cree que participó toda la familia, los dos abuelos, el padrastro y la madre del chico de 16 años. El fiscal mantiene una hipótesis similar, aunque hasta ahora no encontraron las pruebas –a causa de una investigación deficitaria– para cerrar la historia de cómo apareció Chiara muerta a golpes enterrada en un pozo en una casa de San Martín al 800.

Páez es un hombre tranquilo, que -según admite- nunca "se metió en problemas". Es muy querido en Rufino, donde muchos recuerdan la imagen de Páez tratando de contener a la gente que se había movilizado y estaba enardecida, con intenciones de ir a linchar a los supuestos culpables.

"Tuve que autoexiliarme"

"Yo los paré en aquel momento. Pero no sé si ahora ellos me pueden parar a mí. Por eso decidí irme, porque no puedo dejar a mis dos hijos solos. Debo protegerlos y tuvo que autoexiliarme", explica. Sigue con meticulosidad el avance de la investigación, que critica con severidad. Y cada tanto vuelve a Rufino a ver sus tres hijos que viven en el pueblo.

Páez advierte que en la familia "están tan acostumbrados a reclamar justicia; a esta altura parece que la mendigamos". Manuel, quien confesó el crimen, está detenido en Venado Tuerto, a unos 105 kilómetros de Rufino.

Desde agosto pasado están en libertad su madre Carolina Vallejos y su esposo Carlos Alberto Cerrato, luego de que el camarista Fernando Vidal se amparara en el beneficio de la duda para revocar la prisión preventiva. Ocurrió lo mismo con los dos abuelos de Manuel, quienes también estaban esa noche en la casa de San Martín al 800.

El caso está en manos del fiscal Mauricio Clavero, que decidió imputar a los cuatro adultos como partícipes primarios del crimen. Los últimos resultados de las pruebas de ADN que se obtuvieron no lograron solventar la hipótesis de la Fiscalía, de que los abuelos, la madre y el padrastro de Manuel -que es un ex boxeador- participación en la muerte de la chica. Faltan algunas pruebas más para terminar de definir el camino de cara al juicio, que es probable que se realice antes de fin de año. "Chiara pesaba 68 kilos y hacía hockey una sola persona no la hubiera podido manejar jamás", manifestó Páez.

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