Mercedes Morán, confesiones de mujer

La actriz escribió el unipersonal que también protagoniza y que, bajo la dirección de Claudio Tolcachir, estrenó este fin de semana en el Roxy, de Mar del Plata; el viernes próximo lo traerá al tan porteño teatro Maipo
Darío Palavecino
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5 de junio de 2016  

Claudio Tolcachir y Mercedes Morán en un ensayo previo al estreno
Claudio Tolcachir y Mercedes Morán en un ensayo previo al estreno Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

MAR DEL PLATA.- "Allá, allá", señala hacia la derecha el director Claudio Tolcachir cuando la duda de la protagonista es a la luz de cuál de cuatro reflectores corresponde el momento. "La gorra más arriba, ¿puede ser?", piden desde la cabina de iluminación y sonido, en pleno ajuste técnico. "¿Ahora sí? ¿Cómo se ve?", pregunta Mercedes Morán, y con visto bueno, avanza en este largo último ensayo en el teatro Roxy. Va, vuelve, repasa y corrige, siempre sola sobre esas tablas, aunque eso es lo que se ve. Porque está allí con su mejor selección de afectos, recuerdos y emociones con los que dio forma a ¡Ay, amor divino!, la obra que le permite algo más que correr el velo a su intimidad más profunda. Marca también su debut absoluto como dramaturga y su primera vez en el siempre desafiante mundo de los unipersonales.

Viene la prueba de pantalla de LED, chequeo de imágenes para proyectar y registro de algunos crudos mientras suena esa música de los años sesenta con la que, sin dudas como entonces, ella se deja llevar. Caderas de aquí para allá, los brazos y pies al ritmo y la misma sonrisa con la que cuenta la felicidad de este sueño cumplido.

"No sé por qué todavía, de dónde brotó esto, pero tenía ganas de hacer algo sola y atreverme a vincularme desde mí misma", cuenta a horas de enfrentar durante todo este fin de semana al público marplatense, elegido por el productor Lino Patalano como escala previa a su inminente presentación en la cartelera porteña, donde podrá vérsela, a partir del próximo viernes, en el teatro Maipo.

La idea la tuvo en mente durante varios años y en los últimos tiempos se volvió incontenible. Volcarla al papel era una necesidad pero tuvo que relegarla por sus recientes participaciones en cine. Primero el rodaje de Neruda, del otro lado de la cordillera de Los Andes y a las órdenes del director chileno Pablo Larraín, película en la que interpreta a la segunda esposa del célebre poeta. Y luego Maracaibo, que aquí coprotagoniza con Jorge Marrale bajo dirección de Miguel Ángel Rocca.

Se resistió a esto de escribirla durante vuelos y viajes, con pausas obligadas. Así que dejó madurar el asunto, esperando hasta encontrar el tiempo ideal para sentarse a escribir. Sola y siempre con el cercano aporte de Cinthia Guerra, su asistente de dirección. "Fue un volcán de historias", reconoce Tolcachir, que siguió paso a paso este proceso y dice haberse limitado a tener el rol de "partero" del proyecto: "Era cuestión de que ella se sintiera cómoda y que la obra aparezca", resume.

Morán admite que sentía necesidad de profundizar su confianza en el vínculo con el público y despojarse por una vez de personajes detrás de los que dice haberse protegido o escondido en cada uno de los papeles que le tocó encarar en su carrera. Atrás quedó el pudor y fue puro coraje para contar y, a partir de este fin de semana, interpretar.

La idea hacía tiempo que le retumbaba y ya la había puesto a consideración de sus más cercanos. Una de las confidentes fue China Zorrilla, cuya respuesta de entonces fue tan optimista y original que aparece en el programa del espectáculo que se entrega en sala. "Hacelo como en el living de tu casa, pero más fuerte y sin chocarte los muebles", le ordenó su admiradísima colega y amiga.

Así nació ¡Ay, amor divino! que Mercedes Morán describe como una serie de cuentos que hilvanan etapas de su vida y cómo cada uno de ellos, a su modo y momento, fueron atravesados por las distintas formas del amor. Entonces aparecen el que sintió por Dios una niña hija de una madre archicatólica; la crianza en el pueblo y la gran mudanza a la ciudad. Por supuesto está aquel primer amor de la infancia, a los padres, al personaje de TV cuando era chica y ni sabía que se iba a dedicar a la actuación. "Y al amor real, claro", acota como si fuera una obviedad.

Las hojas de su suerte de diario íntimo pasan una tras otra a partir de situaciones que pueden despertar la sonrisa del público. Pero en el fondo siempre conllevan algún conflicto que marcó a la protagonista. En particular allá atrás, en el tiempo, en esa infancia en la que cree que vive la verdadera persona que es. "Es por allí donde se ha creado esto que hoy uno lleva encima", afirma sin vacilar.

Desde su génesis, la obra se pensó para salir de gira. El propio Patalano avaló esa idea con la convicción que recién se presentaría en Buenos Aires al final de la hoja de ruta que aún sigue sumando destinos del interior y algo más allá de las fronteras. Incluso del océano Atlántico, ya que España es una plaza que le tienta y le sienta bien a Morán. Pero en algún momento, el productor cambió los planes y, al final, ¡Ay, amor divino! se quedará este mes y el próximo en el Maipo.

Satisfecha con el resultado, conforme con la carrera profesional, la actriz confiesa que esta obra es consecuencia de la necesidad de hablar de lo que le pasa hoy y ahora como mujer. Puntualiza en ese umbral que es pasar los 50 años y la "mala prensa" que dice que se le atribuye a esta etapa de la vida. "Quería llegar ahí, pero después de hacer un recorrido, por eso ese repaso desde la infancia", remarca sobre aquel punto de partida que se terminó convirtiendo en meta de llegada.

Y parece que el objetivo se empezó a cumplir. Lo confirma la satisfacción de Tolcachir, en medio de los últimos retoques a la puesta. El director asegura que Morán salió de su zona de confort y que en esta obra "es ciento por ciento ella".

"Logra mostrar cómo va cambiando su cabeza desde la nena, el despertar sexual, el rol de madre, pero todo con humor y mucha humanidad", cuenta Tolcachir. Admirador profundo de la protagonista, valora que como autora le deja una propuesta clara al espectador: "Sentate acá conmigo que te voy a contar de dónde vengo y quién soy", resume.

Ese monólogo deja hablar a su corazón. Es un viaje por las distintas etapas, desde la niña hasta la mujer, de ser aquella madre joven a esta experimentada actriz, todo en un vuelo de algo más de una hora que reserva el tramo final a una suerte de epílogo en el que la protagonista se planta en estos días y, con el recorrido a cuestas, se permite hacerle frente al presente. Con sus angustias, las felicidades y las perturbaciones que asoman en el horizonte y requieren destreza para superar.

De esta cronología de su vida personal, por lo que pudo volcar y significa, Morán explica a LA NACION que disfruta de manera particular y muy especial cada una de las partes en las que evoca a su padre, que perdió hace algunos años. Hasta acepta que le dedicó tanto que la obra estuvo a punto de desviarse y convertirse en un homenaje a él. "Lo disfruté mucho y encontrarme con él, cada noche sobre el escenario, es un momento que disfruto especialmente", reconoce con emoción.

La obra que concibió de punta a punta y hoy la devuelve a la escena teatral cree que solo fue posible porque se rodeó de gente que confió en ella y mucho, tanto en el ámbito familiar como en lo profesional. Y acepta que le importa poco cuánto pueda aportar a su carrera. Sí, en cambio, espera que le signifique un aporte para crecer como persona. Dice que su más grande deseo, más allá de la cantidad de aplausos, es que sea "una experiencia feliz para mí y para la gente".

¡Ay, amor divino!

Unipersonal de Mercedes Morán dirigido por Claudio Tolcachir

Teatro Maipo, Esmeralda 443

Funciones, viernes y sábados, a las 21, domingos, a las 19.30.

Estreno, viernes 10 de junio

Entradas, desde 200 pesos

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