El camino del Correo a un megacentro cultural

Alicia de Arteaga
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13 de junio de 2016  

El CCK es la mayor inversión en un proyecto cultural hecha en la Argentina en toda su historia. Curiosamente, la idea de la transformación del Palacio de Correos en el centro cultural para celebrar el Bicentenario nació en una edición del coloquio empresario de IDEA, cuando Roberto Lavagna era ministro de Economía. El guante lo recogió primero José "Pepe" Nun, secretario de Cultura, para pasar luego al área del ex ministro de Planificación Julio De Vido, responsable de una obra eterna y multimillonaria.

Con cinco veces el presupuesto previsto, que saltó de 900 millones a 3000 millones de pesos, el CCK no pudo abrirse en 2010 y fue inaugurado, sin terminar, el 25 de mayo de 2015 por Cristina Kirchner. La autodefinida "arquitecta egipcia" no imaginó que tras la derrota electoral, el CCK sería la piedra de toque de la política de comunicación y contenidos del ministro del área Hernán Lombardi.

Hombre de acción, Lombardi asumió la responsabilidad de definir el destino y poner en marcha este elefante blanco con menos empleados y una programación abierta a todas las disciplinas en un espacio ideal para desplegar arte contemporáneo.

Patrimonio

Construido por encargo de Ramón J. Cárcano, director nacional de Correos en 1890, según un proyecto del francés Norbert Maillart (Colegio Buenos Aires, Palacio de Tribunales), el ex Correo es una joya del patrimonio arquitectónico de Buenos Aires. Maillart, discípulo dilecto de la École des Beaux-Arts, se bajó del barco para cumplir el sueño de Cárcano en tiempo de vacas gordas.

Con plata argentina viajó por el mundo y encontró en el correo de Nueva York el modelo para su obra porteña. Demoró más de la cuenta por la mala calidad de los terrenos ganados al río, pero una vez terminado resultó un modelo urbe et orbi.

El complejo ocupa la manzana de Sarmiento, Paseo Colón, Corrientes y Bouchard, con ingreso palaciego por Sarmiento e industrial por Corrientes. En los albores del siglo XX fue el símbolo de una Argentina pujante: el centro de comunicaciones con el mundo. Una Internet de Piedra París.

Hoy, en los albores del siglo XXI, si se cumple la estrategia planteada por Lombardi será el mayor centro cultural de América, con más metros que el Centro Pompidou. Tiene 110.000 metros cuadrados, 51 salas de exhibición, una sala de conciertos para 1800 espectadores, con un órgano alemán de 3000 tubos y un mobiliario pagado con sobreprecio y sin facturas, destinado a una obra inaugurada sin los permisos de marras.

La calidad del edificio fue reconocida por el Foreign Office, la cancillería británica, cuando la corona envió un comité para elegir el lugar donde la princesa Diana ofrecería un agasajo a los amigos argentinos e ingleses.

Meses atrás, en la fabulosa cúpula vidriada fueron recibidos los presidentes de Francia, François Hollande, y de los Estados Unidos, Barack Obama. Le toca a la actual administración definir cómo se financiará este coloso que tiene previstos tres restaurantes, aunque hoy no funciona ninguno.

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