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Joseph Blatter: “Julio Grondona era una buena persona, querible y risueña”

Fuente: LA NACION - Crédito: Valentino Di Domenico
El ex presidente de la FIFA analiza en profundidad su relación con la Argentina e insiste en que no hay razones para que vaya a prisión
Sebastián Fest
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13 de junio de 2016  • 00:32

ZURICH.– A Joseph Blatter se le tensa el rostro. Hasta ahí, la conversación le había arrancado sobre todo sonrisas, risas, bromas e incluso un arresto de actor: debe haber pocos capaces de imitar tan bien como él la voz, la cadencia, el acento argentino y los gestos de Julio Grondona. Pero esto era otra cosa.

–La gente dice que Joseph Blatter es un corrupto. ¿Usted que dice?

-Blatter no es corrupto. Se intentó encontrarme algo, pero no se me encontará nada que haya violado alguna ley suiza.

–¿Sólo leyes suizas?

–Leyes suizas, y ninguna ley penal.

–¿Usted está seguro de que es imposible que lo condenen?

–No se me va a encontrar nada.

–¿Se siente mejor al decirlo?

–Tengo la conciencia tranquila, sí.

Es un luminoso lunes de primavera en Zurich, y el hombre que pasó la mitad de su vida en la FIFA, el pequeño suizo que presidió el fútbol mundial durante 17 años con aires de emperador planetario, está sentado en un banco de madera a la sombra de un árbol. Abajo, el esplendor del lago de Zurich. A su izquierda, el periodista que sigue preguntando, y a la derecha, el fabuloso restaurante Sonnenberg, uno de los mejores de la ciudad y extensión natural de otro edificio cercano, la antigua sede de la FIFA, en la que fue amo y señor como secretario general, primero, y como presidente, después. Un paseante se le acerca y le dice que se lo trató mal, que no "procedieron correctamente" con él. Blatter, en la primera entrevista que le da a un medio en español desde que dejó el cargo, lo cuenta feliz, y larga la ironía de que el pueblo llano es a veces más sabio que el periodismo. Infatigable, desarrolla una teoría por lo menos llamativa: es imposible que la FIFA sea corrupta.

"La FIFA no es corrupta, una organización no puede ser corrupta, sólo los hombres lo son. La FIFA es una organización que involucra a 1600 millones de personas, no pueden ser todos corruptos".

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Un rato antes, sentado a una mesa de mantel blanco junto a los ventanales de Sonnenberg, Blatter se lamenta en un momento de la entrevista de que el diálogo discurra en alemán y no en español. Es cierto que el suizo habla un buen castellano, pero se le mezcla con el italiano, no es tan preciso como cuando habla su lengua materna, el alemán. Y ante algunos temas, mejor ser preciso.

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–¿Recuerda la primera vez que se encontró con Julio Grondona?

–Mientras fui secretario general tuve una relación especial con la Argentina, el del ‘78 fue el primer Mundial que co-organicé. Con Grondona inicié una muy buena relación al ser designado vicepresidente y luego vicepresidente senior. La primera vez que lo vi fue en el 78, en el Mundial. Estuve muchas veces en la Argentina, empecé en la FIFA en 1975 e hice algunos viajes al país. Grondona no era presidente aún en el 78, era otro… ¡(Alfredo) Cantilo! Un señor grandote y elegante. Trabajaba con la FIFA, y cuando le dijimos que tenía que ir a Marruecos nos dijo que sólo lo haría si había una iglesia católica en el lugar. Era muy católico.

–¿Qué era Grondona para usted?

–Grondona era para mí y para el comité ejecutivo de la FIFA el elemento tranquilizador. No era fácil dirigir las reuniones del comité ejecutivo. Yo prefería dirigir el congreso de la FIFA. Si aparecían problemas Grondona siempre intervenía y decía (deja el alemán y pasa al castellano): ‘Señores, colegas, ¿por qué discutimos? Esto es el fútbol, el fútbol tiene amateurs y profesionales, ¿pero por qué luchamos nosotros? ¡No! El presidente hace un gran trabajo, ¡sigamos al presidente!’.

–¿Pierde poder la Argentina con la muerte de Grondona y la presencia de un nuevo presidente, Gianni Infantino?

–Infantino es un italiano que podría ser también argentino… Bromas aparte, sin Europa y Sudamérica no se puede hacer un Mundial.

–¿Qué le debe usted a Grondona?

–Los votos de Sudamérica fueron los diez primeros que tuve en mi elección como presidente en 1998. Primero tuve un voto y luego el resto.

–El primer voto fue de…

–De Grondona, de la Argentina.

–¿Se puede entonces decir que Grondona hizo a Blatter?

–Él fue parte de esto, yo no hubiera podido hacerlo solo. El de la Argentina fue mi primer voto y luego vinieron los diez de Sudamérica. Otros no me querían, como (Nicolás) Leoz (ex presidente de la Conmebol, actualmente bajo arresto domiciliario). Mi presidente en la UEFA tampoco. Se preguntaban cómo una persona rentada, porque yo lo era como secretario general, podía ser presidente. Cuando yo era secretario general, el comité ejecutivo era mi jefe. Y ahora yo era el jefe de ellos. No era fácil, pero Grondona me respaldaba, porque mi rival era el sueco (Lennart) Johansson. A Grondona no le gustaba Johansson, y Johansson no tenía simpatía por los sudamericanos.

–¿Cómo se manejaba Grondona en la FIFA?

–En el cierre de los comités ejecutivos le daba siempre el micrófono, y siempre tenía algo para decir. Era una persona querible y risueña.

–Que tenía ese poder hablando sólo español.

–Hmmm… Más o menos (ríe).

–¿Está diciendo que ni siquiera hablaba español?

–Es una broma, una broma.

–Da a entender que Grondona era perfecto. ¿No había nada que no le gustara o no entendiera de él?

–No, no era perfecto… Nadie lo es. No siempre estaba de acuerdo con migo, incluso si discutíamos el tema antes. Yo tenía una muy buena relación con su hija, siempre nos veíamos. Lo que me gustaba de Grondona es que siempre estaba ahí cuando se lo necesitaba. Y Grondona no bebía, otros sí. Tampoco fumaba. Con su sonrisita y su ‘no te preocupes, no te preocupes’ lo solucionaba todo.

–Insisto, ¿no había algo que no le gustara de él?

–Lo que no me gustaba tanto de él era que durante las reuniones dormía un tercio del tiempo. Cerraba los ojos y dormía con la traducción en sus oídos. Pero si surgía algo, saltaba. Dormitaba, dormía a medias.

–Usted estuvo en la Argentina el 30 de julio de 2014, en el entierro de Grondona.

–Sí, y me paré ante su ataúd a hablarle. Le dije (y regresa al castellano): ‘¡Julio, cómo es posible! Tú nos has prometido que vas a continuar con nosotros. ¿Y ahora que pasó? ¿Sin anuncio? Eso no es posible…’. La gente me miraba y no lo podía creer. Grondona era una persona buena y querible.

–Si Grondona viviera, ¿cuál sería su situacion?

–Si fuera profeta se lo podría decir. O si muriera y regresara como un ángel podría decírselo. Pero no puedo.

–Muchos de los dirigentes de los años de Grondona tienen problemas con la justicia o están en prisión. En la Argentina se cree que Grondona estaría preso.

–Lo que pasó, pasó. Grondona ya no está aquí. Déjenlo descansar, que descanse en paz.

–A propósito del sorteo para Brasil 2014, que fue extremadamente benévolo para la Argentina. Circuló siempre la discutible teoría de que si Grondona y Blatter se peleaban, la Argentina lo pagaba con un mal sorteo. Y que si estaban bien sucedía lo contrario. ¿Usted tenía ese poder?

–Sólo había una persona que tenía ese poder en Europa. (El ex presidente de la UEFA) Artemio Franchi lo hacía para el sorteo de los torneos de clubes. Yo no lo hice para el Mundial 78. Pero con mi magia lo hacía todo… Otra vez: es broma. El sorteo era limpio hasta el último detalle. Yo jamás toqué las bolillas, cosa que otros sí hacían. Claro, se las puede señalizar, calentándolas o enfriándolas.

–Bolas frías y bolas calientes… Eso existe entonces.

–Claro que es técnicamente posible. No existen en la FIFA, pero fui testigo de sorteos, a nivel europeo, en los que eso sucedió. Pero nunca en la FIFA. Claro que se puede hacer, pero en mi caso jamás sucedió, jamás.

–¿Cómo funciona exactamente?

–Se ponen las bolillas antes en la heladera. La mera comparación entre unas y otras al tocarlas ya determina las bolas frías y las calientes. Al tocarlas ya se sabe qué hay.

–Como secretario general, usted disfrutaba como un niño en los sorteos. En el de Las Vegas 1993 vistió incluso un traje blanco.

–Eso era showtime… ¡Showtime!

–¿Hubo o hay, fuera de Grondona, algún dirigente argentino que lo impresionara?

–Quizá se me mezclan cosas, pero me acuerdo del médico de la selección, Madero, que trabajó mucho en la FIFA. Y me acuerdo de Bilardo. También un buen tipo, aunque tenía lo suyo.

–¿Tiene opinión sobre Luis Segura?

–No se lo puede comparar con Grondona, que era una presencia muy fuerte. En la Argentina, lo que él decía, se hacía. Y la Argentina tuvo mucha mala suerte de no ganar el Mundial 2014, o los otros tuvieron mucha suerte. Ingresa Götze y la primera pelota que toca es gol. Y los argentinos tuvieron tres muy buenas posibilidades…

–Usted estuvo muy cerca de Messi en esa noche del 14 de julio en la que le entregó el trofeo al mejor jugador del Mundial, apenas minutos después de perder la final con Alemania. Messi estaba muy mal. ¿Cómo lo vio?

–Messi hablaba solo, se decía a él mismo una y otra vez: ‘El mejor, pero no el campeón’.

–Una de las cosas que usted nunca pudo lograr fue tener una buena relación con Diego Maradona. En el libro que Maradona acaba de sacar, afirma que usted y Joao Havelange le ofrecieron dinero para integrarse a "la familia de la FIFA". ¿Fue así?

–Eso es imaginación pura…Le ofrecí alguna vez trabajar como free-lance.

–¿Freelance?

–Sí, ir a concursos, visitar a gente. Pero nunca quiso hacerlo. Eso se lo ofrecí en 2001 durante el congreso extraordinario en Buenos Ares. Estaba yo, pero no Havelange.

–¿Es posible que Maradona se confundiera? ¿Nunca le ofreció dinero?

–Claro que no, nunca hablamos de dinero. El de freelance es un trabajo voluntario, son ex jugadores que hacen algo por la FIFA y no preguntan qué reciben.

–¿Intentó ayudarlo en los días de su doping en el Mundial de Estados Unidos 94 o se mantuvo fuera del tema?

–Maradona ya había tenido un problema con la suspensión en Italia. Tuve contacto con su gente para los Juegos de Barcelona 92, su representante me preguntó si se lo podía incorporar al torneo olímpico una vez superada su suspensión.

–Grondona decidió sacar a Maradona del equipo. ¿Por acuerdo con la FIFA o fue una decisión autónoma?

–No, eso fue una decisión de Grondona. Cuando se sorteó que Maradona debía ir al control antidoping, Julio se hizo la señal de la cruz y dijo ‘que Dios nos ayude’. De eso me acuerdo muy bien, me lo contó: ‘Cuando vi que habían sorteado el número 10… Que Dios nos ayude’. Fue un momento de dudas. Nadie quería hacer una conferencia de prensa, porque se tenía miedo de que eso destruyera todo el Mundial. Pero no, para Estados Unidos no pasaba nada.

–Distinto hubiese sido de haberse dado el caso cuatro años antes en Italia…

–¡Hubiera explotado el Mundial! Estados Unidos era otra cosa. Recuerdo un partido en Boston que terminó 0-0 y el público despidió a los equipos con una ovación de pie (risa).

–¿Conoció a Alejandro Burzaco?

–No.

–El FBI dio una descripción de un dirigente, al que bautizó Co-Conspirator #10, que coincide con las características de Grondona. ¿Era Grondona?

-Sin comentarios.

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