Suscriptor digital

Una comedia que patina

"Papá es un ídolo", producción nacional en colores (2000) presentada por Líder Film. Hablada en español. Guión: Marcos Carnevale, con la colaboración de Solange Keoleyan. Fotografía: Juan Carlos Lenardi. Música: Juan Federico Jusid. Intérpretes: Guillermo Francella, Manuel Bandera, Millie Stegmann, Sebastián Francini, Mapi Galán y otros. Dirección: Juan José Jusid. Duración: 90 minutos. Calificación: apta para todo público. Nuestra opinión: regular.
(0)
1 de junio de 2000  

Pablo, ex esquiador profesional con fama en el mundo que, por una afección cardíaca, debió retirarse de ese deporte, es dueño ahora de un local de venta de artículos deportivos. Vive con su hijo Martín, de nueve años, a quien cuida casi obsesivamente, tal vez para reemplazar a su madre, que abandonó el hogar varios años antes.

Este padre que concede todo a su hijo le prepara una sorpresa para el día de su cumpleaños: ambos visitarán Sierra Nevada, un lugar español en el que el pequeño, por primera vez, conocerá la nieve. Ya en aquella región granadina Pablo se encuentra con su primer problema: en el lugar se desarrollará un torneo de esquí, lo que lo remonta a un pasado que quiere olvidar. Pero su preocupación aumenta en el momento en que comprueba que su ex mujer y su actual pareja, un campeón de esquí con fama, premios y dinero, se hospedan en el mismo hotel.

Como para que la trama tuviese algo más de consistencia, ya que hasta ese momento todo su desarrollo gira en torno de un humor desteñido y de situaciones repetidas, Pablo inicia un tenue romance con una bella española que, acompañada por su hija adolescente, está viviendo, también, las angustias de un matrimonio fracasado.

A partir de este débil hilo argumental se desarrolla al mejor estilo televisivo la situación de Pablo, que se enfrentará con dos puntos álgidos: la posibilidad de que su ex esposa recupere a su hijo, y el hecho de depositar en Mauricio, el nuevo novio de la mujer, la frustración de su carrera. El resto de la anécdota ya entra en el terreno de la fantasía más pueril y, entre lágrimas, sonrisas y voces de perdón arriba a un final que queda abierto para la felicidad o la tragedia.

Cuando el ingenio escasea

Que Guillermo Francella es un actor simpático, querendón y popular no es novedad. Pero que los guionistas depositen en él todo el peso del relato lleva a un grueso error de táctica. Lo que él merece, en todo caso, es una trama armónica, de humor inteligente y cuidadosa en los detalles de pintura de personajes y de situaciones que atrapen tanto a niños como a jóvenes.

Si bien el libro cinematográfico carece de toda posibilidad de salvación, el director Juan José Jusid no se esmeró demasiado en la dirección. El niño Sebastián Francini posee un rostro dulce y bastante desenvoltura; Manuel Bandera hace lo que puede (que no es mucho) como el campeón de esquí enamorado de la madre del chico, y Millie Stegmann recorre con ínfimo entusiasmo un papel carente de autenticidad.

La fotografía es tan previsible en sus exteriores como en sus interiores, a pesar de que la cámara podría captar con más belleza toda la grandilocuencia de Sierra Nevada, y la música es un rubro técnico que pasa totalmente inadvertido. Probablemente "Papá es un ídolo" consiga vencer toda la crítica adversa y congregue mucho público en las salas. Pero esto es un punto que no vale discutir, al menos en estas circunstancias.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?