¿Qué pasa con las aves de los Lagos de Palermo?

Son parte importante del paisaje palermitano, pero su gran protagonismo los fines de semana no está a la altura de los cuidados que reciben
Hernán Cortés
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16 de junio de 2016  • 00:31

La escena, que parece salida de una película de Luis Buñuel, sorprende a más de un automovilista. En tiempos donde el Gobierno nacional endurece su política respecto a los cortes de calles, con determinación y a paso firme, una hilera de entre veinte y veinticinco gansos cruza la avenida Ernesto Tornquist e interrumpe el tránsito por no menos de cinco minutos. Lo que ocurrió fue que estas aves, elenco estable de los lagos del Parque Tres de Febrero y alrededores, sintieron hambre y no dudaron en saltar al pasto para saciarse. Claro que esta pintoresca autonomía también evidencia una falta de cuidado estatal, no solo en los gansos, sino en toda la fauna avícola que habita el lugar.

Un día en sus vidas

Los lagos del Parque Tres de Febrero (o los "lagos de Palermo", como se los conoce) son cuatro: el del Planetario, el de Victoria Ocampo, el de Regatas y el del Rosedal. Estos dos últimos son los más extensos y también los que concentran a la fauna silvestre. Los gansos son mayoría, pero también pueden verse patos, cisnes y garzas (hay más de ochenta especies registradas). Todos ellos están integrados a este pulmón verde de la Ciudad y si bien viven de lo que la naturaleza les provee, reciben alimento extra por parte de aquellos que detienen el trote o la caminata, según pudo comprobar LA NACION en su recorrida.

Pero no es en su nutrición donde está el problema (son herbívoros) sino en la vulnerabilidad a la que se exponen. "Hay gente que va a pescar y deja alguna línea abandonada, entonces puede pasar que los gansos se enreden y aparezcan con una pata cortada o atada", dice Osvaldo Guerrica Echevarría, presidente de la Asociación de Amigos de los Lagos de Palermo, entidad que se formó en la década del 90 y que trata de mantener a raya cualquier intento privatizador en el parque.

Guerrica Echevarría cuenta que recibe muchos mensajes alertando lesiones en las aves, pero no vislumbra una solución, al menos estatal: "Supongo que alguien en algún momento los puede llevar al Zoológico, que actúa como una especie de clínica de urgencia. Esto si se preocupa alguien y si lo aceptan ahí, porque oficialmente allí van los animales de la Reserva Ecológica, pero esto no existe en el parque. No hay una política reservada para eso."

Similares preocupaciones tiene Martha Gutiérrez, presidenta de la Asociación para los Defensa de los Derechos del Animal (ADDA). Cuenta que cuando la institución tomó conocimiento de gansos y patos heridos (tenían dardos clavados en sus cuerpos y líneas de pesca y anzuelos enredados en su plumaje y pescuezo) dio aviso al sector de veterinaria del Zoológico, donde fueron curados. Sin embargo, Gutiérrez desea que existan pautas generales de protección. "Sería bueno que se prevea para las aves un espacio protegido entre la arboleda costera del lago que sea. Un espacio que debería ser rastrillado para quitar papeles y otro tipo de basura, ya que de no ser así se acumularían en el lugar. Sería muy importante también colocar más cestos de basura en el espacio costero, así como la colocación de carteles con el texto de la ley de protección al animal y que a los jardineros del lugar se les incluya la tarea de alertar ante cualquier anomalía", reclama la titular de ADDA.

¿Quiénes son los responsables?

El lago de Regatas cuenta con dos islas que ofician de refugio para algunas especies como el carau, ave de aspecto similar al de la garza y que se alimenta de caracoles. Muchos se establecieron allí y formaron familia, aunque la reproducción desregulada también resulta un problema. "En el caso de los gansos –sugiere Guerrica Echevarría–, tendría que haber un control, que no es matándolos sino reemplazando sus huevos por otros de madera. Hay toda una técnica. Lo ideal sería que se establezca un nivel aceptable y no haya mayor cantidad."

De todas maneras, lo que realmente inquieta a las instituciones defensoras de animales y muchos habitúes del Parque Tres de Febrero es la escasa idoneidad de las autoridades a cargo del lugar. Los parques porteños dependen de la Dirección General de Espacios Verdes, que está bajo la órbita del Ministerio de Ambiente y Espacio Público.

A su vez, esta zona de Palermo tiene una gerencia operativa. "Por varias razones, de todo eso no funciona nada. En primer lugar, porque a los funcionarios no se los designa por su capacidad sino porque son políticamente controlables. Pero si uno quisiera, podría ser alguien que además sepa del tema", se queja Guerrica Echevarría. La referencia es para los tres últimos ministros –incluido el actual vicejefe de Gobierno, Diego Santilli–, contadores de profesión. "Lo que pasa es que tienen que controlar el mayor contrato que tiene la Ciudad, que es con la limpieza. De lo otro, no les importa nada. En promedio, los directores de Espacios Verdes duran dos años. Cuando asumen, no saben diferenciar un pájaro de un árbol, pero cuando se aprenden más o menos los nombres de las aves, los cambian."

La tarde es desapacible e invita a cualquier actividad que no sea al aire libre. Los pocos runners que circulan no parecen reparar demasiado en la ahora no tan prolija desconcentración de gansos. Ellos, que ya son parte del decorado compuesto por césped, lagos, árboles y calles internas, piden mayor atención.

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