Suscriptor digital

Jay Goppingen: el misterioso hombre que hizo llorar a Maradona y fue verdugo de Messi

Klinsmann, entrenador del seleccionado anfitrión que quiere llegar a la gran final
Klinsmann, entrenador del seleccionado anfitrión que quiere llegar a la gran final Fuente: AFP
Es el seudónimo que adoptó al final de su carrera Jürgen Klinsmann, hoy conductor del seleccionado estadounidense que pretende dar el gran impacto ante la Argentina y llegar a la final de la Copa América
Guido Molteni
(0)
21 de junio de 2016  • 00:11

HOUSTON.– Jay Goppingen pisa la cancha como un león en un zoológico. Acostumbrado a los peligros de la jungla, le da tranquilidad la función que ocupa en el Orange County Blue Star, un equipo amateur de California. Es el año 2003 y nadie sabe que ese hombre de 40 años, flaco, alto y rubio corrió hace poco más de una década a la par del rey de la selva, Diego Maradona, y lo hizo llorar. Se siente a gusto con el anonimato, allí es uno más dentro de un equipo de profesionales en otra materia que juegan a la pelota, justo lo que buscaba para su último año como futbolista. Ya decidió que en ese club de la cuarta categoría local dará sus pasos finales como delantero y luego comenzará su carrera como entrenador. Trece años después, la misma persona se mueve por la sofocante Houston con el aspecto de un hombre que va a una reunión de padres, pero es el entrenador de los Estados Unidos, llegó a las semifinales de la Copa América y se llama Jürgen Klinsmann.

Fuente: Archivo

"Lo del seudónimo [Jay Goppingen] lo tomé como algo gracioso. Sólo quería mantener un buen estado de salud, divertirme y jugar a la pelota", recuerda Klinsmann de aquella época en la que marcó cinco goles en ocho partidos. Hoy la realidad del alemán es distinta: si bien el fútbol no compite en popularidad con los cuatro grandes deportes de los Estados Unidos, ya es una persona conocida en el país y sabe que esta noche puede quedar en la historia si logra un buen resultado. "No le tengo miedo a la Argentina", dice con seguridad el verdugo de los dos más grandes futbolistas de la historia de la selección. Klinsmann festejó dentro de la cancha en la final del Mundial de 1990, el de las lágrimas de Maradona. Y festejó como DT en los cuartos de final del Mundial 2006, el de los brazos cruzados de un Messi triste que vio la caída en el banco de suplentes.

Los más de 38 grados de sensación térmica que agobian en Houston no se sienten en el NRG Stadium, el monstruo de cemento inaugurado hace 14 años donde el entrenador charla con la prensa. El moderno sistema de refrigeración hace que en cada espacio haya una temperatura agradable. Afuera la ciudad está en llamas y casi no corre viento. El contraste con la frescura de Klinsmann para declarar es tan grande como el huracán Ike, que en 2008 hizo bambolear al estadio. "Sólo cuatro equipos llegan a esta instancia y el mensaje para los jugadores es: «Si cada uno puede dar un 10 o un 15 por ciento más, tenemos la posibilidad de ganar la Copa América. Ahora sólo se trata del hambre que tenga el equipo, la química que tenga, las ganas de superar el dolor y poder hacer historia no sólo en sus carreras personales sino para toda la Nación. Hay que soñar en grande, podemos ganar»", dice el entrenador con aires de pastor, que busca expandir la fe en el soccer en un país que por ahora sólo habla de la increíble final de la NBA que Cleveland le ganó a Golden State.

Si bien atraviesa un buen momento, Estados Unidos llega herido al duelo de esta noche. Las ausencias de tres jugadores sancionados –Bobby Wood, Alejandro Bedoya y una de las figuras, Jermaine Jones– son importantes en un equipo que no cuenta con muchas variantes de calidad. El habitual esquema de 4-3-3 que Klinsmann utiliza es probable que cambie, con los extremos un poco más retrasados formando una línea de cinco volantes. Arriba sólo quedará Clint Dempsey. El capitán tendrá la responsabilidad de continuar con la racha de su entrenador, que como Goppingen o como Klinsmann siempre deja una huella.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?