Amuleto, la historieta que heredó lo mejor de Harry Potter y Miyazaki

Este éxito de ventas a nivel mundial llega a la Argentina con el primero de sus nueve libros: su autor, Kazu Kibuishi, cuenta la génesis de un cómic que cita a Spielberg, Coppola y Rowling por igual
Juan Manuel Domínguez
(0)
30 de junio de 2016  • 12:35

En 2013 se anticipaban los 15 años de la edición en los Estados Unidos de Harry Potter y la piedra filosofal, el primer libro de J. K. Rowling. Por esa razón, los volúmenes dedicados a las aventuras del niño mago fueron reeditados con una nueva portada, diseñada por Kazu Kibuishi. Nacido en Tokio y criado en los Estados Unidos, el artista de 38 años fue el responsable del formateo de las famosas imágenes que acompañaban a Potter, originalmente a cargo de la ilustradora Mary GrandPré. La sucesión deja en claro el importante lugar que ocupa hoy Kibuishi en el universo de los relatos infantojuveniles en su país. Ese sitial, más allá de su vasta obra previa (antologías como Flight o incluso su trabajo en Nickelodeon), lo ganó gracias a Amuleto, la saga de nueve libros que creó en 2007, que acaba de ser publicada en la Argentina por Editorial Común.

En un universo donde las novelas para jóvenes adultos (o YA) brotan como gremlins y donde todos buscan "el nuevo Harry Potter", las novelas gráficas que componen Amuleto están bastante cerca de ocupar ese lugar (no por nada Fox ya compró los derechos para llevarlas al cine). Al igual que el niño mago, hay en Amuleto algo distinto: una sensación concreta de peligro, más allá de que sus protagonistas –como sucede en este primer volumen, El guardián de la piedra– sean Emily, una niña a instantes de ser adolescente, y su pequeño hermano Navin. Eso no implica una historia suntuosa sino un instinto de aventura diferente, que roza emociones reales para salir disparado hacía imágenes imposibles, entelequias que conjugan imaginación, caricatura y talento (y van desde un conejo parlanchín que llora a su creador a una casa que deviene criatura antediluviana que camina).

Kazu Kibuishi deja en claro que esa mezcla de peligro real en el aire, fantasía y épica visual y de género no son una casualidad: "Ese ‘realismo’ a la hora de la posibilidad de perder a alguien y de un peligro concreto es una de las razones por la que quería hacer algo dramático. Venía de hacer comedia en animación y en los cómics. Pensaba que el mayor desafío era conectar teniendo un nivel alto de sinceridad. Quería enganchar al público. Quería hacer Amuleto antes de aceptar cualquier otro trabajo", explica, en diálogo telefónico con LA NACION.

Como en cualquier historia que sabe procesar sus influencias para potenciar su misión y objetivo, Amuleto permite reconocer la huella del japonés Hayao Miyazaki, el gigante de la animación japonesa (responsable de Mi vecino Totoro o El viaje de Chichiro), o de autores de cómics de aventuras aptos para todo público, como el norteamericano Jeff Smith ( Bone).

"Definitivamente estoy muy influenciado por Smith y Miyazaki –explica el autor–. Mucho de eso tiene que ver con la forma en que se acercaron a la épica cuando hacían novelas gráficas: dibujaban y contaban de la manera en que yo quería hacerlo. Para ellos, esas novelas gráficas no eran trabajo. Hayao hizo Nausicaä del valle del viento en sus ratos libres mientras trabajaba en animación y Smith también. Yo me encontraba en esa misma encrucijada cuando comencé. Eso me hizo decidirme a hacer una novela gráfica que termino siendo Amuleto."

Aunque la estética de Miyazaki late en esas criaturas alucinadas por Kibuishi y Smith, sobre todo en sus personajes que recuerdan a Los Goonies, el autor deja en claro que "la novela nace de experiencias en mi propia vida. Refleja lo que soy, muy claramente. Amuleto nació gracias a la necesidad de ayudar económicamente a mis padres apenas terminé el secundario."

Entre ese primer libro, El guardián de la piedra, donde la historia comienza con la muerte de un integrante de la familia y se llega hasta un duelo bajo la lluvia contra un villano digno de J.R.R. Tolkien, hasta el volumen siete –recién editado en los Estados Unidos– Kibuishi cambió su enfoque acerca de la historia que iba contando. "Cuando empecé Amuleto no hacía otra cosa que intentar recordar lo que se sentía tener diez años. Pero con los años y los libros pude hablar con los lectores, que suelen tener 10 años, con sus padres y con sus maestros. Ese mundo se volvió más presente. Ahora soy padre y es más fácil, sé cómo hablar con un chico."

¿Dónde está la clave para fascinar a un lector joven hoy, cuando los videojuegos, las series animadas o los mismos cómics son creados por gente con sensibilidades similares a las de Kibuishi? ¿Qué puede ofrecer Amuleto en medio del tsunami visual que cualquier menor de 15 años posee como rutina diaria? Argumenta su autor "Ponerse en los zapatos de un lector más joven implica saber cómo hablarle, centrarse en cosas que ellos podrían querer decir o expresar pero que no saben cómo. Eso es parte de mi trabajo ahora. Eso es una parte enorme de Amuleto. De allí que la saga tenga un comienzo tan fuerte: con la protagonista perdiendo a uno de sus padres. Tus papás son todo cuando sos chico y la idea de perderlos te aterra. Mi mamá tuvo un accidente y recuerdo ese miedo enorme. Le quitó la inocencia a mi mundo."

"Siempre busco la forma de hacer las cosas un poco raras", confiesa el escritor Esa rareza es la que muta aquel pedigrí de Miyazaki y Smith en algo cercano y familiar, en una lectura que cuida al mismo tiempo que nos da la mano para pisar lugares abrumadores. "La gente se sorprende cuando digo que mis mayores influencias en esta obra son Francis Ford Coppola y Krzysztof Kieslowski, director polaco considerado una leyenda del cine. Amo el cine que sabe hablar de lo humano. En ese sentido, estoy más del lado de Steven Spielberg y el cine que produjo en los 80. No soy tanto un formalista, un obseso de lo visual. Hay detalle, seguro, y es importante. Pero el relato y su humanidad son lo más importante."

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?