Martina Gusmán presenta a su hija de cuatro meses: "Lucero me enseña a ver el mundo con otros ojos"

Casada con el cineasta Pablo Trapero y mamá de Mateo, de 13, la actriz cuenta cómo cambió la rutina la llegada de la beba
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27 de junio de 2016  • 14:50

Unos enormes ojos azules siguen atentos los movimientos de Martina Gusmán (37) mientras se cepilla el pelo. Es la mirada profunda de Lucero (de cuatro meses) con la ilusión de descubrir el mundo. El 3 de febrero, Martina dio a luz a su segunda hija, fruto de su matrimonio con el director de cine Pablo Trapero (44), con quien hace trece años tuvo a Mateo. Recostada en la cama, la beba esboza una sonrisa cuando la mamá le muestra un conejito de algodón tejido. "Con ella volví a sentir la magia de la primera vez. Es como redescubrir la vida desde la ingenuidad y la inocencia del desconocimiento absoluto. Lucero me enseña a ver el mundo con otros ojos, como si fuera por primera vez. Llegó a mi vida para colmarla de amor", dice la protagonista El marginal, la ficción de la TV Pública producida por Sebastián Ortega.

–¿A quién se parece Lucero?

–Para mí es igual a Mateo cuando era chiquito, pero en una versión femenina y delicada. Los dos son puros cachetes y eso lo heredaron de Pablo. La forma de sus ojos es como la de los míos, grandes y redondos, pero el color es el de mi madre. Podríamos decir que Lucero es una gran mezcla de toda la familia [Se ríe].

–¿Cómo viviste el parto?

–Fue rápido y bastante parecido al de Mateo. Él nació en media hora; Lucero, en quince minutos. Pesó 3,400 kilos. Lo más extraño es que ni siquiera lloró. Me acuerdo de que Pablo me decía riéndose: "Ni se enteró que nació". Pablo presenció el parto todo el tiempo, fue muy emocionante.

–Con la llegada de Lucero perdiste el reinado femenino en la familia...

–¡Es verdad! Ahora ella es la reina absoluta. Los dos hombres de la familia están muertos de amor con ella. Cuando Pablo está solo con Lucero, veo que le habla y se la come a besos. La mira y le dice: "¿Qué voy a hacer con tanto amor?". Llegó la mujer más importante de su vida y no soy yo. [Carcajadas].

–¿Cómo son las noches?

–Estamos con el colecho al ciento por ciento. Creo que no voy a soltarla hasta que me diga "Mamá, no te banco más". Con Pablo queremos que las cosas fluyan. Tampoco le cortamos el pelo cuando nació, ni le pusimos aritos, ya va a haber tiempo para eso. El hecho de que duerma con nosotros, nos vincula de una manera más natural con ella.

–¿En qué momento sentís que la disfrutás más?

–Me vuelve loca ese instante en el que comienza a despertarse. Enseguida te mira fijo y profundo y sonríe. Lo más curioso es que nunca se despierta llorando.

–¿Cómo es esta segunda maternidad?

–Creo que estoy un poco más sensible que cuando lo tuve a Mateo, en aquel momento era más chica, más inconsciente. El año pasado viví un quiebre importante cuando Mateo cumplió 12 años. Empezó a demandarme un poco de independencia y para mí, fue como un duelo, como un nido vacío. Tuve que buscar otra manera de volver a vincularme con mi hijo. Con la llegada de Lucero de alguna manera se reacomodó el sistema familiar. Todos encontramos un nuevo rol dentro de casa.

–¿Fue difícil repartirte entre el embarazo y las grabaciones de El marginal?

–No, para nada. De hecho, grabé hasta el sexto mes. Estaba muy entusiasmada con mi personaje, esa asistente social que trabaja en el penal, que vive todo el tiempo entre la vulnerabilidad y la fortaleza.

–¿Este año decidiste dedicarte de lleno a Lucero?

–En un principio iba a ser así, pero voy a arrancar a ensayar una obra. Igualmente, quiero estar con ella todo lo que pueda. Le doy el pecho, es nuestro gran momento de conexión. También disfruto mucho el momento del baño. Me encanta mimarla mientras me mira con esos ojazos que tiene. Le hablo mucho y hasta le doy espacio para que me conteste. [Se ríe].

Texto: Jaqueline Isola

Fotos: Tadeo Jones

Producción: Victoria Miranda

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