Nuevos rumbos y desafíos para Brasil y la Argentina

27 de junio de 2016  

Brasil comenzó a adoptar nuevos rumbos y caminos más flexibles en materia económico-comercial, que expresan la insatisfacción de importantes círculos políticos y productivos con el modelo rígido, de tipo proteccionista y relativamente aislado que había seguido en la última década. Esta visión más flexible de Brasil presenta importantes desafíos para la Argentina, que debe redefinir en forma urgente su estrategia comercial y, en particular, cuáles serán sus prioridades con relación a las negociaciones internacionales en este campo.

A lo largo de su historia, Brasil ha mostrado una notable flexibilidad legal e institucional cuando su interés nacional ha estado en juego. En política exterior, aprendió bien las lecciones de Alexandre de Gusmão, considerado el "abuelo de los diplomáticos brasileños". Este funcionario del imperio portugués negoció hábilmente el Tratado de Madrid en 1750, que legitimó las enormes ganancias territoriales obtenidas por Portugal en América, a costa de España. Con gran astucia y creatividad, dejaría de lado el uso de la "línea imaginaria" que, según el Tratado de Tordesillas, de 1494, dividía a América del Sur en dos mitades, una española y una portuguesa.

Hoy, ante una nueva división del continente, esta vez no en términos de idioma, sino de enfoque económico-comercial, Brasil comienza a movilizarse para que una nueva "línea imaginaria" no vuelva a dividir a América del Sur. En efecto, por un lado el Mercosur defiende importantes niveles de proteccionismo, en particular de su base industrial, estableciendo muy pocos acuerdos comerciales. Por el otro, la Alianza del Pacífico -que incluye a Chile, Perú, Colombia, además de México-, se caracteriza por su apertura comercial, que se manifiesta a través de múltiples acuerdos bilaterales con otras naciones o bloques.

La intención de eliminar esta "línea imaginaria" se manifestó a través del nuevo canciller brasileño, José Serra, quien expresó su intención de comenzar un "acelerado proceso" de negociaciones comerciales bilaterales. Serra, experimentado político del partido del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (PSDB) y con base en el estado de San Pablo -corazón industrial del Brasil-, refleja un punto de vista que trasciende al actual gobierno. Según ha dicho, estas negociaciones deberán estar basadas en un sólido análisis económico y en una amplia consulta con los sectores productivos. Pero aclaró que es ilusorio suponer que los acuerdos de libre comercio significan necesariamente una ampliación automática y sustentable de las exportaciones. Para Serra, sólo hay un factor que garantiza este aumento de forma duradera: la mejora constante de la productividad y de la competitividad.

Por otro lado, Serra señaló su intención de "continuar construyendo puentes, en vez de profundizar diferencias" con la Alianza del Pacífico, una idea que coincide con las acciones del gobierno de Macri, quien participará de la Cumbre de Presidentes de la Alianza, en Chile.

A su vez, Serra se ha referido a las negociaciones comerciales entre el Mercosur y la Unión Europea como un punto de partida para mejorar los niveles recíprocos de comercio e inversión. Esto es positivo, dado que algunas voces en Brasil venían defendiendo la idea de negociar en forma directa con la Unión Europea, dejando a la Argentina de lado.

Este cambio de rumbo de Brasil plantea a la Argentina importantes desafíos desde el punto de vista comercial y productivo. Un aspecto vital a comprender es el potencial competitivo de nuestros sectores productivos, para determinar: a) cuáles son, o pueden ser, los sectores con potencial para competir a nivel regional o global; b) cuáles de estos sectores muestran la predisposición y la ambición para expandirse internacionalmente, y c) cuáles son los sectores que no pueden competir a nivel regional o global. Sobre la base de esto, y de una amplia consulta con estos sectores, es necesario diseñar una efectiva estrategia de desarrollo productivo. Para esto hará falta contar con una cualidad que Charles de Gaulle poseía: el "juicio heroico", es decir, la capacidad de distinguir entre lo extraordinario y lo imposible.

Así, sobre los hombros de esta generación -y de este gobierno- recae la responsabilidad de resolver lo que en varias décadas no ha sido resuelto: la concepción de un modelo de desarrollo productivo con suficiente nivel de efectividad y consenso.

Entender el rol que deben jugar los diversos sectores productivos en nuestro modelo de desarrollo es condición para aprovechar al máximo las oportunidades a nivel regional y global, y para procurar mayores grados de integración comercial sin olvidar nuestros intereses. En función de estos objetivos es necesario desarrollar con nuestras contrapartes tres aspectos fundamentales expresados por el experto Félix Peña: una mayor conectividad física -rutas, puentes, túneles, puertos, aeropuertos, hidrovías, comunicaciones-, una mayor compatibilidad comercial -en aspectos tarifarios y no tarifarios- y una mayor convergencia estratégica.

Afortunadamente, los esfuerzos que se hagan para ir borrando la "línea imaginaria" a nivel regional favorecerán también una mayor integración con la Unión Europea y otras naciones o bloques.

Miembro consultor del CARI y del Consejo Consultivo del Cippec

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