Suscriptor digital

Una selección pobre y ordinaria

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
(0)
27 de junio de 2016  

Fuente: AP

A Lionel Messi le quema la deuda interna. Su renuncia parece la precipitada reacción del avergonzado, el genio ya no se perdona fracasar. Lo intentó una, dos, mil veces. ¿Vale la pena insistir? El próximo desafío, quizá, sea el Mundial de Rusia, dentro de dos años. Demasiado tiempo para deambular. No soporta más el sopor de lo insustancial ni los récords vacíos de vueltas olímpicas. "Alguna vez llegué a pensar si yo era el problema, si era la causa de los malos momentos que atravesaba el equipo", contó hace tiempo. Vaya autoflagelación, ¿no? Volvió a pensarlo y ahora cree que su influencia es inútil, que él es insuficiente. El plan para persuadirlo de su error ya está en marcha. Íntimo y popular. Pero sin invadirlo, sin atribularlo. La condición de superhéroe desangelado precisamente lo hace sentir culpable.

Se sometió al destrato y nunca se escondió. Aceptó que lo ridiculizaran y hasta alguna humillación. Insistió desde la terquedad de un inconformista detrás de ese título por el que hubiese cambiado por sus cinco Balones de Oro. Seguir ya no sería valentía, sino obcecación según sus sensaciones.

El Messi desconocido había tomado la escena en la antesala de la final, cuando en las redes sociales atronó contra la AFA y al día siguiente también masculló su malestar. Nunca se había escuchado un reproche ni se le conocía un ademán de fastidio. En un puñado de horas recorrió un registro escondido. Tras la final con Chile, su cuarta final perdida, se concedió dos acciones sorprendentes: lloró en público y abandonó a la selección. De repente, en la derrota, en otra derrota, logró un consenso casi unánime: el clamor popular para que revise su decisión. Como una plegaria. Ninguno de sus fabulosos partidos conquistó a los corazones blindados como ahora. Quizá, atemorizados de que la renuncia sea verdad.

Espiar el futuro sin él espanta. La Argentina se volvería una formación ordinaria. Sí, corriente, una más en el rebaño. Y una selección vulgar siempre estará menos habilitado al triunfo. Aun con el resto de las figuras –algunas que también amagaron con la automarginación–, de todos modos sería un conjunto de reparto. Incluso, incapaz de garantizar su clasificación para la Copa del Mundo de Rusia 2018, porque con 12 fechas todavía en juego, hoy las eliminatorias aprietan a siete selecciones en cuatro puntos. Todo puede ocurrir, y sin Messi crece la sensación de desprotección. Parece burlón, mordaz, ese ranking FIFA que anuncia que la Argentina es la N° 1 del planeta.

Messi desactivó temporales durante años. Lo consiguió muchas más veces de las que se le reconocieron. Y le aseguró a la AFA recaudaciones que permitieron inversiones y desaguisados. Messi es una marca, Messi es millones, contratos y posicionamiento global en el mercado. Una AFA en rojo pierde su principal activo. ¿Cómo sentarse a renegociar los contratos con los sponsors? ¿Cómo atrapar nuevos inversores? ¿Cómo defender el cachet de la selección? Sin él todo puede ser peor. Si realmente se va, se lleva hasta la esperanza. La Argentina se cae del mapa sin Messi.

gm/jt

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?