Fabián Bielinsky: un legado escaso en películas pero pródigo en talento

Fabián Bielinsky
Fabián Bielinsky Fuente: Archivo
Hace diez años moría en Brasil el director de Nueve reinas y El aura, que cambiaron el destino cinematográfico de Ricardo Darín y devolvieron al cine de género a un sitial que había perdido con el cambio de siglo
Javier Porta Fouz
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28 de junio de 2016  • 15:54

El 28 de junio de 2006, hace ya una década, murió Fabián Bielinsky a los 47 años en un hotel de San Pablo, Brasil. Su cine, extraordinario, sabio y argentino, casi milagroso, duró muy poco: dos largometrajes, estrenados en 2000 y 2005, llamados Nueve reinas y El aura. Logró filmar su ópera prima luego de peregrinar con su guión que no era aceptado y que incluso fue rechazado por Patagonik, empresa que finalmente produjo Nueve reinas porque ganó... un concurso de guiones.

Nueve reinas fue una revelación para el cine argentino, para la crítica, para el público, que la convirtió en un éxito muy por encima de las expectativas, que se la recomendaba y se cuidaba de no contar el final (nadie decía "spoiler" en esos años). Fue una de esas películas que hizo que muchos usaran ese polémico elogio: "no parece cine argentino". Fue, además, la película clave para la carrera de Ricardo Darín, que venía de El mismo amor, la misma lluvia y El faro, dos del total de tres películas que hizo en toda la década del 90. Con Nueve reinas, Darín abre su siglo XXI, en el que luego vendrían El hijo de la novia, Kamchatka, Luna de Avellaneda, Carancho y El secreto de sus ojos, entre otras. ¿Cómo habría sido el siglo XXI de Darín sin la película de Bielinsky?

Diálogos veloces y filosos, cuchilladas verbales, enfrentamiento entre los protagonistas a base de constantes cuentos del tío, película fundamental: Nueve reinas fue un policial de estafadores con un sabor local innegable y a la vez con una comprensión cabal de los mecanismos del cine estadounidense tanto en sus vertientes clásica como moderna. Bielinsky era un devoto del cine norteamericano de los 70, la mejor década del cine, según él y también según la crítica Pauline Kael. Y de esas fuentes volvió a beber para su segunda y última película, El aura, que cita de forma explícita a la crucial Deliverance de John Boorman, éxito de 1973.

El aura es otra película que orbita alrededor de la idea de gran golpe, de la quimera de "salvarse". En El aura la violencia era más directa, más física, más oscura que en Nueve reinas. Mucho más climática, era una película con menos palabras que la verborrágica ópera prima. Sobre El aura se dijo que en ella se lucía más el Bielinsky director que el Bielinsky guionista. Pero ambas películas, en lo más esencial de su naturaleza profunda, eran relatos sobre saber mirar, sobre estar atento, sobre la obsesión por el detalle, sobre dirigir.

Dos películas que revelaban a un director y autor consciente de los mecanismos de su arte, del alcance de sus armas estilísticas. Bielinsky fue un director que hizo cine en la Argentina como si acá hubiera habido, en el cambio de siglo, una industria sabia en términos de cine de género y no un mero puñado de películas y directores sueltos. Y nos hizo creer que era posible. El legado de Bielinsky para el cine argentino es inmenso, y todavía hoy nos lamentamos de recién empezara a hacer su cine a los 40 años, de que fuera tanto tiempo asistente de dirección (un año antes del estreno de Nueve reinas hizo de asistente para un subproducto llamado El secreto de los Andes) y de que trabajara tanto en publicidad.

Aunque quizás esos años de maduración lo hicieron asentarse y dirigir su ópera prima con una seguridad y un aplomo que otros no logran jamás en sus carreras. Bielinsky en realidad había empezado a hacer su cine mucho antes de Nueve reinas, lo estaba perfeccionando al escribir y pensar. De todos modos, nos queda la sensación de que tuvimos muy poco de Bielinsky, de que el cine argentino sería hoy mucho mejor con él presente. De todos modos, es hora de negar la frase del principio de que su cine "duró muy poco": sus dos películas no solamente ostentan una riqueza y una enjundia permanentes sino que además son influencia para cineastas presentes y futuros que hacen y harán que su legado continúe.

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