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La inflación persistente

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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29 de junio de 2016  • 00:38

En mayo de 2016 la inflación fue de 45 % en relación a mayo del año pasado. Este número va a ir disminuyendo a partir de julio y llegaremos a fin de año con un 1,5 % mensual. Este último número significaría un 19,5 % anual si ese porcentaje se repitiera por 12 meses.

Tal como están las variables macroeconómicas en este momento, la inflación del año será de 37 % anual y si consideramos las cifras anualizadas del último mes de 2016 estaremos en el 20 % en este primer periodo del Presidente Mauricio Macri. Este número fue el que mencionó el Ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, al inicio de la gestión.

La inflación reprimida por la administración anterior al 10 de diciembre de 2015, al dejar el poder Cristina Kirchner, era de 83 %. Es decir, si no hubiera ningún nuevo factor de inflación, esa sería la inflación que se registraría en la Argentina. El problema del gobierno fue decidir como ir registrando esa inflación reprimida y decidió hacerlo en varios años, gradualmente. Por lo tanto, tendremos inflación por lo menos por tres o cuatro años.

El problema del gradualismo es que afecta la credibilidad política del propio Gobierno

El problema del gradualismo es que afecta la credibilidad política del propio Gobierno. ¿A quién se le podría echar la culpa de la inflación en 2017 o 2018? Será difícil asignarla al gobierno anterior, aunque sea cierto, pues éste ya se fue en 2015.

Pero lo más importante es que en la parte de Hacienda, empleados públicos nacionales (y también empleados provinciales y municipales) y jubilados de cada jurisdicción no se ha hecho prácticamente nada. Esto significa que se va a incurrir en un fuerte déficit fiscal, lo que será más visible una vez que se hayan logrado controlar los incrementos de precios de cada mes. Incluso algo peor, se han aumentado los gastos sociales, como pueden ser los que corresponden a jubilados o nuevos planes para gente carenciada.

Desde que volvió el persistente aumento de precios, a partir de 2002, las empresas pagan ganancias sin ajuste por inflación de los balances, con lo cual, a medida que pasan los años, se frustran muchas operaciones inmobiliarias y de todo tipo por la gran carga impositiva que hoy afecta a cada unidad de negocios o inmobiliaria. Necesitamos despejar el tema inflación, pues no solo afecta a los trabajadores sino también a las empresas y a las decisiones de inversión.

Si la inflación anual promedio de varios años es menor a 5%, los directivos de las grandes empresas internacionales no dudan de invertir en ese país, si el negocio les interesa. Si va de 5% a 10 %, se mira con mucha cautela la inversión. Esto le pasó a Brasil en los últimos años, además de los problemas de corrupción en sus empresas del Estado y en sus proyectos de inversión.

Si la inflación es de dos dígitos, mayor al 10 % anual pero se mantiene debajo de 25 %, no se invierte salvo que sea algo muy especial, pero se le exige a la inversión una Tasa Interna de Retorno (TIR) muy alta. Si el aumento de precios es descontrolado, digamos superior al 30 % anual, no hay interés inversor y las fijaciones de capital son muy especulativas.

La inflación de la Argentina, desde 1944 hasta ahora, se ubica por encima del 70% anual

La inflación de la Argentina, considerando el período desde 1944 hasta ahora, se ubica por encima del 70 % anual. Esta historia nos condena, por eso no es suficiente con tener poca inflación 3 o 4 años, sino que hay que borrar esta larga serie de locuras con una inflación cero durante muchos períodos.

Para no tener inflación por mucho tiempo no hay que incurrir en déficit fiscal, y esto es muy difícil en nuestro país. Financiar el gasto público excesivo con deuda pública también es muy peligroso, pues significa postergar el problema para más adelante. Con el blanqueo de capitales, lo único atractivo para invertir serán los bonos del Estado, y eso puede permitir patear para adelante el problema impositivo, al poder cubrir con esa financiación el gran plan de obras públicas en el que piensa el Gobierno.

La inflación persistente es nuestro peor enemigo, por eso es fundamental llegar a un equilibrio fiscal permanente, de largo plazo. Si no nos concentramos en ese objetivo, todos los demás logros quedarán como buenas intenciones. Tenemos que resolver nuestro problema básico: la inflación persistente.

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