A 50 años de Pet Sounds: la obra sin fronteras de The Beach Boys

La obra cumbre de Brian Wilson, considerado por la Rolling Stone el segundo mejor disco de la historia, cumplió cinco décadas de vida: acaba de ser reeditado en una edición doble
Joaquín Vismara
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30 de junio de 2016  • 07:55

"¡Marilyn, voy a hacer el álbum de rock más grandioso de todos los tiempos!". Corría 1965 y Brian Wilson estaba en su casa escuchando por primera vez el por entonces flamante Rubber Soul, sexto disco de la discografía beatle . Mientras la púa recorría los surcos del vinilo, el líder de The Beach Boys escuchaba fascinado cómo, mientras su propia banda incluía en sus álbumes canciones de relleno o de menor calidad, los cuatro de Liverpool habían encontrado la manera de convertir a un álbum en un todo y no en un rejunte de composiciones. Envalentonado, tomó al disco como un reto a superar y corrió a la cocina para contarle a su mujer cuál era la misión que sentía que debía cumplir.

Principal compositor, arreglador y director del grupo, Wilson había tomado a un ataque de pánico que había sufrido en 1964 como la excusa ideal para decidir retirarse de las giras. Así, optó por quedarse trabajando en el estudio mientras sus compañeros (sus hermanos Dennis y Carl, su primo Mike Love junto a Bruce Johnston y Al Jardine) salían a la ruta para presentarse en vivo con un repertorio inalterable de canciones sobre la vida en la costa oeste con chicas, autos y tablas de surf. Todas canciones compuestas por Wilson, quien se sentía cada vez menos identificado con ese corsé creativo.

Con las puertas de la percepción en estado de permanente estímulo gracias al consumo de ácido lisérgico, Wilson empezó a ampliar su búsqueda en todos los terrenos posibles. Comenzó a incluir entramados de acordes complejos, se permitió contactar con su fragilidad interior y buscó evitar el formato clásico de una banda de rock. En el medio de ese proceso, conoció al redactor publicitario Tony Asher y forjó una sociedad creativa con él, en la que le delegó el trabajo de encargarse de las letras.

Como parte de su plan maestro, y mientras sus compañeros giraban por el mundo cantándole a las bondades de la vida en California, Wilson se encerró en el estudio con más de medio centenar de sesionistas (percusionistas clásicos, ensambles de cuerdas, vientos y un larguísimo etcétera) para delinear lo que en su inconsciente se perfilaba como una "sinfonía adolescente" en la que cada espacio del espectro sonoro está ocupado por algo. Tan exhaustiva fue su convocatoria que, a la fecha, no existe un registro preciso de quiénes fueron los que participaron en la grabación del disco. Y así suena.

¿Quién va a querer escuchar esta mierda?
Mike Love

Cuando volvieron de gira para completar el disco, sus compañeros se quedaron anonadados, y no de la mejor manera. No sólo se encontraron con que su aporte como instrumentistas no iba a ser necesario, sino que además Wilson había creado algo que difería radicalmente de todo lo que la banda había creado hasta ese momento. Limitados a sumar sus ya conocidas armonías vocales, las quejas no tardaron en llegar. "¿Quién va a querer escuchar esta mierda?", espetó Mike Love mientras se preparaban para grabar "God Only Knows", un reproche que no solo no hizo mella en su primo. El tiempo demostró quién tenía la razón: no sólo es una de las piezas más hermosamente logradas del disco, sino que hasta el mismo Paul McCartney aseguró que era la canción mejor escrita jamás. ¿Y quién se animaría a discutir a un beatle?

Y el aval de uno de los cuatro de Liverpool no es un dato menor. Wilson se había propuesto crear algo que superara a Rubber Soul, y lo alcanzó con creces. Del otro lado del Atlántico, los Fab Four recogieron el guante mientras grababan Revolver, y profundizaron su búsqueda al año siguiente con Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band, construido sobre los cimientos de lo que los Beach Boys habían edificado. Al igual que Wilson, los Beatles también adoptaron en este período la decisión de retirarse de los escenarios para convertir al estudio en un espacio de experimentación constante en donde no existían las respuestas incorrectas, y todo derivó en una sana competencia que tuvo su final abrupto cuando WIlson escuchó "Strawberry Fields Forever" en la radio mientras manejaba su auto y tiró la toalla, abatido y frustrado.

Brian Wilson, en 2007
Brian Wilson, en 2007

Contra todas las expectativas de los ejecutivos de Capitol, el sello que publicaba la obra de The Beach Boys, Pet Sounds fue un éxito arrasador que, si bien tuvo un carreteo lento al momento de su publicación, su legado sigue cosechando elogios al día en que estas líneas se escriben. Su influencia es tan perceptible en el pop barroco de su época con The Zombies y The Left Banke a la cabeza, como lo que varias décadas después retomaron grupos como The Apples in Stereo, High Llamas, Fleet Foxes y hasta The Flaming Lips en su obra cúlmine Yoshimi Battles the Pink Robots.

A cincuenta años de su publicación, Pet Sounds es noticia no sólo por su quincuagésimo aniversario (con una reedición doble: el primer CD con el disco completo en mono y stereo y el segundo con versiones instrumentales y en vivo, más giras celebratorias por el hemisferio norte), sino además por ser una obra que, al romper sus propios moldes, empujó a su generación y todas las que le siguieron a hacer lo mismo. Una fórmula que al día de la fecha sigue siendo explotada desde distintas aristas posibles. Pop, rock, avant garde, neo clasicismo. Cualquier formato es válido para tomar como referencia a lo pergeñado por Wilson y compañía. No es poca cosa.

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