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Cortázar, Borges y Puig en una interesante propuesta

Mercedes Méndez
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9 de julio de 2016  

Romans, Ledrag y Sarramone, en Del lado del cielo
Romans, Ledrag y Sarramone, en Del lado del cielo Crédito: Prensa

El continente oscuro / Autores: Gabriela Felperin, Aníbal Gulluni y Natalia Villamil / Directores: Pehuén Gutiérrez, Gabriel Guz, Cintia Miraglia y Natalia Villamil / Intérpretes: Nélida Cabrera, Graciela Barreda, Emanuel Duarte, Maximiliano Sarramone, Ana Romans y Carlos Ledrag / Sala: Espacio Polonia, Fitz Roy 1477 / Funciones: Domingos, a las 19 / Duración: 70 minutos / Nuestra opinión: buena

Hay algo en común entre leer un libro y ver una obra de teatro: no hay intermediarios. No existe una pantalla que medie en nuestra percepción y en ambos lenguajes se puede prescindir de la técnica. En la soledad de la lectura y en el hecho vivo de la actuación la comunicación entre el artista y su público es directa. Esa relación es poderosa y en la historia del arte hay magníficos casos en los que el texto escrito y las artes escénicas se mezclaron, se fundieron y construyeron un nuevo acto creativo.

En este contexto aparece una nueva fusión: El continente oscuro. Se trata de un ciclo de tres obras cortas que tiene como disparador fragmentos de textos clásicos de la literatura argentina. Así, tres directores y tres dramaturgos se inspiraron en las obras Cae la noche tropical, de Manuel Puig; Avelino Arredondo, de Jorge Luis Borges, y Rayuela, de Julio Cortázar para crear sus propios espectáculos.

En esta transposición de la literatura al teatro lo que permanece de la obra original es una sensación, ciertos aires referenciales que recuerdan a la estética tan propia e inconfundible de estos grandes autores argentinos. Puede ser un estilo de personajes (por ejemplo las dos ancianas de la obra de Puig y esa permanente melancolía por el pasado), un tema recurrente en la obra del autor (en la pieza basada en el cuento de Borges predomina el concepto del tiempo) o la poesía y algunos conflictos concretos de la trama (como sucede en la pieza basada en Rayuela). Los nuevos espectáculos que surgen a partir de estos disparadores evocan, rememoran y traen al presente los colores, las angustias y las sensaciones de esos autores del pasado.

La primera propuesta es Todos los cachorros muertos, en la que la autora Gabriela Felperin toma a las dos ancianas de Cae la noche tropical. En este caso, más que vivir a través de la vida de los otros, aquí se devela una historia de violencia y amor prohibido. Hay un tono paródico en las actuaciones, de dos mujeres renegadas y un tanto infantiles, que se abandona a medida que el conflicto se hace más dramático. Luego llega Sin pena morir, un unipersonal escrito por Aníbal Gulluni en el que aparece Avelino Arredondo, el personaje de Borges que asesina a un presidente. En esta versión, el hombre ya cometió su crimen, está encerrado y espera su condena letal. Emanuel Duarte trabaja un sutil monólogo interior, un tono confesional y sensible, siempre al borde de la desesperación. Es un acierto que no se haya intentado hacer una reproducción idéntica de estas historias, sino que sirvieran como fuente de inspiración para tomar riesgos y probar nuevas formas.

Y si de riesgos se trata, la última propuesta Del lado del cielo, escrita por Natalia Villamil e inspirada en Rayuela, de Cortázar es la que más se expande. Primero porque incluye al autor argentino entre uno de sus personajes pero, además, porque se anima a desacralizarlo. Cortázar es un hombre angustiado que se fue de París y volvió a Buenos Aires sin tener dónde caerse muerto. Entonces, un viejo amigo que trabaja en un circo lo lleva a vivir con él y su esposa. En ese entorno, el escritor vive sumergido en sus pensamientos y no tiene en cuenta el esfuerzo de su amigo. Es más, es capaz de seducir a su mujer. La historia se desarrolla entre el humor vulgar y la poesía elevada del autor. En un momento, ya no queda más remedio que darle una buena paliza al escritor de Final del juego. Durante los golpes, Cortázar grita algunas de las frases más intensas de su novela. Los artistas y la poesía en el barro, eso es algo lindo de ver.

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