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Detrás del misterio de la meditación

Conocer los estados corporales parece mejorar conductas
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11 de julio de 2016  

Según explican Agustín Ibáñez y su equipo del Incyt, tradicionalmente las neurociencias cognitivas miraron "hacia afuera": tuvieron una especial fascinación por estudiar cómo el cerebro explora y conoce el mundo externo.

La mayor parte de los trabajos científicos se centraban, por ejemplo, en capacidades como los sentidos, que monopolizaron la agenda de esta disciplina desde hace décadas. Otras temáticas recurrentes se refieren a cómo comprendemos a los otros, cómo reaccionamos en diferentes situaciones o cómo somos conscientes del mundo exterior.

Pero en los últimos años aumentó el interés por entender cómo percibimos y experimentamos el universo interno de nuestro cuerpo. Así se acuñó un nuevo concepto para denotar nuestra capacidad de percibir las sensaciones corporales: "interocepción". Es un proceso durante el cual el cerebro se encarga de monitorear información interna (del tracto digestivo, el corazón y el sistema respiratorio) y percibir cambios viscerales. Algunas de las sensaciones corporales más estudiadas en los últimos años son las que provienen del corazón ("interocepción cardíaca").

Existe evidencia creciente de que el monitoreo cerebral de los latidos cardíacos es fundamental para la regulación emocional, la autorregulación, la empatía y la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre.

Los científicos creen que precisamente esta capacidad podría estar detrás de los beneficios del mindfulness y otras técnicas de meditación. "Se basan en la percepción, el aprendizaje y la reflexión sobre las experiencias corporales internas -explica Ibáñez-. Al ponerla en práctica cotidianamente, esta focalización en las sensaciones viscerales ayudaría a disminuir el estrés y la ansiedad y a regular las emociones negativas."

Otra teoría sostiene que aprendemos de situaciones de toma de decisiones con contenido emocional que van acompañadas de reacciones corporales. "Eso forma una memoria de cómo tu cuerpo reaccionó ante ciertas circunstancias -explica Ibáñez-. Nosotros utilizaríamos esas experiencias corporales para predecir y anticipar situaciones ambiguas de las que no sabemos el resultado. Ese «registro corporal» es lo que nos sirve para decidir cuando no tenemos parámetros claros. La interocepción también estaría en la base de la empatía y el reconocimiento de emociones."

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