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Cómo crear una playlist de Palo Pandolfo sin morir en el intento

Punk y cumbia, pop y folklore, psicodelia y tango, pero por sobre todas las cosas, rock. La obra de Pandolfo es tan difícil de aunar como esencial es su influencia en las nuevas generaciones de músicos. Aquí, un recorrido por sus canciones para comprenderlo mejor
Sebastián Ramos
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13 de julio de 2016  

Como un Jedi rockero, Roberto "Palo" Pandolfo se ha debatido entre la luz y la oscuridad a lo largo de toda su existencia. La sangre, la muerte, la traición y el engaño conviven en su obra con el amor, la vida, la naturaleza, el Cosmos, la belleza y la alegría.

Psicodelia y folklore, rock y tango, cumbia pop y candombe punk. "Lo que pasa es que yo soy un artista como inclasificable. Soy medio inasible", me dijo hace una década ya, en una charla de café. "Yo soy cantor, hago canciones para desencasillarme, para diferenciarme de toda la mediocridad que percibo desde chiquito, de la gente mal educada", se explicó.

¿Cómo crear entonces una playlist con sus canciones que le haga justicia a la locura, el desenfreno, la amplitud y el surrealismo de su obra? ¿Qué temas escoger de esos dos discos de grito primal de Don Cornelio y La Zona, tan cerca y tan lejos musicalmente? ¿Cómo abarcar las mil caras cancioneras de Los Visitantes y entrelazarlas con el ecléctico repertorio firmado con su nombre sin perder la razón?

Para evitar la duda y el terror a la lista en blanco, pienso sobre seguro y arranco con "Ella vendrá", aquel primer gran hit de Pandolfo producido por un joven, pero ya experimentado Andrés Calamaro para el debut de Don Cornelio.

Ya está, arranqué. Arriesgo y busco balancear el track uno con algo de la inconsciencia y ese deseo de fluir sin un fin más que el de fluir que tienen muchas de sus composiciones. Sin pensar, elijo "Sangre", un ejercicio surrealista incluido en el primer disco de Los Visitantes ( Salud universal, 1992), un vals descarado, una composición automática, sin respiro, casi vomitada por un Palo aún desgarbado. "Sangre, poca, pobre, tonta, sangre, cara, sucia, tonta, sangre, lenta, fácil, tonta, sangre, quieta, dura, tonta, sangre, sangre, sangre va, lamiendo va la sangre, para el viento y va la sangre, para suavemente al tiempo y va sintiendo el pensamiento, chupa sangre, toma sangre, ama sangre, buena sangre, sin pecado, sangre, sin aliado, sangre, robótica sangre, musical sangre, matemática, sangre sangre sangre". Uff.

Mi próximo paso es pedir ayuda a Spotify en plan populista. Escribo "Los Visitantes" y me fijo las canciones más reproducidas de la banda en el sitio: "Estaré" (18.542), "Playas oscuras" (15.407), "Bi Bap Un Dera" (13.982), "Gozar" (7.284). Pero como no se trata de una cuenta Premium, al poner play, el aleatorio dispara "El sueño de Evita", un tema oculto de la discografía Pandolfo que sirve para introducir su trazo tanguero y que me lleva como cordero a ese álbum de culto que resultó ser Espiritango (1994). De ahí sumo a la lista "Gris atardecer", una canción que linkea con el punk reo, sucio y desprolijo de Patria o muerte, el crudo canto de cisne de Don Cornelio. Elijo "Realmente" y me quedo con ganas de más. Volveremos.

Hago una prueba y emparento aquella furia juvenil post depresión alfonsinista de 1988 con el desenfreno actual de "Ando adelante", tema rabioso (por Pescado) incluido en su primer álbum con La Hermandad, Esto es un abrazo.

Pegado, ahora sí, un segmento hitero: "Tazas de té chino", "Estaré", "Mamita dulce", "Playas oscuras", "Tanta trampa".

No puedo dejar afuera su estirpe de cantor político y agrego "La rebelde (es América mujer)", que une a Osvaldo Bayer con Boom Boom Kid en un solo grito: "el inglés es la ley, duerme ya el burgués". Y del Palo intérprete me quedo con esa bizarra versión de "Karma police", de Radiohead. "El tipo dice cosas que siento muy personales. Hay una parte que recito eso de «di todo lo que pude, no es suficiente. Di todo lo que pude, pero seguimos estando en la lista de espera»... La eterna promesa del rock nacional, Palo Pandolfo, ja, ja ja. Nadie sabe bien qué dice en sus canciones (Thom Yorke), se siente mal, tiene problemas. El tema me va más a mí que a él", me confesó una noche a días de la salida de su disco de covers, Antojo, en 2004, año del Mono para el Horóscopo chino, tan crucial en su vida como la música misma.

Miro la lista y me siento arrinconado. Ya van 13 temas y faltan muchas canciones aún para completar el rompecabezas Pandolfo. Aquello de ser el inasible se me presenta más certero que nunca antes. Voy hasta mi discoteca y me doy cuenta de que todavía no incluí nada de Ritual criollo, un álbum quiebre para su manera de componer. Entre tantas buenas canciones me inclino por "Canción cántaro".

Desesperado y viéndome morir en el intento de mi propio proyecto, le escribo un mail a Palo para que me sugiera qué tema cree él "que no tendría que faltar" en una playlist centrada en su obra. La respuesta, un día después, me desmorona. Me enumera 22 de sus canciones sin incluir -como le había pedido yo- sus temas más populares (igual me nombra 10 de ellos), pero tampoco -como me aclara él- cosas raras (me recuerda 5 temas más) ni muy cool (enumera otras 5 opciones) ni sus versiones favoritas (otras 5). Y concluye: "Pero, sobretodo, pondría entero Patria o muerte".

Decido, arbitrariamente, que lo más justo es incluir una de cada lista: "Que se abra Buenos Aires", grabada junto a León Gieco, "El rosario en el muro", "La luz de la cara roja", "En sintonía" y la versión de "La búsqueda de la estrella", de su amado Luis Alberto Spinetta, a dúo con Ariel Minimal.

Cierro con un "Antojo" y listo, Play.

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