Luego del golpe en la cabeza, Máxima reaparece y posa en Villa Eikenhorst junto al rey y sus princesas

El posado real es uno de los momentos más esperados del año y, entre otras cosas, da cuenta de cómo van creciendo las princesas
El posado real es uno de los momentos más esperados del año y, entre otras cosas, da cuenta de cómo van creciendo las princesas
Tras una primera mitad de año muy accidentada anunciaron, en familia, que se tomarán vacaciones
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15 de julio de 2016  • 00:56

Muchos creyeron que sería un verano distinto, sin el tradicional posado que antecede a las vacaciones reales. Los primeros días de julio, Reina Máxima (45) sufrió una caída y tuvo conmoción cerebral. El palacio fue hermético desde el primer momento: no dio detalles de ningún tipo, solamente aclaró que Su Majestad guardaba reposo.

Pero a pesar de la mala racha, los Orange recibieron a los fotógrafos en Villa Eikenhorst y le pusieron buena cara al “accidentado” 2016. Sonrientes y en todo momento cordiales, cumplieron el rito de la producción de fotos en el jardín trasero de su casa, situada en la finca De Horsten, en Wassenaar.

Como es lógico, los medios que los acompañaron quisieron conocer el estado de salud tanto de la Reina como de su hija mayor, que a los pocos días de la caída de su madre, se esguinzó el tobillo. Pero en el caso de la princesa heredera fue su padre, el rey Guillermo Alejandro , el encargado de desdramatizar la situación: “Son cosas de chicos, se torció el tobillo”. Además, comentó que, pese a estos “golpes” de última hora, tanto la Reina como él están muy contentos con los estudios de sus hijas, ya que las tres obtuvieron muy buenas calificaciones. Los Reyes anunciaron, además, que en su próximo curso Amalia (12) empezará a estudiar chino.

Durante la sesión de fotos, Amalia se mostró muy tranquila y segura de sí misma, e incluso pidió a sus dos hermanas que facilitaran el trabajo de los fotógrafos posando sonrientes y sin moverse. Al parecer, las chicas habían seleccionado ellas mismas la ropa (desde hace unos años que no quieren vestirse iguales) y sus padres estuvieron de acuerdo con los outfits elegidos.

En cuanto a la caída que sufrió Máxima y que le ocasionó una conmoción cerebral de carácter leve, ella misma aseguró que se encuentra bastante mejor, aunque aún siente mareos y dolores de cabeza, por lo que el descanso es “casi obligatorio”. El Rey entonces se mostró categórico al respecto: “Todos saben la enorme energía que tiene mi mujer, pero en esta ocasión me encargaré personalmente de que guarde reposo”.

Pese a la caída, la Reina participó el pasado lunes 4 en la recepción oficial que ofrecieron al presidente griego Prokopis Pavlopoulos, en el Palacio Noordeinde de La Haya. Y una vez más, demostró su fortaleza y voluntad y cuán comprometida está en el rol de reina consorte, en el que ya lleva tres años.

TIEMPOS AGITADOS

No es la primera vez que Máxima acapara los titulares por asuntos relacionados con su salud. En octubre pasado, le diagnosticaron nefritis mientras se encontraba en Pekín, en el marco de una visita de Estado. En esa ocasión suspendió algunas actividades porque tenía fiebre muy alta y debió regresar a Holanda, en carácter de urgencia. A su vuelta, permaneció tres días internada en el Hospital Bronovo de La Haya. No faltaron entonces quienes relacionaron el episodio con alguna secuela que le podría haber provocado la estricta dieta a la que se sometió y logró bajar, dicen, diez kilos. Otros fueron más lejos al indicar que la Reina podría estar acusando recibo a tantas presiones por las que debe pasar no sólo por su rol, sino por la preocupación que le genera seguir a la distancia la salud de su padre, Jorge Zorreguieta (88), que está en tratamiento por un linfoma en Fundaleu, y a quien visita de incógnito cada vez que puede.

Las princesas, en tanto, no estuvieron ajenas al “maleficio”. En febrero pasado, Alexia (11) sufrió una caída mientras esquiaba en Lech (Austria) y fue trasladada en helicóptero al Hospital Universitario de Innsbruck. Se fracturó la pierna derecha y debió ser operada.

La Reina es una madre atenta y cariñosa con sus hijas. En la imagen, junto a Alexia, que está cada día más parecida a ella, y con la pequeña Ariane, que eligió un conjunto de vestido y saco de Pili Carrera, una marca española
La Reina es una madre atenta y cariñosa con sus hijas. En la imagen, junto a Alexia, que está cada día más parecida a ella, y con la pequeña Ariane, que eligió un conjunto de vestido y saco de Pili Carrera, una marca española

HOME SWEET HOME

Antes de ser adquirido por los Orange Nassau, De Horsten era un páramo de terreno arenoso y dos paisajistas, Jan David Zocher y Edouard Petzold, lo transformaron en un edén. La propiedad pertenece a los Orange desde 1838: la compró un hermano de Guillermo II, el príncipe Federico. Villa Eikenhorst, su casco, fue levantado por orden de la princesa Cristina en 1985, hermana menor de Beatriz I, cuando recibió la finca como regalo de la reina Juliana, para instalarse allí con su marido, el cubano Jorge Pérez y Guillermo. Tras divorciarse, Cristina y sus hijos se mudaron a Nueva York y la residencia volvió a manos de la Casa Real. Máxima y Guillermo le hicieron varias reformas para convertirla en su hogar y criar a sus hijas en un paraíso verde. Es allí donde guardan sus recuerdos más entrañables. Y donde, seguro, todo puede sanar y volver a su lugar.

  • Texto: Lucila Olivera

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