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El legado olímpico del rugby argentino

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
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14 de julio de 2016  

Una de las preguntas del millón en la historia de los Juegos Olímpicos podría ser en cuál deporte compitió por primera vez un atleta negro. Fue en el rugby, quizás una de las disciplinas de menor recorrido olímpico, con una ausencia de 92 años que concluirá dentro de 23 días en Río de Janeiro. El hombre en cuestión resultó ser Constantin Henriquez de Zubiera, nacido en Haití, de origen norafricano y que compitió, obteniendo la medalla dorada, por Francia en París 1900. El dato figura en el maravilloso libro Olimpikedia, que acaba de publicar el periodista Víctor Pochat.

Hay otra pregunta de respuesta bastante más sencilla y que consiste en quién fue el primer gran atleta olímpico negro. El estadounidense Jesse Owens no sólo logró la proeza de ganar cuatro medallas doradas en Berlín 1936, sino que además lo hizo en la Alemania nazi y frente a la mirada siniestra de Adolf Hitler. En el último triunfo, el de la posta 4 x 100, Owens tuvo como testigo directo a un rugbier, Juan Alberto Eduardo Lavenás, que junto a Antonio Sande, Carlos Hofmeister y Clifford Beswick alcanzó un legendario cuarto puesto, algo todavía nunca superado por un relevo argentino en los Juegos.

Lavenás –durante una década dueño del récord nacional de 110 y 400 metros con vallas– fue un destacado wing en el rugby, y un año antes de viajar a los Juegos de Berlín estuvo entre los líderes de aquel grupo que se marchó del Club Atlético de San Isidro para fundar el San Isidro Club, tras un incidente en un tercer tiempo del cual hoy se cumplen 91 años. Los orígenes de Lavenás, más tarde presidente del SIC y secretario de la UAR, estuvieron en Belgrano Athletic.

Otro que impulsó aquella escisión –la más famosa del rugby argentino– fue Arturo Rodríguez Jurado, que también formó parte del reducido grupo de rugbiers que brillaron en los Juegos Olímpicos, pero en otro deporte. El mítico “Mono” consiguió la medalla dorada en boxeo, en la categoría pesados, en Ámsterdam 1928.

Rodríguez Jurado podría haber sido protagonista de otro hecho histórico si el seleccionado argentino de rugby hubiese viajado a París 1924, porque podría haber sumado otra medalla, ya que ese año, cuando ganó Estados Unidos, compitieron además Francia y Rumania, apenas. Por entonces, la UAR lanzó una encuesta entre la gente para que votara a los 21 que debían viajar y Rodríguez Jurado resultó octavo, pero esa ilusión se frustró por falta de dinero. Un escándalo en la final de esos Juegos (varios de los 40.000 espectadores franceses entraron para agredir a los jugadores norteamericanos) provocó el adiós del rugby hasta Río 2016.

El vínculo entre el rugby argentino y los Juegos Olímpicos siguió con Emilio Homps, jugador de Olivos Rugby y ganador de una medalla plateada en yachting en Londres 1948, y con Eduardo Guerrero, hombre de Deportiva Francesa y campeón en remo en Helsinki 1952. Ahora viene la historia directa. La maravillosa primera vez. Mañana, Santiago Gómez Cora dará la lista de los 12 Pumas 7 que estarán en Río de Janeiro. En algún sentido, llevarán un legado olímpico.

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