El fenómeno Canticuénticos

El grupo de música para niños es un boom y su "Cumbia del monstruo" tiene más de 7 millones de vistas en YouTube
Humphrey Inzillo
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21 de julio de 2016  

Fuente: LA NACION - Crédito: Juan Sebastián Cuneo

Al momento mismo de comenzar a escribir estas líneas, la "Cumbia del monstruo" de Canticuénticos, el grupo santafecino de música para niños que incorpora ritmos del folklore argentino y latinoamericano, lleva acumuladas 7.344.874 de reproducciones en YouTube. Un hit con mayúsculas que es sólo la cabeza de uno de los fenómenos más auspiciosos para el público infantil, y que en estas vacaciones de invierno se presenta de jueves a sábados, a las 15, en el teatro ND, Paraguay 918. Por la alta demanda de entradas agregaron nuevas funciones los sábados, a las 13.

¿Es posible explicar un hit? "En primer lugar está el costado divertido del baile siguiendo la cadencia contagiosa de la cumbia", cuenta Ruth Hillar, su autora. "Pero también el desafío de ir atendiendo a las partes del cuerpo en el orden que propone la forma acumulativa. Y además hay un monstruo que en lugar de asustar quiere bailar, invitando a rozar el territorio del miedo a través del juego."

De Ushuaia a Tijuana, la cumbia se posiciona como el idioma musical que une a Latinoamérica. Por eso, no parece casual que sea justamente una cumbia la canción que proyecte la música del grupo a todo el país, sino también fronteras afuera. "La cumbia santafecina forma parte del paisaje sonoro de nuestro lugar. Incluso en muchas escuelas y jardines se usan cumbias en los actos. Pero como no había ninguna dedicada a los chicos, con una temática pensada para ellos, veíamos que terminaban bailando al son de letras poco adecuadas para la infancia. Nuestra decisión de componer cumbia tuvo mucho que ver con esto. Lo increíble fue que la canción llegó a Colombia ¡Y los chicos de allá también la cantan!", celebra.

Aunque está incluida en Nada en su lugar (2013), la "Cumbia del monstruo" tomó vuelo propio antes de la salida de ese disco, cuando la cantante y docente Coqui Dutto la incluyó en un compilado que distribuyó la revista Maestra Jardinera. "Le habíamos pasado otras canciones, pero ella nos vino a ver y nos pidió que fuera la cumbia. Así que gracias a eso nos conocieron muchos chicos y también muchas maestras. Pero la gran satisfacción, más allá de que sea una de las favoritas en las fiestas de los jardines y las escuelas, es que recibimos muchos relatos y anécdotas de padres y profesionales contándonos cómo esta canción ayudó a muchos chicos con diferentes patologías a superar obstáculos y a disfrutar . Nos encanta pensar que atrás de cada una de esas 7 millones de vistas que tiene el video hay alguien que se está sintiendo feliz."

Canticuénticos tiene su origen en el encuentro entre Ruth y otra de sus cantantes, Daniela Ramallo, en un taller de composición de canciones que dictaba el rosarino Jorge Fandermole. "Cuando terminaron los encuentros decidimos seguir solas, jugando con palabras y sonidos, y enseguida coincidimos en que queríamos cantarles a los chicos. Así arrancó el proyecto", recuerda. Así fue que se incorporaron al grupo Daniel Bianchi (guitarra), Nahuel Ramayo (batería y percusión), Gonzalo Carmelé (bajo) y Laura Ibáñez (voz).

"Todos hemos formado parte de proyectos de música para adultos, de géneros tan diversos como el jazz, el tango, el folklore, la música clásica y contemporánea. Somos, además, profundamente curiosos de las manifestaciones musicales de diversas épocas y culturas", explica Bianchi. Las influencias del grupo trascienden al ámbito infantil (mencionan a María Elena Walsh, Luis Pescetti, los Musiqueros, Cri cri, Yudith Akoschky, Rita del Prado y Jorge Velosa, y también al Momusi y al Mocilyc, "dos fuentes inagotables de hermosa música para chicos") y aspiran a que su música sea el disparador para que sus pequeños seguidores accedan a la obra del Cuchi Leguizamón, Ramón Ayala, Violeta Parra, Chico Buarque, Caetano Veloso, Les Luthiers, Jaime Roos, Chabuca Granda, Coqui Ortiz, Carlos Aguirre y Juan Quintero. "Ellos, y muchos otros, han dejado huella en nuestra manera de sentir y entender la música."

Identidad y mensaje

En ese sentir musical, la identidad aparece como un rasgo indispensable para un grupo surgido desde la "periferia". Trabajar a partir de las músicas folklóricas fue una de las consignas iniciales. "Creemos que en Argentina y Latinoamérica tenemos un patrimonio musical muy valioso y muy bello, y es nuestra responsabilidad cuidarlo y hacerlo crecer. Quisiéramos que nuestras canciones sean una puerta de entrada por la que los chicos pasen a encontrarse con una música que les pertenece, que les da identidad, que les habla en su idioma y que está ahí, no para mirarla como a una pieza de museo, sino para seguir reinventándola siempre", dice Ruth. Y Daniel agrega: "Creemos que la masividad, más allá de unificarnos y homogeneizarnos, debe enseñarnos a reconocer y alzar una voz propia y orgullosa, y así poder encontrar y abrazar las demás voces, formando una pluralidad llena de singularidades. Nuestra tonada es provinciana, y venimos de una zona de llanuras y caudalosos ríos. Las canciones que cantamos tienen esa impronta, ese acento, esa forma de ver el mundo, esa cadencia. Y desde ese lugar ampliamos la mirada hacia las demás regiones de la Argentina y Latinoamérica. Somos emergentes de una región culturalmente muy rica, llena de artistas que hacen su trabajo hermoso y lleno de propuestas: ojalá nuestra supuesta masividad sirva para ayudar a que estas voces se escuchen en un mapa musical argentino realmente federal".

En esa dirección, otro de los temas más populares del grupo es "El mamboretá", un chamamé que habla de la valentía, del compañerismo y de la solidaridad, escrita con palabras y personajes (panambí, kururú, yacaré, ñurumí) escritas en guaraní. Con ilustraciones de Estrellita Caracol, esa canción se transformó en un libro que inaugura la colección Canticuénticos en papel.

El huayno "Quiero para mí" levanta banderas que tienen que ver con el cooperativismo, con lo colectivo, con un compromiso social bien marcado. "Tanto en esa canción como en «¿Hornero qué ves?» sentamos una posición muy firme en cuanto a temas sociales. Creemos que valores como la solidaridad y la compasión, así como la idea de un mundo que no excluya a nadie son conceptos importantísimos en la formación de nuestros chicos y confiamos fuertemente en que el arte puede ayudar a generar cambios positivos", explican.

A principios de los años 80, en plena dictadura uruguaya, el grupo Canciones para no dormir la siesta (que integraba, entre otros, Horacio "Corto" Buscaglia, padre de Martín) hacía un espectáculo que estaba dirigido, a la tarde, al público infantil y en la trasnoche, al público adulto. Presentaban exactamente el mismo show, no cambiaban ni una coma. Los Canticuénticos también entienden que el arte, incluso el infantil, puede ser un espacio de resistencia. "Creemos en el arte comprometido como un agente de cambio. La creatividad, la imaginación, la expresión, pueden salvar al mundo. Nos enorgullece pensar que de a poquito vamos entrando en un espacio desde el que se puede potenciar la sensibilidad en la infancia", aseguran.

Quizá por eso, y a pesar de los millones de reproducciones en YouTube, de tener presencia en las principales redes sociales y una página web como plataforma, no hay referencias cibernéticas ni en sus canciones ni en su show. "Preferimos poner en el centro de la escena temáticas universales, atemporales, humanas. Y pensar la tecnología como un medio. Por eso en nuestras canciones, que tanto se escuchan y se ven en sus formatos audiovisuales a través de la Web, hablamos del amor, del heroísmo, de la solidaridad, de los berrinches, de la paciencia, de personajes inventados? Nos gustaría que los chicos y grandes que ven los videos o escuchan las canciones de Canticuénticos por la Web, tengan también un tiempo para disfrutar juntos de jugar, leer, bailar, dibujar, inventar historias disparatadas, reírse y cantar. Y de irse a dormir con un gran abrazo."

Los Canticuénticos

Banda musical

Jueves a sábados, a las 15.

ND Teatro, Paraguay 918.

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