Lo nuevo de Radiohead: un viaje de placer al fin de los tiempos

Entre orquestaciones y electrónica, la banda graba una síntesis brillante de todas sus mutaciones
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25 de julio de 2016  • 13:12

Radiohead - A Moon Shaped Pool

XL Recordings - 4 estrellas y media

En la escena de quiebre de Matrix (1999), Neo debe optar entre la píldora roja y la azul. La roja le develará la verdad invisible de un mundo en ruinas. La píldora azul le permitirá sostener la ilusión de la matriz. A Moon Shaped Pool, el noveno álbum de Radiohead, contiene las dos partes de esa gran metáfora de la era digital: la realidad colapsada y un bienestar casi uterino. Radiohead es la utopía sónica en la que se mezclan los sueños hermosos y esos ataques de pánico de vuelo rasante de los que habla “Burn the Witch”, en el comienzo vertiginoso del disco.

Esta vez, el horizonte es la belleza, más que el ánimo de reinvención. A Moon Shaped Pool es un pacto entre los laboratoristas de Kid A y los cancionistas de In Rainbows. Es quizás el álbum más conciso y placentero de Radiohead desde OK Computer (1997), y a la vez es una síntesis brillante de las distintas mutaciones que expresó en esta década y media, y que la convirtieron en la banda de rock más relevante del siglo XXI.

Muchos de los temas que conforman el disco son viejos conocidos para los fans, gemas del repertorio en vivo y outtakes, pero en Radiohead el todo siempre es más que la suma de las partes: la identidad del álbum se define en las orquestaciones, conducidas por el guitarrista Jonny Greenwood –un compositor magistral de música para películas–, y en los detalles que se filtran como gusanos en cada agujero de la grabación.

La voz de Thom Yorke, evocativa y espectral, es el arma más poderosa de la banda. A su alrededor, un arca de instrumentos de madera, cuerdas, texturas electrónicas, guitarras acústicas, melodías de piano, grooves jazzeros, raptos de distorsión. El clima misterioso de “Daydreaming”, con un coro que deriva en un valle de lamentos, podría ser una parodia de Radiohead si no tuviera una resonancia tan trágica y luminosa. El riff del teclado se acelera hasta chocar con algo parecido al ronquido de una fiera. Canciones como “Decks Dark” y “Present Tense” muestran al grupo en su versión más melodiosa, con arreglos de un preciosismo abismal. El canto de sirenas que asciende después de las primeras estrofas de “Decks Dark” remite al clímax de “Paranoid Android”. Y mientras Yorke se relaja, dando muestras de su raro swing, la batería de Phil Selway conduce y regula, y la guitarra amaga salir a matar. De ahí al arpegio folkie y el aura distópica de “Desert Island Disk”, la aceleración densa de “Ful Stop”, la calidez de “Glass Eyes” y el cierre onírico de “True Love Waits” Oantiguo inédito que aparece en algunos shows de la banda desde 1995O dice que el amor verdadero se refugia en los altillos embrujados, pero también en los chupetines y las papas fritas.

A Moon Shaped Pool es un viaje profundo, una nave fantasma empujada por un grupo de artistas con plena conciencia de su lugar en la historia. Y es la contemplación poética de algo –un corazón, un paisaje– que se desarma en soledad.

Por Pablo Plotkin

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