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Hacia la violencia cero

Carolina Stanley
Carolina Stanley PARA LA NACION
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27 de julio de 2016  

En nuestro país, una mujer es asesinada cada 37 horas por violencia de género. La cifra exhibe otro costado de la vulnerabilidad social que vive la Argentina y requiere de atención, seguimiento, compromiso y consenso cultural.

Cuando advertimos la violencia social en la que se sumergió la Argentina en los últimos años pensamos a menudo en la inseguridad ciudadana y dejamos de lado la realidad dolorosa en la que viven miles de mujeres puertas adentro de sus casas. Es una realidad más silenciosa, solapada, disimulada tras un maquillaje o simplemente negada y hasta justificada culturalmente.

Tenemos que dejar de contar los femicidios. La estadística, detrás de la que se advierten rostros y familias con cientos de historias de vida truncadas y futuros deshechos, debe reducirse.

Hacia ese objetivo apuntamos en la implementación de políticas que llevamos adelante desde diferentes organismos del Estado y organizaciones civiles. Porque éste es un problema que debemos encarar entre todos, asumiendo que el drama de la violencia de género nos interpela en nuestra capacidad para promover un ambiente social compatible con la vida y el desarrollo humano de una sociedad.

Ante esta realidad, desde el Estado hemos decidido comenzar a saldar esa deuda y lanzamos un plan nacional destinado a erradicar todo tipo de violencia contra la mujer: cada mes, unas 7500 mujeres llaman a la línea 144 solicitando ayuda desde todo el país. La gran mayoría está en situación de violencia por su pareja o su ex pareja.

La información con la que hoy contamos nos permite llevar a cabo este plan a través del Consejo Nacional de las Mujeres.

Erradicar la violencia de género requiere un abordaje simultáneo: la decisión política de poner en marcha herramientas a mediano y largo plazo junto con el compromiso social en la construcción cultural que modifique los paradigmas que ponen en riesgo la integridad física y psicológica de las mujeres.

Es decir, los derechos consagrados en la ley 26.485, de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales deben ser acompañados por una sociedad que rechace y condene a viva voz los esquemas culturales afianzados durante años que pretendieron justificar este tipo de prácticas, llevándolas al extremo de la muerte.

A esta ley le faltaba, desde hace años, un plan que nos pusiera en acción, que nos despertara, que nos ayudara a dar esas respuestas que la sociedad reclamaba. Un plan integral, con el que lleguemos a todas partes. Un plan que además defina todos los tipos y modos de violencia. Porque la violencia comienza antes que el golpe. Un plan que comprometa a los tres poderes del Estado a tomar las medidas para garantizar la igualdad entre hombres y mujeres y para erradicar la violencia contra las mujeres.

El funcionamiento del plan que hemos lanzado involucra a más de cincuenta organismos públicos y propone líneas de trabajo con la sociedad civil y el sector privado. Abarca acciones como la creación de la Red Nacional de Hogares de Protección Integral, donde se brinda atención a mujeres en situación de violencia y a sus hijos; la construcción de 36 nuevos hogares en todo el país; la incorporación en la currícula educativa de todos los niveles de la prevención de la violencia; la implementación de campañas masivas de concientización, diseñadas para los distintos colectivos de mujeres, y el desarrollo de dispositivos de protección innovadores (servicios digitales, aplicaciones para celulares, tobilleras electrónicas), por mencionar sólo algunas.

La etapa que comenzamos a partir de esta iniciativa pone sobre la mesa un debate reiterado, pero sobre el que debemos volver una y otra vez, que consiste en la igualdad entre mujeres y varones.

A la hora de bucear entre las causas que justificaron la violencia de género aparecen conceptos fuertemente arraigados en nuestra cultura popular que colocaron a las mujeres en situaciones de inferioridad.

"Juntos contra la violencia" fue el lema empleado en la última campaña audiovisual que impulsamos desde el Ministerio de Desarrollo Social. No se trata sólo de un disparador publicitario, sino de una apelación a toda la sociedad para que nos involucremos en un destino común como argentinos. Necesitamos ser una sociedad que rechace y condene los esquemas culturales afianzados desde hace años que justifican distintas prácticas de violencia.

Entre los aspectos pendientes que nuestra sociedad debe encarar en lo inmediato figura la necesidad de emplear todas las herramientas que tengamos a mano para evitar que más mujeres sigan muriendo en la Argentina. Se trata de respetarlas. Se trata de amarlas. Se trata de salvarlas. Se trata de trabajar incansablemente para que ninguna de ellas tenga miedo.

La transformación de nuestra sociedad la podemos, y debemos, hacer juntos.

Ministra de Desarrollo Social de la Nación

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