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El desafío de querer cambiar de rumbo y sostener el prestigio

Celina Chatruc
Celina Chatruc LA NACION
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4 de agosto de 2016  

G racias Bergoglio se titula la obra de León Ferrari que aún permanece rota en el taller del fallecido artista. El hombre que ganó en 2007 el León de Oro de la Bienal de Venecia, máxima distinción del arte a nivel mundial, decidió cambiar el nombre original de su escultura - Los inmortales- luego de que un visitante de su muestra intentó destruirla.

Ocurrió en diciembre de 2004 en el Centro Cultural Recoleta, el más popular de la Argentina, después de que la máxima autoridad de la Iglesia local -hoy papa Francisco- definió como una "blasfemia" la retrospectivaque combinaba símbolos religiosos y objetos eróticos. Curada por Andrea Giunta, desató un escándalo mediático y consagró a Ferrari en su propio país después de 15 años de exilio en Brasil.

Había pasado más de una década desde que Liliana Maresca, quien será homenajeada el año próximo con una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno, exhibió pestilentes carcasas de ataúdes en ese mismo espacio que supo integrar durante más de tres décadas a emergentes y consagrados. Artistas de todo el país ganaron visibilidad gracias al programa federal Argentina Pinta Bien y exhibir en la gigante Sala Cronopios se convirtió en sinónimo de haber conquistado un lugar destacado en la escena nacional.

Ese prestigio se diluyó en los últimos años, cuando las inconsistencias en la programación se sumaron a la falta de mantenimiento por problemas de presupuesto. El ejemplo más notable se produjo en 2008, cuando se decidió que el orden de inscripción era criterio suficiente para seleccionar obras que integrarían una muestra de artistas jóvenes.

La situación prometía revertirse con la designación, el año pasado, de un comité asesor que trabajó ad honorem para crear una programación a la altura del Recoleta. Sin embargo, desde este mes, la gestión a cargo de Jimena Soria tomará otro rumbo, en el que las artes visuales cederán espacio a otras disciplinas, como teatro, música, literatura, cine, danza y diseño.

Según lo adelantado, la muestra principal del segundo semestre rendirá homenaje a este "espacio de exhibición, experimentación, encuentro y movimiento incesante". Propuesta y curada por Rafael Cippolini, ocupará las tres salas principales para contar la historia del Recoleta en forma multidisciplinaria, característica que parece clave en esta nueva era. Incluirá obras de un centenar de artistas que expusieron allí -Ferrari, Maresca, Enio Iommi, Gyula Kosice, Carlos Gorriarena y Yuyo Noé, entre otros- y material de archivo -fotos, afiches, documentos y películas-. También están previstas tres exposiciones "dedicadas al arte contemporáneo, el campo visual y la historieta", intervenciones de ocho artistas y la octava edición del encuentro Fase, que une arte, ciencia y tecnología.

"Los directores que asumieron no trataron de deshacer lo hecho por los anteriores. Eso permitió que en estos 25 años se sumara el aporte de las distintas gestiones. Ojalá ése sea el legado para otras instituciones de la Argentina", dijo a La Nacion el artista Guillermo Kuitca en 2009, en referencia a otro centro cultural porteño: el mítico Rojas.

De esa continuidad a la hora de evaluar lo que se hizo bien -que no fue poco- depende que el Recoleta sostenga su prestigio o quede opacado por el Centro Cultural Kirchner, donde anteanoche Marcos López volvió a sorprender con su provocadora muestra Ser Nacional. Por ahora hay más preguntas que certezas.

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