El "Aquaman" criollo, José López y Madres: cómo se gestó una caja de $ 765 millones para obras que no se licitaron

López y De Vido, cuestionados
López y De Vido, cuestionados Fuente: Archivo
La trama, que ahora investiga la Justicia, se remonta a la época en que Telerman era jefe de Gobierno porteño; cómo funcionaba la estructura de vivienda social y cuál fue el rol del ex secretario de Obras Públicas Abel Fatala
Diego Cabot
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4 de agosto de 2016  • 13:40

Con José López preso y con Hebe de Bonafini citada por la Justicia, reverdeció el caso de la Fundación Sueños compartidos y el particular método de construcción de viviendas sociales en el que es Estado involucró a organizaciones sociales.

La cofradía de la vivienda tenía al tándem López-Julio De Vido en el vértice. Pero detrás de ellos aparecen Abel Fatala, el primo de Néstor, Santiago Kirchner e innumerables personajes que convivían dentro de un sistema que eclosionó primero con la denuncia a los hermanos Shocklender y finalmente, con los bolsos llenos de dólares en el convento.

El verano tuvo de 2001 tuvo una característica: fue uno de los más lluviosos en la historia de Buenos Aires. Belgrano, Villa Devoto, Villa Pueyrredón y Palermo habían estallado de la mano del agua que no escurría.

Fatala se puso una campera impermeable amarilla, botas de goma, un casco que no desentonaba y tomó cartas en el asunto. Entonces sí, seguido de periodistas y fotógrafos, se sumergió en las entrañas porteñas. Unos minutos después emergió con una cantidad de botellas de plástico en la mano. "Esto no lo hace la lluvia, lo hacemos nosotros", dijo el entonces secretario de Obras Públicas del gobierno de la Ciudad durante la gestión de Aníbal Ibarra.

Nació así la leyenda del "Aquaman" criollo, como le decían por aquellos convulsionados días. En 2011, Fatala se convirtió en el brazo gestor que tuvieron las Madres de Plaza de Mayo para manejar ciertos asuntos. En 2006, López lo convirtió en secretario de Obras Públicas del Ministerio de Planificación Federal. Fue el funcionario que gestionaba en nombre de las Madres después de que la fundación se convirtiera en un actor principal en el mundo de las viviendas sociales. Su relación cercana con la Fundación lo llevó a ser, junto con Luis Bontempo, el primer funcionario llamado a declarar ante el Congreso en 2011 para responder por el entuerto que envolvió a Sergio Schoklender, a las Madres y al Gobierno. Bontempo falleció en 2012.

Fatala y una caja millonaria

Aquella traumática relación que hoy la Justicia investiga empezó en 2006. El gobierno porteño que dirigía Jorge Telerman fue el mentor del emprendimiento constructor de las Madres. La Corporación Sur, el Instituto de la Vivienda de la Capital (IVC), la Fundación Madres de Plaza de Mayo y el Ministerio de Planificación Federal firmaron un convenio (número 46) mediante el que le daban a la Fundación la tarea de construir 480 viviendas en Los Piletones, un barrio del sur porteño. Esa fue la génesis que idearon los funcionarios municipales Fatala, Gabriela Cerruti -entonces ministra de Derechos Humanos y Sociales- y Claudio Freidin -presidente del IVC-. La obra se financiaría con recursos del Plan Federal a través de la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del Ministerio de Planificación Federal. La supervisión técnica del proyecto y el proceso de adjudicación de las unidades estaría a cargo del IVC.

El 29 de diciembre de 2010, mediante la decisión administrativa 961, Cerruti ingresó en el ministerio que manejó De Vido, puntualmente en la subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda.

Después del casco y las alcantarillas, en 2006, Fatala llegó a la Nación. Se convirtió en el número dos de José López. Junto con el primo del entonces presidente, Néstor, Carlos Santiago Kirchner y Luis Bontempo, Fatala se convirtió en la tercera pata de ese trío de influyentes hombres de la obra pública.

En 2010, el IVC, ya en manos del macrismo pero con varios funcionarios que responden a la Nación, se impacientó por los retrasos que tenían las obras que estaban a cargo de las Madres. Se había pagado por el 80% y estaba terminado sólo el 40. Las quejas y las amenazas de rescisión de los contratos llegaron al Ministerio de Planificación. Entonces, desde esos despachos, se encomendó a Fatala la tarea ser una suerte de colaborador para destrabar la situación. Para esa tarea sumó a su colaborador Freidin. El vínculo con las Madres y con el propio Sergio Schoklender se estrechó.

La relación entre Madres, Schoklender y el Gobierno, que López y Fatala manejaban, manejó 765 millones de pesos que fueron adjudicados a obras públicas y que nunca se licitaron. La sociedad no sólo se complementaba con ladrillos. Muchas de las casas que se entregaban ya contaban con muebles, ropa de cama u otros accesorios fabricados confeccionados en alguno de los emprendimientos de la Fundación.

La relación caminó sin sobresaltos, hasta que los aviones y la Ferrari que se le atribuyeron en su momento a Sergio Schoklender pusieron sobre la mesa una trama compleja.

Diez años después, aquella compleja trama empezó a ser investigada. Vaya paradoja, impulsada por la verborragia de López preso, uno de los hombres que más hizo para ocultarla cuando encarnaba el poder.

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