Una travesía mágica

Alberto Cantore
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5 de agosto de 2016  

Virtuosas músicas y comediantes
Virtuosas músicas y comediantes Crédito: Prensa

The funamviolistas / Creada y producida por: The Funamviolistas (Ana Hernández, Lila Horovitz y Mayte Olmedilla) / Dirección: Rafael Ruiz / Intérpretes: Sarai Pintado (violín), Mayte Olmedilla (viola) y Lila Horovitz (contrabajo) / Escenografía: Maite Agorreta y Natalia Alonso / Teatro: Maipo Kabaret / Funciones: martes, a las 21; viernes y sábados, a las 23 / Duración: 65 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Decía Nietzsche que la vida sin música es un error. Lo mismo podría afirmarse acerca del humor, ese oxigenante fruto del talento humano que nos alerta sobre la estupidez de creernos demasiado importantes e irreprochables a toda crítica y nos ayuda, de paso y si es que la inteligencia viene en nuestro auxilio, a pensar en qué infinitamente mejor sería la vida en cualquier lugar del planeta, y aquí mismo, si no se derrochara tanto tiempo en maltratar al otro, perpetrar mezquindades a cada segundo o negar justicia a los que sufren. O si se decidiera dejar la mentira sólo para la ficción que, lejos de hacer daño con ellas, concibe historias que estimulan el amor por las utopías y reconfortan el corazón. Música y humor pueden abordar esa tarea en conjunto, accediendo por la doble vía del intelecto y la emoción a esa suprema aspiración, tan a menudo olvidada, de hacernos más humanos, más comprensivos con el semejante. E incluso más divertidos, porque se accede a esa lucidez riéndonos. La propuesta del trío The Funamviolistas, formado en España con instrumentistas de ese origen y una argentina, cumple esa misión de manera excelsa. Con una sensibilidad, refinamiento, calidad de ejecución y precisión técnica que no es habitual encontrar en los trabajos musicales de esta naturaleza y mediante una realización escenográfica sencilla, pero exacta y una iluminación virtuosa.

El humor puede formar parte de las propias partituras, como lo prueban infinidad de obras en distintas épocas de la música. Acá, el propósito ha sido contar sin palabras la historia de tres mujeres despedidas de su trabajo y, al llegar a una plaza y conocerse, deciden trabajar juntas allí para sobrevivir. La vida en común no es fácil y cada una deberá aprender a acomodar sus ideas y costumbres a la realidad de las otras. Toda esta trama se expresa a través de la interpretación de distintas obras donde a veces coinciden en el punto de vista con el que las abordan -o la oportunidad de hacer tal o cual pieza- y otras no.

Y es en ese proceso que se conocen y se constituyen como grupo humano integrado. Lo extraordinario es que para transmitir el sentido de lo que desean, rechazan o apelan, además de sus instrumentos de cuerda, toda clase de disciplinas complementarias: la mímica gestual, el baile, el canto, la acrobacia, con un alto nivel de sutileza artística. Alguna crítica ha sostenido que es un humor blanco. No parece serlo porque jamás desciende a la bobería ni a la payasada fácil, sino que habla de cosas profundas como los sueños y la solidaridad, claro está que sin acudir nunca a la socorrida receta de bajar línea o remarcar lo obvio. En lo musical, el recorrido garantiza una travesía mágica por algo más de una hora por piezas que van del repertorio clásico a la producción popular. Comienza con "Meditación de Thais", fragmento de la ópera Thais, de Massenet, y concluye con el "Intermezzo" de Carmen, de Bizet, y "Fuga y Misterio", de Piazzolla, pasando por otros autores como Benoît Charest, Amadeus Mozart, Edmundo Angerer, Nino Rota, Jacques Offenbach, Antonio Vivaldi, Eduard Grieg o Henry Mancini. Decimos travesía mágica porque en su transcurso se combina, en un encaje perfecto, el entretenimiento placentero y emotivo con la sensación de estar sostenido por el leve oleaje de una nube.

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