Río 2016: Luis Scola, multicampeón, abanderado... ¿y miembro del COI?

Fuente: Reuters
El basquetbolista, emblema de la delegación argentina, necesita quedar entre los cuatro atletas más votados para ingresar a uno de los organismos más selectos del mundo
Gastón Saiz
Sebastián Fest
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4 de agosto de 2016  • 23:59

RÍO DE JANEIRO.- Dos años atrás, Luis Scola decidió sumergirse en eso que tantos deportistas evitan: las cloacas de la federación que controla a su deporte. Aquello fue turbulento, pero al final salió bien. Dos años más tarde, Scola sigue jugando y la apuesta es otra: convertirse en miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), un organismo que está entre los más selectos del mundo, con apenas un centenar de miembros.

¿Cómo lograrlo? Necesita quedar entre los cuatro atletas más votados en la elección que se celebrará a lo largo de Río 2016. Los deportistas encontrarán urnas situadas en diversas áreas de la villa olímpica para elegir entre 23 candidatos, y uno de ellos es Scola, que pase lo que pase no olvidará estos Juegos que hoy abre como abanderado desfilando al frente de la delegación argentina más grande en toda la historia olímpica.

El ala-pívot prefiere tomarse con calma el asunto de un posible salto la alta política deportiva a nivel mundial: "Hay una lista de candidatos y yo soy uno de ellos. Sería muy lindo poder participar, es todo mucho más difícil cuando estás jugando, tanto en la elección como si me llegaran a elegir para esta comisión, pero es algo que me interesa mucho de cara a mi retiro del básquetbol. ¿Futuro miembro del COI? En realidad no puedo pensar en un cargo más adelante cuando todavía estoy jugando. Eso será mucho más adelante, iré paso por paso".

Pero podría sucederle que los plazos se aceleren y que tenga que pensarlo dentro de dos semanas, porque cuando terminen los Juegos, si es elegido, será miembro del COI por ocho años. Eso es lo que espera Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino (COA).

"Entre otras cosas por eso lo elegimos como abanderado. No sería coherente postularlo al COI y elegir a otro deportista para llevar la bandera". El titular del COA dijo a La Nación que estima que Scola necesita "unos 800 votos" para quedar entre los cuatro primeros. "Confío en las simpatías y el conocimiento que tiene en países como Estados Unidos, Italia, China, España o Canadá", todos países que aportan delegaciones muy nutridas y sumarían muchos votos.

Saltar en algún momento del Scola jugador al Scola dirigente parece un paso natural, casi inevitable. Se lo advierte en la firmeza de sus palabras, en la rigurosidad de sus conceptos, en lo compenetrado que se lo ve en cada empresa que emprende: es un potencial dirigente, con personalidad y modos probablemente diferentes a los de Agustín Pichot cuando todavía estaba en plena actividad como Puma, pero con un potencial en la política deportiva muy similar al del ex rugbier.

Scola piensa primero lo que dice y luego dice lo que piensa, sin rodeos. Sabe además qué teclas debe tocar para maniobrar políticamente haciendo valer su condición de jugador consagrado. Allá por julio de 2014 decidió meterse en el lodo de una coyuntura muy complicada para el básquetbol nacional. A pocas horas del comienzo de la preparación para el Mundial de básquetbol de España, el doble medallista olímpico hablaba en forma descarnada acerca de los malos manejos de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB), cuando la entidad estaba descalabrada económicamente y la crisis ya era inocultable: "Esta CABB no me genera nada. No quiero ser cómplice de algo tan turbio. Ese es mi derecho. Si no juego el Mundial, será por culpa de una gestión horrenda. Y será una desilusión, porque hace 15 años que estoy en la selección mayor, donde la paso bien y me encanta estar", señaló Luifa entonces públicamente. El jugador surgido en Ferro Carril Oeste sentía que ése era el momento para los jugadores se involucrasen: "Hace tiempo que le pedimos a Germán Vaccaro [titular de la entidad] que diera un paso al costado porque se oponía a una auditoría. No tuvimos respuesta. Somos jugadores y no queremos tomar la CABB. Los dirigentes han jugado con nuestra forma de ser"

Ya en 2013, antes de la Copa Stankovic, Scola le había pedido a Vaccaro que contara qué problemas económicos había en la entidad, pero se sintió ninguneado una y otra vez como el resto de los jugadores que plantearon el reclamo. "Pedimos lo mínimo, no que generen recursos ni que construyan estadios. Pedimos que sean honestos y que nadie saque plata que no sea suya. No entiendo por qué no se pueden pedir las razones de la debacle. Honestidad es lo mínimo que se le puede pedir a una entidad sin fines de lucro como la CABB. Alguien tiene que decir por qué la CABB debe tanta plata en todo el país. Los mismos dirigentes deberían luchar por una auditoría externa y seria", reforzó en la misma entrevista.

En abril de 2014, Vaccaro renunció por pedido de Carlos Espínola, que ocupaba el cargo de Secretario de Deporte, y que a su vez ya venía recibiendo los comentarios y críticas de los jugadores respecto de la conducción del básquetbol. La situación en la CABB solo empezó a normalizarse en noviembre de aquel año. Para esa fecha, el interventor de la entidad Fernando Susbielles presentó el informe de deuda del organismo, que indicaba que la entidad debía 33 millones de pesos, y que Vaccaro tenía que dar "las explicaciones del caso por presuntas defraudaciones".

Está claro que Scola fue la cabeza visible para empezar a aclarar ese embrollo en un deporte que diez años antes había festejado el oro olímpico. Ahora, aspira a una trayectoria política con proyección a largo plazo, respetando sus tiempos de jugador, pero dando pasos seguros.

"Lo intentamos con Gabriela Sabatini y con Luciana Aymar ", recordó Werthein. "No lo logramos. Ahora creo que es posible. Si se da, sería un hito, porque por primera vez en la historia la Argentina tendría dos miembros en el COI". Nada mal si es que Buenos Aires, tal como le pide el presidente del COI, Thomas Bach, inicia la carrera por ser olímpica en 2028 o 2032.

cd

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