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El festival de la audacia

Un panorama de las películas más destacadas de los primeros tres días del encuentro de cine suizo
Diego Batlle
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7 de agosto de 2016  

Una escena de La Prunelle de mes yeux
Una escena de La Prunelle de mes yeux Fuente: LA NACION - Crédito: Festival Locarno

LOCARNO.- "Esta película contiene escenas que podrían herir la sensibilidad de algunos espectadores". La advertencia figura en catálogos, programas de mano y carteles de accesos a las salas para muchos de los títulos del festival y tiene que ver con la habitual audacia, sentido de la provocación y gusto por los extremos de los programadores de Locarno.

Pero mientras otros festivales relegan esos films radicales a secciones de medianoche, la muestra suiza se arriesga a ubicarlos en su Competencia Internacional. La apuesta es clara: llevar los márgenes al centro, darle visibilidad a las producciones más frágiles. Así, transcurridas tres jornadas en la disputa por el Leopardo de Oro -máximo premio de Locarno- ya se vieron varios largometrajes de enorme osadía y desparpajo.

Wet Woman in the Wind (Japón), de Akihiko Shiota. Esta 69» edición rinde tributo al Roman Porno (Pinku eiga), popular género japonés de películas de explotación con mucho contenido sexual. Así, el complemento ideal es esta nueva producción de Nikkatsu que recupera el espíritu de aquel cine con excelentes resultados. Se trata de una película delirante, llena de humor absurdo y sorpresas que busca descolocar e incomodar al espectador a partir de las desventuras eróticas de un reconocido dramaturgo que se instala en una precaria casa en medio del bosque en busca de tranquilidad, pero sufrirá el acoso de una joven de vida sexual muy activa.

La Prunelle de mes yeux (Francia), de Axelle Ropert. La directora de La Famille Wolberg apuesta a la comedia excéntrica y políticamente incorrecta con una historia de amor-odio entre una joven no vidente (Mélanie Bernier) y un músico de origen griego (Bastien Bouillon) que se hace pasar por ciego. Entre canciones populares y una mirada sin pintoresquismo a la comunidad griega en París, la relación entre dos hermanos y múltiples enredos afectivos, Ropert construye un film que bajo su apariencia ligera sintoniza con el descontento, la incomodidad y el desconcierto de la sociedad francesa actual.

Mister Universo (Italia-Austria), de Tizza Covi y Rainer Frimmel. Los directores de La Pivellina retratan la cotidianeidad de Tairo, un joven domador de leones de un decadente circo ambulante. La primera parte muestra su rutina con los felinos, la relación con una contorsionista y su descontento. Y, cuando le roban su amuleto de la suerte, sale en busca de Arthur Robin, el físicoculturista negro que fue Mister Universo y que le había regalado ese objeto. Rodada en fílmico con paciencia, rigor y sensibilidad, es una valiosa continuación del trabajo de esta pareja de artistas tan consecuentes como personales.

Correspondências (Portugal), de Rita Azevedo Gomes. Otra película ardua, bella y fascinante, en este caso basada en el intercambio de cartas que mantuvieron durante casi 20 años los poetas Jorge de Sena y Sophia de Mello Breyner Andresen. La directora de Frágil como el mundo y La venganza de una mujer construye un rompecabezas, un collage, un melancólico ensayo de infinitas capas sobre el exilio, el desarraigo, el arte y la historia para el que apela a todos los recursos audiovisuales imaginables.

Los tributos cinéfilos

  • LOCARNO.- Más allá de la radicalidad de sus dos competencias, el Festival de Locarno reserva un espacio central para las proyecciones nocturnas (un auditorio al aire libre con 8500 butacas montado en la histórica Piazza Grande), la alfombra roja (donde desfilaron desde Bill Pullman hasta Gemma Arterton) y, claro, los tributos cinéfilos, que ya tuvieron como destinatarias a dos míticas actrices: la italiana Stefania Sandrelli, que recordó sus trabajos con Ettore Scola, Pietro Germi, Mario Monicelli y Bernardo Bertolucci (se proyectó una copia restaurada de El conformista), y la franco-británica Jane Birkin, quien tras recibir el Leopardo a la carrera repasó sus proyectos con Michelangelo Antonioni, Jacques Rivette, Alain Resnais, Agnès Varda y Bertrand Tavernier, así como sus relaciones artísticas y afectivas con Serge Gainsbourg y Jacques Doillon.

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