Volver al 55, el nuevo falso cuco

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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7 de agosto de 2016  

Una de las más disparatadas obsesiones del kirchnerismo residual es insistir empecinadamente con la alocada idea de asociar al actual gobierno de Cambiemos con la dictadura militar que sobrevino tras la caída de Juan Domingo Perón, en 1955.

Dirigentes de todo pelaje del Frente para la Victoria buscan que la continua reiteración de esa teoría termine convertida en una verdad inapelable. La empresa es tan ambiciosa que hasta pusieron esa versión nada menos que en la boca del Papa.

Hebe de Bonafini -que con su rebeldía a declarar ante la Justicia por la causa Sueños Compartidos concitó una gran atención mediática en estos días-, en su visita al Vaticano, en mayo último, para pedirle disculpas a Francisco por los múltiples insultos que le profirió cuando todavía estaba entre nosotros como arzobispo de Buenos Aires, aseveró que Francisco le había dicho que la situación actual lo hacía acordar a 1955.

Eso enfureció a los votantes más ultras del presidente Mauricio Macri contra el pontífice y hasta encendió la verba y la pluma de destacados comentaristas.

Pero ello no sucedió: Jorge Bergoglio se limitó a escuchar esa asociación con aquel sombrío año de boca de la titular de Madres de Plaza de Mayo sin hacerla suya. Cuando las agencias de noticias, los medios de comunicación y las redes sociales empezaron a reproducir la información, se fue perdiendo la primera parte (lo que Hebe decía que había dicho el Papa), para saltar directamente a la segunda (la supuesta afirmación de Francisco acerca de que los tiempos actuales se parecen a los de 1955).

Bonafini no era la primera dirigente que se tomaba la licencia de poner en los labios del Papa algo que aparentemente nunca dijo. Ya lo habían hecho otros de menor relieve, sólo que el impacto viral lo consiguió Bonafini. Y quedará para siempre para los que googleen ese episodio, aunque no exista ningún registro audiovisual del Papa diciendo tal cosa.

En los últimos días, el que se sumó al mencionado sonsonete es el ex juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni. Como Guillermo Moreno, que indirectamente ponderó a Jorge Rafael Videla en comparación con Macri porque durante su dictadura no hubo, según sus dichos, el hambre que habría ahora, Zaffaroni también distinguió a José Alfredo Martínez de Hoz para denostar a Macri como un improvisado en materia económica.

No llama la atención que a Zaffaroni se le escape algún agradecimiento involuntario hacia la última dictadura militar: durante ese régimen, cuando tenía 37 años, fue puesto al frente del Juzgado Nacional en lo Criminal de Sentencia de la Capital Federal. El adalid del garantismo acaba de opinar que las causas contra Cristina Kirchner son parte de "un revanchismo que recuerda al año 1955".

El gobierno de facto que asumió entonces armó por fuera de la Justicia comisiones especiales que buscaban inculpar a Perón y a sus principales colaboradores de distintos actos de corrupción. Desde el exilio el ex presidente, en declaraciones a la prensa, dijo: "¿Por qué, en vez de lanzar tanta infamia, no dan a la Justicia estas investigaciones? ¿Qué valor puede tener lo que se investiga fuera de la órbita de los jueces naturales, cuando la Constitución lo prohíbe expresamente?"

Pues bien, Cristina Kirchner no es convocada a los tribunales por el menguante liderazgo de su propia iglesia cristikirchnerista sino porque aparece implicada en cinco graves causas bien concretas -venta de dólar futuro, Hotesur, Los Sauces, la ruta del dinero K y asociación ilícita - que empuja la Justicia Federal con todas las garantías de defensa que asiste a cualquier imputado o procesado en un Estado de derecho.

Ninguno de los jueces que llevan adelante esos expedientes fueron nombrados por el gobierno actual, algunos accedieron a sus puestos cuando la acusada gobernaba y otros incluso arribaron a la magistratura mucho antes, en gobiernos anteriores.

Flaco favor le hace el kirchnerismo póstumo a los peronistas que verdaderamente sufrieron antes del golpe de 1955 un bombardeo salvaje sobre Plaza de Mayo que segó la vida de cientos de personas sin distinción de banderías. Después del derrocamiento de Perón padecieron exilios, torturas, asesinatos y fusilamientos civiles y militares que simpatizaban con el orden anterior.

Comparar la situación actual con aquellos tiempos es banalizar lo que en su momento fue tragedia y hoy es, apenas, burda comedia o sainete de trazo grueso. Desnuda de manera atroz como para algunos los derechos humanos son una mera herramienta utilitaria para sus fines desestabilizantes y proselitistas.

La Revolución Libertadora dictó el decreto 4161 que prohibía nombrar a Perón y a cualquiera de sus derivados. Nada más alejado de lo que hoy sucede: todos los medios se hacen eco de cada movimiento y dichos de Cristina Kirchner. El jueves último la TV entró en una virtual cadena de varias horas para mostrar el amotinamiento de Hebe de Bonafini contra la Justicia. Y el Centro Cultural Kirchner se sigue llamando así.

Asociar 2016 con 1955 es burdo e impertinente: se aprovecha de la ignorancia de las nuevas generaciones, pero lo peor es que mancilla la memoria de quienes padecieron esas reales e incomparables desdichas.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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